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miércoles, 9 de marzo de 2011

Vista de Lince 125

Seraqueísmo:
Es una forma de que galicado supermegafastidioso, es parte de la contaminación bogotana que sale por los parlantes de la televisión en forma de telenovelas, realities y demás.
Cada vez que veo estas barbaridades en El Colombiano me prgunto: «¿Por qué mataron a Betty, si era tan buena muchacha?
Hoy llegó al Editorial que debería ser el Sancta Sanctorum de la pureza idiomática. ¡Qué pesar!
Siempre sobra. Veamos :
¿No quedarán Justos?
¿Será el de los magistrados el único carrusel seguro en Colombia?
¿No entenderá?
¿Qué qurrán?

¿Les pedirán eso los canales para adquirir más audiencia?
¿Será nuestra vida nacer, morir y volver a nacer en otro universo?

domingo, 6 de marzo de 2011

miércoles, 23 de febrero de 2011

Vista de lince 124


¡Qué tonto apóstrofo!


No tengo ni las más mínima idea de donde pudo haber salido el apóstrofo de la apócope pa de la preposición para. Ahí de memoria voy a mentar unas cuatro o cinco apócopes y ustedes piensen cuántas veces las han visto con apóstrofo: tan de tanto, algún de alguno, san de santo, un de uno. ¿Por qué, entonces hay que ponerle apóstrofo a la apócope pa? Si a este humilde servidor no le creen abran el nuevo libro de Ortografía de la lengua española en la página 434.

¿Al fin con mayúscula o sin mayúscula?





En un mismo artículo hay desacuerdo en la mayúscula de la palabra cerro: no va mayúscula.pues la palabra genérica no es parte del nombre propio.

Una amalgama horrible

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¿En dónde vamos a poner en el Diccionario las palabras que empiecen por un guarismo?

Otros diarios no cometen ese pecado.

No hay prubas de que la asensorista hubiese sido una criminal como asegura el redactor de esta nota al decir que en 1968 ocurrió el crimen de la joven ascensorista. El crimen no fue de la jovenascensorista, sino de un celador de apellido posada al que le decían Posadita (con mayúscula). El crimen no es de la víctima, sino del victimario.




Nota: Esta Vista de lince no se ha terminado, la pongo para que la vayan mirando, ya que he estado tan lento con estas columnas. Vuelvan que habrá más fotos que voy a poner antes de que se me vinagren

jueves, 17 de febrero de 2011

Vista de lince 123


Y de las matemáticas ¿qué?

