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jueves, 18 de junio de 2009

Cuenticos griegos 4

Perseo y Atlas

Entre Zeus y Perseo
fregaron al titán Atlas:
el uno le montó el cielo,
el otro lo hizo montañas.
Contado a lo paisa por Carloa Augusto Cadavid Arango para la versión infantil de los miembros de Consulforo

Pues le metí averiguática a eso de que qué tenía que ver Perseo con unas montañas, y es hasta interesante la cosa…

Resulta que los griegos eran unos marineros muy tesos que se recorrían todo el mar Mediterráneo, y cuando al principio se arriesgaron a ir bien lejos de Egipto, por allá por el occidente, por una parte de la Libia que llamaban Mauritania, desde el mar vieron unas montañas grandísimas, muy altas, que se perdían entre las nubes, como sosteniendo el cielo, y pa ellos, si sostenían el cielo, ¡ese tenía que ser Atlas! Decían que esas montañas eran las más grandes del mundo… si, imagínesen, decían que eran más altas que el Olimpo y el Otris, donde vivían los dioses, qué les parece… Claro, Pachito, los montes Atlas…, si,… quedan en África, entre el mar Mediterráneo, el océano Atlántico y el desierto del Sahara, pero los griegos no conocían ese nombre; pa ellos al sur de Grecia no había sino Egipto y Libia… ¿África? Pues ese nombre lo empezaron a usar los romanos… ¿Qué Perseo qué pitos toca? Pues ya van a ver.

Atlas, o Atlante, era un titán que había dirigido a los otros titanes que se pusieron de arte de Cronos, el dios titán que gobernaba en el Olimpo… No, Manuelita, Atlanta no tiene nada que ver aquí, ese es otro cuento... Pues les decía que Cronos gobernaba en el Olimpo, pero como era un maluco del carajo, su hijo Zeus lo quería tumbar, de manera que armaron una garrotera de todos los… de todos los dioses, una pelotera la macha, una guerra civil en el Olimpo, pues… Si, Jorgito, todos ellos eran de la misma familia… mucha alcurnia, sangre de dioses…, si, de mucha sangre azul, como dice su abuelita… Al principio iban ganando los titanes que estaban a favor de Cronos, pero Zeus se las arregló pa ganar y quedase él reinando en el Olimpo… No, Abelito, no hay titanas, las hembras se llamaban titánides o titánidas… ¿Qué de dónde vinieron quiénes? ¿Qué Zeus qué?..., No, ya les dije que despacio, dejemos algo pa después.

Cuando vio que había ganado, Zeus agarró a su papá y a los titanes que no estaba con él, que eran sus primos o sus tíos, y los mandó a todos pal Tártaro, bien hondo y bien lejos, ¡imagínesen, debajo del Hades, ¡la tierra de los muertos!, pa que no volvieran a molestar… Bueno, pero al jefe, que era su primo Atlas, decidió ponele un castigo especial, así que lo mandó por allá al otro lao del mundo, bien al occidente, y lo condenó a que sostuviera la bóveda del cielo en las espaldas, aunque Homero dice que lo que tenía que hacer era cargar en los hombros los pilares que sostenían el cielo. De todas maneras estaba fregao, y dicen que el pobre a veces pujaba y se quejaba… ¿Si, Horacito?..., si, Atlas si tuvo hijos, mejor dicho, un montón de hijas, pero me parece que eso fue antes de esto, porque si no, ¿cómo, pues…? Ve, el se había casao con una ninfa llamada Pléione o Pléyone, y con ella tuvo a las siete Híades y a las siete Pléyades, que eran lindísimas y todos los dioses se pasaban echándoles los perros; cómo sería que cuando murieron, Zeus las fue poniendo en el cielo y Orión todavía está persiguiéndolas por allá. Homero también dice que la ninfa Calipso era hija de Atlas, pero no dice quien era la mamá, y hay quien dice que las Hespérides también eran hijas suyas, pero con ellas si hay un enredo terrible.



Y ahora sí viene Perseo. ¿Ustedes recuerdan que él salió a buscar a Medusa en un reino muy lejano y tuvo que preguntar dónde era? Pues eso era tan lejos que un poeta romano llamado Ovidio dice que Perseo vio “tres veces a las Osas del cielo, y tres veces vio los brazos de Cáncer”, como quien dice, a las estrellas por las que se guiaban pa poder viajar… Yo creo que Perseo estuvo por aquí por el Nuevo Mundo, porque por aquí si hay mucha culebra… ¿Ustedes se imaginan a Medusa asociada con las FARC, ah? Mejor seguimos.