Varias veces he visto circular en internet un correo en el que se hace la diferencia de enseñanza y de evaluación de las matemáticas de primaria desde la década del 50 del siglo pasado hasta nuestros días. Es verdaderamente preocupante porque encontrar personas «tapadas» para las matemáticas ya no es sólo culpa del individuo, sino también del enseñanza que ha recibido.
Hace algunos días leí en alguna parte una anécdota matemática que voy a referir, con el ánimo de recibir anécdotas semejantes a ésta y a otras dos que contaré, y coleccionarlas aquí para que los maestros de primaria se pellizquen y digan: «¿Qué nos pasa?».
Mi olvidado protagonista había entrado a un almacén de cadena (llamados a sí porque lo encadenan a uno con esos cuentos dizque de menores precios o de darle no sé cuántos puntos, convertibles en mercancías, etc.). Nuestro hombre recogió algunas cosas de poca monta que necesitaba en la casa. Le tocó el turno de la registradora y la empleada, después de pasar cada artículo por la lectora de barras, le anunció que debía pagar $15.700 (pesos colombianos). El comprador le entregó un billete de $20.000 y siguió buscando dinero en sus bolsillos hasta que de alguno sacó $700 en monedas que los entregó a la dependiente y le dijo:
–Para que me devuelva un billete de $5.000.
La joven cajera palideció como si le hubieran hecho la propuesta más
indecente de su vida y atinó a decir:
–Pero aquí dice que debo entregarle $4.300.
–Por eso le entrego $700 para que pueda devolverme $5.000.
–Mientras el comprador trataba de explicarle, ella más se angustiaba como si la estuvieran atracando.
Su cerebro como que no pudo con esa sobrecarga y llamó al supervisor:
–Mire, aquí dice que debo darle $4.300 y él me dice que son $5.000
El supervisor miró al cliente como preguntándole la razón de su exigencia.
El comprador explicó que la cuenta era de $15.700 y él había entregado un billete de $20.000 y $700 en monedas. La dependiente asintió que eso había recibido. El supervisor, muy pacientemente, le hizo borrar la transacción y repetirla. La suma dio, como antes, 15.700.
–Ahora ingrese que entregó $20.700
Así lo hizo y una sonrisa dibujó en el rostro cuando leyó que debía entregar $5.000.
A esta joven le habría economizado este mal momento un buen profesor de Matemáticas durante la educación básica primaria.
Esta anécdota, parece inverosímil, pero lo es más la última que contaré. Ahora voy a contar Una suma selectiva:
Eran finales de 1983. Nos encontrábamos varios trabajadores de Empresas Departamentales de Antioquia (hoy Edatel) departiendo en una cafetería cerca de la central telefónica en el municipio de La Ceja, Antioquia.
Entró al lugar un niño de unos ocho años, se acercó a nuestra mesa y nos pidió limosna.
–Y vos, ¿por qué estás pidiendo limosna en vez de estar en la escuela estudiando? –preguntó alguno de nosotros,
–Porque somos muy pobres y mi papá no me ha podido dar escuela –fue su respuesta.
–Te vas a quedar bruto –arguyó otro de nosotros.
–Pues sí. Yo, por ejemplo, no sé leer, no sé sumar, no sé restar, pero mis amiguitos sí –nos dijo entre sollozos, mientras algunos tuvimos que sacar pañuelo para acompañarlo en su dolor.
Alguno de nosotros le tendió una trampa a ver si caía en ella:
–¿Cuántos son cuatro más cinco?
–No, yo no sé sumar –se sostuvo el cachifo.
–Si tenés cuatro naranjas y te regalan otras cinco naranjas ¿con cuantas naranjas quedás?
–No, yo no sé sumar.
Ya con ese examen pues abrió nuestros sentimentales corazones y empezamos a darle dinero.
Alguien le extendió una moneda de peso y él niño dijo:
–Uno
–otro le dio una moneda de dos pesos y él dijo:
–Tres
Después la de cinco, y él dijo:
–Ocho
Y así hasta que iba en 17 pesos.
Alguien le cogió las monedas de la mano y extendió sobre la mesa varias combinaciones de monedas y el muchacho decía el valor exacto de cada combinación, pero si cambiábamos los pesos por vacas, caballos, aviones, carros o lo que fuera su respuesta era.
–No, yo no sé sumar.
–Empezando a sospechar que estábamos ante un hábil estafadorcito, le devolvimos las monedas de nuestra bondad y lo dejamos ir.
El niño siguió hasta el fondo del local donde había varias mesas destinadas al juego de cartas entre adultos. El muchacho llegó hasta uno de los adultos de una de las mesas y le entregó las monedas que había conseguido con nosotros. El tahúr las puso en su montón y siguió jugando mientras el niño salía del local. Al pasar por donde estábamos sus bienhechores, que ya presentíamos las orejas de burro que nos habían puesto, le preguntamos:
–Vení, pendejito, y decinos por qué le entregaste la plata a ese señor.
–Porque es mi papá...
–¿Y te manda a conseguir plata pa él jugar? Largate que no te vamos a volver a dar plata nunca más. Y así lo hicimos.
Por último, la prometida:
Era el año de 2006, un día en las horas de la noche me encontraba en un café internet del barrio Fátima en Medellín. A las 9:40 p. m. salió el penúltimo cliente y la joven administradora (unos 20 años) me recordó que el horario era hasta las 10:00 p. m. Le dije que perdiera cuidado que a esa hora le entregaría. Como estaba yo de último, ella aprovechó para ir arreglando el local y dejarlo organizado para el siguiente día. Yo también fui cerrando lo que ya no necesitaba y cuando el reloj del local rayó las 10:00 p. m. me levante del asiento, dejé la pantalla limpia para que ella apagara y le pregunté cuánto debía.
–Dos mil pesos, me dijo.
Saqué un billete de $10.000 y me excusé por no tener dinero más sencillo.
Encima del escritorio tenía el bolso de sus pertenecías, de él sacó un llavero, eligió una llave y abrió un cajón del escritorio. Yo pensé que del cajón extraería el dinero para devolver. No. Sacó una calculadora manual, tecleó «10.000 – 2.000», miró el resultado, guardó la calculadora en el cajón que cerró con llave y guardó la llave en su bolso. Sacó del mismo bolso unos billetes de baja denominación, contó los ocho mil pesos y me los entregó. Yo todavía no salgo de mi asombro.



sábado, 5 de febrero de 2011

Vista de lince 122

La preposición
Uno se entera de algo, por lo que a la frase señalada le falta la preposición de: Ni se entera del porqué.


La hache
¡Huy!, David. Se te cayó la hache de la interjección huy mientras hacías tu deporte extremo.

El anglicismo
Bluyín y «bluyines son palabras aprobadas por la Real Academia Espsñola y apareceránn en el Diccionario, edición XXIII. A  los comerciantes no se les ha podido quitar la manía de decir jeans o blue jeans. Según la definición del Diccionario, no tienen que ser azules. Puedo adquirir bluyines negros, blancos o del color que me gusten. No deben usarse «yin» ni «yines». con ese significado.



La Morfología
Vean pues, ¿de dónde aparecería la manía de palabras compuestas de cifras y letras?, pongan cuidado y verán que se pone de moda en menos de lo que canta un gallo porque para lo malo sí están listos. Debe ser calle 4 sur, o mejor, calle cuarta sur.


La puntuación y la expresión
Ojo pues, hay cinco errores: el primero en orden de aparición es la innecesaria presencia del adverbio afirmativo. Luego vienen los dos pontos después de la palabra mejor porque lo que sigue a ella es consecuencia de lo que se acaba de enunciar, Sigue la expresión incorrecta entre más. Se debe decir cuanto más: cuanto más pequeño, mejor; la coma, cuya ausencia constituye el cuarto error, reemplaza el verbo ser. Por último, el punto final debe quedar por fuera de las comillas de cierre: "Si nos dicen que el tamaño nos importa, tienen razón: cuánto más pequeño, mejor". 


La tilde
El perro parece mirar en lontananza a quien se atrevió a llevarse la tilde de la palabra médico.

La tildes y las abreviaturas
A este Ramírez como que le estorban las tildes, ni la de su apellido mandó poner en el aviso. En orden de ausencia: Metálicas, Ralámpago, Ramírez  y Eléctrica, 
Las aberviaturas son palabras y deben estar separadas del signo que les sigue mediante un espació así:
Cra. 41 n.° 35-26
Observen, además que la abreviatura de número no es No., sino n.°. 


La tilde y la puntuación
Lo que saboreó el fabricante de este aviso fue la tilde del qué exclamtivo y el signo de apertura de exclamación:
¡Qué Sabor!


La Semántica
Son 19 años de lucha infructuos contra este error. Qué bueno sería si a los comunicadores les enseñaran a comparar las definiciones de las palabras versión y edición. La segunda, según la acepción séptima  es la que se usa para denominar un evento  que se repite en el tiempo con periodicidad o sin ella.


La expresión y la mayúscula
Se había demorado mucho la errónea expresión «A futuro» en llegar al periodismo. Procedente del sector educativo, cuyos miembros la mantienen a flor de labios, llegó de la mano (o de la boca) de un periodista que está ejerciendo de alcalde de la segunda ciudad del país. De seguro que se uqeda (la expresión en el periodismo) La preposición que se usa para denotar el tiempo en que se ejecuta una acción es la preposición en: En el futuro.
Otro error nuevo, cuya novedad consite en que antes no era error, pero ahora sí por orden de la Ortografía de la Lengua española, 2010, que entró en vigencia en enero de 2011. Antes se consideraba que la palabra alclde de esta cita reemplazaba el nombre propio del funcionario y podía (no era obligación) ir con mayúscula. Ahora la obligación es que vaya siempre con minúscula; pero puede ir con mayúscula en documentos oficiales o en cartas al funcionario en el que se le muestra respeto; pero aún ese permiso la Real Academia prefiere que se acabe esa costumbre y se pongan siempre en minúscula los nombres de los cargos.


La desinformación
Dice el segundo párrafo de la foto, que las rutas alimentadoras del metro en Envigado no han tenidos aumento. ¿Que no? Desde el 2 de enero tenemos un alza de 50 pesos; pero todo parece indicar que nos falta otra. Amanecerá y veremos.


El artículo y la mayúscula
(Si se les dificulta la lectura de lo subrayado, hagn clic en la foto y aparece más grande).
Desde junio de 1999, cuando salió la Ortografía de la lengua española, 199, hemos enseñado que el artículo que acompaña un apodo no pertenece al apodo y va con minúscula, mientras el apodo va con mayúscula. Se debe scribir, entonces, Juan Carlos el "Tuso" Sierra

 

domingo, 2 de enero de 2011

Vista de lince 121

Una noche decembrina salí de compras. Al entrar al metro me topé con este aviso:
El diseñador tuvo una idea genial: el metro no tiene semáforos que lo dentengan, por lo que en la ruta no se encontrarán.


Eso cree, pero sin semáforos en rojo el metro no se detedría en las estaciones.


Ausencia de tildes 1
Al lógoitipo de esta empresa de transporte le faltan tres tildes: en Gómez, en Hernández y en público.

Ausencia de tildes 2
En una almacén de ropa masculina no le ponen tilde al pronombre qué  interrogativo. Éste no pertenece a la pregunta principal, sino a una pregunta indirecta: No saber qué regalar.


Ausencia de tildes 3
Y en el mes que más se menciona a San Nicolás de Bari (Santa Claus), encontré un edificio en el que le niegan su merecida tilde.


El artículo indefinido
Escribir el artículo indefinido un con el guarismo 1 es parte de mala educación: «Compra un bluyín (mejor que el angicismo jean) y llévate, por sólo $9.9000, un bolso Denim. (las comas incidentales son necesarias)».



Y éste, en un paradero de buses que van hacia Envigado, me djó como pensativo, querer reemplazar a Dios con semejante desconocimiento de la puntuación suena a blasfemia contra su Sabiduría infinita.
Encuentro en el capítulo 20 del libro del Exodo del versículo 13 al 17.
«13 No matarás.
»14 No cometerás adulterio.
»15 No robarás.
»16 No darás falso testimonio contra tu prójimo.
»17 No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca».
Si leemos con atención nos daremos cuenta de que no hay coma después del adverbio no en ninguna de las órdenes que nos da el Señor.
Con las comas es como si yo le hiciera preguntas al Señor y Él me respodiera en contrario a como están las órdenes del Éxodo:
–Señor, ¿debo ser veraz? –No, mentirás.
–Señor, ¿debo ser fiel? –No, serás infiel
–Señor, ¿debo conducir sobrio? –No, conducirás ebrio
Lo que no entiendo de ese no es la coma. 

sábado, 11 de diciembre de 2010

Vista de lince 120

Navidad


¿De dónde le sale la tilde a Noel? Toda la vida he comido galletas Noel sin tildes. ¿Me habrán engañado?
¿Desde cuándo jubilaron o destituyeron al Niño Jesús en su fatigosa labor de repartir los regalos a los niños? A mis hermanos y a mí nos traía el Niño Jesús, muy cumplido. Cuando estábamos saliendo para la Misa de Gallo a las doce de la noche a nuestra madre se le ocurría devolverse porque dejó una olla en el fogón o porque la chalina que llevaba puesta no era la que ella quería lucir esa noche o cualquier otra disculpa. Nuestro padre se quedaba en la puerta con nosotros para asegurarse de que no entráramos al lugar con disculpas similares. Sorteada la dificultad materna salíamos contentísimos parta la iglesia.
De regreso entrábamos corriendo para encontrar los traídos debajo de la almohada y si era muy grande, una bicicleta por ejemplo, quedaba al lado de la cama. De razón nuestra madre se demoraba tanto apagando el fogón o buscando la chalina, pero no percibíamos malicia en eso. Los niños de antaño éramos muy ingenuos.
Nunca necesitábamos escribirle cartas al Niño, con sólo contarles a nuestros padres nuestros deseos quedaba enterado. Nuestros padres eran los encargados de orientar nuestros gustos para no hacerle cargos onerosos al Niño. Esa creencia duraba hasta los doce o catorce años, edad en la que la ingenuidad se iba esfumando de nuestra conciencia. Pero, ah rico que pasábamos. A los niños de hoy los agringaron con esos trineos, renos viejos noeles y árboles de Navidad.

Sin comentarios



jueves, 9 de diciembre de 2010

Vista de lince 119

No hay mayúsculas intermedias en nuestro idioma
Vamos a tratar sobre dos correcciones muy frecuentes: la partícula ex y el uso de mayúsculas.
Un poco de historia
Cuando reapareció la Gazapera bajo mi dirección en El Espectador, encontré que en ese diario se consideraba la partícula ex, que se antepone a los nombres de los títulos, de los cargos y de las dignidades para significar que determinada persona tuvo ese título o ejerció ese cargo o dignidad, pero no lo ejerce en el presente, como una preposición latina y así aparecía la vigésima edición del Diccionario de la lengua española (1984); por ser preposición se escribía separado del nombre respectivo: ex presidente, ex concejal, ex alumno. Participé de ese concepto y más cuando en 1992 la Real Academia le quitó el calificativo de latina a la preposición con lo que entró a engrosar la lista de preposiciones españolas.
Desde ese tiempo se escuchaban voces, como la del profesor Ciro Alfonso Lobo-Serna de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, que sostenían que esa partícula no podía ser preposición sino un prefijo preposicional, pues tenía el mismo oficio gramatical que los prefijos vice- y sub- en las palabras vicerrector, viceministro, subgerente, subteniente. Además la Real Academia hacía aparecer la palabra excombatiente, y aún aparece, con el mismo significado de ex combatiente. Comprendo la lógica de la teoría del doctor Ciro Alfonso, pero por disciplina y por costumbre he usado la forma preposicional, ex presidente.
Cuatro años después de llegar a El Espectador con la Gazapera, llegué a El Colombiano con la Vista de lince, allí encontré el uso de prefijo, pero poco a poco fue entrando la forma preposicional de tal manera que se puede decir que han convivido el ex ministro con el exministro, el excombatiente con el ex combatiente y todos los demás exes en forma proposicional con las correspondientes formas de prefijos. He sido respetuoso de esa convivencia por considerar lógica la teoría del doctor Ciro Alfonso y por mi teoría de la jurisprudencia gramatical: “Lo que es bueno a una palabra sigue siendo bueno a todas las demás que se le parezcan”.
Aunque la Real Academia sigue manteniendo el excombatiente en su nómina, fue visto por algunos de nosotros como causa de un interés extremo para mantener esa partícula ex separada de la palabra el haberla catalogado en la última edición del Diccionario, la XXII (2001), como adjetivo (¿?). ¡Qué despelote! Si fuera adjetivo tendríamos que decir un ex presidente, varios exes presidentes. No veo razón lógica para que un adjetivo calificativo no tenga plural. No me adherí a la idea del adjetivo: sigo con la idea preposicional.
Cuando hace un mes y pico se suscitó la alharaca periodística acerca de que la Ortografía la echarían a la sartén, irían a revolver y sacarían una nueva. Uno de los cambios vislumbrados sería el reconocimiento de la lucha de Ciro Alfonso y compañeros pues convertirían la partícula en prefijo y a los preposicionistas y a los adjetivistas nos volverían ropa de trabajo. La reunión de reforma ya fue (28 de noviembre pasado) y ha logrado trascender a la opinión que de los cambios esperados, como que ni la pasta del libro.
No hago cábalas mientras no vea el texto reformado, pero en este punto, a lo máximo, creo que saldrá la convivencia pacífica que siempre ha existido. Si me equivoco y la orden de pasarnos a prefijo viene taxativa, no será para que mis detractores me hagan brujos: obediente como perrito regañado con la cola entre las patas me pasaré para el equipo de don Ciro Alfonso. El día de la quema se verá el humo.
A todas esas, he notado que el principal periódico de mi ciudad corrió a reforzarse en la forma de prefijo como antaño al conocer los rumores de cambio de que hable. Eso está muy bien, reitero que acepto los exministros, los expresidentes, los exconcejales. Pero lo que no puedo aceptar es lo que está pasando con altos cargos:








En español no existen las mayúsculas intermedias; veamos los numerales 4.31 y 6.9 del Diccionario panhispánico de dudas en su entrada mayúsculas:
«4.31. Los títulos, cargos y nombres de dignidad, como rey, papa, duque, presidente, ministro, etc., que normalmente se escriben con minúscula, pueden aparecer en determinados casos escritos con mayúscula. Así, es frecuente, aunque no obligatorio, que estas palabras se escriban con mayúscula cuando se emplean referidas a una persona concreta, sin mención expresa de su nombre propio».
6.9. «Los títulos, cargos y nombres de dignidad como rey, papa, duque, presidente, ministro, etc., se escriben con minúscula cuando aparecen acompañados del nombre propio de la persona que los posee, o del lugar o ámbito al que corresponden».
1.° la palabra expresidente de por sí es un título. No lo es sólo el componente presidente. Si alguien considera necesario ponerle mayúscula, se la debe poner a la palabra Expresidente. No hay Mayúsculas intermedias.
2.° En todas las fotos mostradas está el nombre del expresidente, si está ese nombre, el título no reemplaza el nombre propio del exmandatario (4.31) y además va acompañado del nombre del exfuncionario (6.9) por cada una de esas razones la palabra expresidente no lleva mayúscula.
En estas dos fotos van bien:




Otro bodrio




Además de la mayúscula intermedia la partícula ex se antepone (en cualquiera de las dos formas explicadas) a nombres de títulos, cargos y dignidades. Aplicárselo a organizaciones o a empresas para referirse a alguien que perteneció a una de ellas es coloquial no aprobado.
Cerremos por hoy con un eufemismo
Miremos las definiciones de anciano y de viejo.
Ninguna de las dos tiene un sentido despectivo para ser nombrados con alguna de ellas los que hayan llegado a los 70 años para la segunda o los que tenmos mucha edad, para la primera. Me di cuenta de que tenía mucha edad cuando un joven, al parecer universitario, se levantó del asiento en el metro y me cedió el puesto, eso ocurrió hace unos cuatro años cuando hacía poco había cumplido los 60 años. Confieso que vacilé en aceptarle el puesto, no me sentía impedido para hacer el viaje de pie como muchas veces lo he hecho. Aceptar aquel puesto era aceptar haber llegado a la ancianidad: lo acepte y no regañé al muchacho por insolente ni empecé a decir que yo era un adulto mayor o un miembro de la tercera edad, como tratan de disfrazar esa condición natural de llegar a la ancianidad. Mis canas fueron elocuentes para aquel joven que me abrió la puerta.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Vista de lince 118

Lo que pasa cuando el titulador y el redactor son personas diferentes
Ante todo, al igual que todos los habitantes del valle del Porce (Valle de Aburrá), me siento orgulloso de los 15 años de nuestro metro. Para los dirigentes de tan magna obra: para los que la construyeron y para los que la operan, mantienen y expanden una humilde voz de apoyo desde esta tribuna de don Abel.
Mi alegría y mi satisfacción no obnubilan mi vista de lince para detectar lo que se pudo evitar previamente. Uno de los artículos de una separata del primer diario de mi ciudad pretendía exaltar la labor de los dirigentes durante  estos quince años:
Esto dijo la periodista:


Eso es cierto.
Esto dijo el titulador o, mejor, esto le hizo decir al gerente del metro:



Eso es falso
¿Qué dijo la periodista?
La periodista dijo que el metro de Medellín es el único metro del país. Eso es cierto.
¿Qué entiende la gente que dijo el gerente?, que no lo dijo, se lo hicieron decir.
La gente entiende que el gerente dijo que el metro de Medellín es el único sistema de transporte masivo del país. Eso es falso.
Después, rasgadura de vestiduras diciendo que el resto del país no nos quieren a los paisas. Pues claro, haciendo decir semejantes barbaridades a nuestros dirigentes. Se supone aquí que el gerente de nuestro metro desconoce la labor de Transmilenio de Bogotá, Megabús de Pereira, MIO de Cali, Metrolínea de  Bucaramanga y Transmetro de Barranquilla, sitemas de transporte masivo en operación que no son metros, pero sí sistemas de transporte masivo y muy buenos (conozco los dos primeros). También "ignora" el gerente los sitemas Metroplús de Medellín, Transcaribe de Cartagena, y Metrobús de Cúcuta, que están en diferentes etapas de proyecto y ejecución de obras.
Les dejo un enlace para ilustración de lo dicho:
Los datos
Tuve que reflexionar bastante acerca de dos de los datos (que no cifras) que encuentro en este cuadro: el primero de la columna izquierda y el tercero de la derecha.


No daba con el significado de "tiquetes" del primero contra el de "pasajeros" del segundo, hasta cuando me di cuenta de que el número de pasajeros era la mitad del de tiquetes; bueno, casi, porque hubo que ajustar con medio pasajero hipotético para que no quedara una pasajero partido por la mitad.
Ahí fue donde la puerca torció el rabo, comprendí que el autor del cuadro supuso que los pasajeros de ida eran los mismos de venida y no hay tal. Puedo llenar esta entrada de circunstancias por las que las que un pasajero no consuma exactamente dos tiquetes al día. Puede ser uno porque se fue y no volvió o se regresó en otro medio de transporte. Pueden ser muchos porque durante el día utilizó muchas veces el servicio y terminaron contando un pasajero por cada dos veces que usó el sistema. Para muchos, me incluyo, el metro es una de nuestras herramientas de trabajo. Considero que la medida importante es tiquetes y no pasajeros.