Después dese vuelo tan largo, Perseo se sintió cansao y vio un palacio allá en el Jardín de las Hespérides, y se dijo pa ‘él solito: ¡Ese es mi dormidero desta noche!, así que tocó la puerta y cuando le abrieron, le dijo al mayordomo que quería hablar con el dueño de casa, que resultó ser Atlas, y se presentó como hijo de Zeus y de Dánae. El pobre Atlas ni lo dejó seguir hablando, se puso seriote, hasta grosero, y le dijo que no, que siguiera su camino, que allá no había nada pa él, pero lo que debió decile es que hacía tiempos la diosa Temis le había dicho que un hijo de Zeus le iba a hacer una marramucia, y claro, con ese trabajo que tenía, y ese cuento de quien era el papá de la visita, ai si se puso más esquivo todavía, y de paso se acordó que Hércules también lo había engañao… Pero todo esto no lo sabia Perseo, que trató de insistir, y Atlas se puso más grosero todavía, como si Perseo nunca hubiera hecho ninguna gracia, y claro, que le iba a gustar eso a Perseo, que ya estaba bien cansao, y ese otro fregándole la paciencia, entonces no se aguantó y con mucho cuidadito sacó del morral la cabeza de Medusa y se la mostró, pero Atlas no se convirtió ai mismo en estatua de piedra como los otros, no, el titán tenía que seguir cumpliendo con su tarea, ¡y empezó la función! Apenitas vio la cabeza, Atlas comenzó a crecer y a transformase en montaña: los brazos y las piernas se le volvieron como otras serranías pegadas al cuerpo, que era otra montaña que crecía más grande todavía, y crecía, y aparecieron colinitas, y barrancos y cañadas de toda clase, y la boca y las narices y los ojos se volvieron cuevas y lagunas, y su cabellera y su barba y demás pelos se convirtieron en bosques, mejor, se convirtieron en selvas tupidas que no dejaban pasar a los exploradores que después quisieron conocer las montañas, y su cabeza era una cumbre altísima en la que se asentaba todo el cielo, con todas sus estrellas y soles y ese montón de lamparitas que vemos allá cuando las noches son claras… Si, Lucecita, eso en Medellín ya se está poniendo difícil, pero en La Guajira son espetaculares, ¿no cierto, Jairito?… Bueno, después el siguió su carrera volando con las talarias y pasaron las cosas que ya les conté.

No, Vicentico, esa bola que él carga no es la tierra sino el cielo. Es que la bóveda terrestre la representaban con esa esfera, y cuando empezaron a hablar de que el mundo era redondo, pues parece que alguien se equivocó de pelota y empezaron a decir que el pobre cargaba era el mundo. Tan bobos, ¿y entonces ónde se iba a parar el pobre, cierto?... No, Jorgito, esas colecciones de mapas no se llaman atlas por el titán que les cuento; sino por otro Atlas que dicen fue rey de Mauritania, izque muy inteligente y muy versao en cosas de la magia y de los cielos; dicen también que fue el primero que presentó la bóveda celeste con forma de esfera, y entonces el que hizo los mapas se acordó y le dedicó la primera colección que armó.

Si, Atlas era importante en la antigüedá; él era el que relacionaba el cielo con la tierra y con los trabajos que en ella se tenían que hacer pa conseguir los alimentos y otras cosas, ¡y dígame pa los marineros!, era el que cargaba las estrellas que se necesitaban pa la navegación, y en fin, con un montón de cosas, hasta lo relacionaban con la parte más lejana del mundo… ¡Huy, me duele la espalda!... ¡Hasta luego, niños! ¡Vayan con cuidao!

miércoles, 15 de abril de 2009

Cuenticos griegos 3

Cuenticos griegos contados a lo paisa por Carlos Augusto Cadavid Arangoa ala versión imnfantil de los miembros de Consulforo.

Perseo y la profecía

Perseo tiró ese disco
con tan mala puntería
que así, sin querer queriendo,
se cumplió la profecía.

—Bueno, está bien, ya descubrí antes de tiempo quién era el asesino; dejen de criticar, y vamos a seguir con el cuento. ¿Se acuerdan que Perseo, Andrómeda y Dánae venían en barco? Pues llegaron al fin, todos cansaos después de muchos días de navegar… sí, sí, al reino de Argos… entonces, así, sin bañasen ni nada, se fueron a buscar al rey Acrisio, el papá de Dánae…

—¿Que qué, Juanito? A ver, Argos también son otros personajes de estos cuentos, pero también era un reino griego, y era un señor de aquí de Medellín, y ese sí que sabía bastantes cosas, se metió a contar cuenticos griegos antes que yo… si, buenísimos, se los pusieron en libro… No, mijito, yo no le he copiao nada… ¿Está claro?, ¿sigo?

—Cuando ellos llegaron a Argos, ya le habían llevado el chisme a Acrisio, porque en esos días también había gente más chismosa que gringo recién liberao, y el viejo lo primero que pensó fue: «¿Qué carajos me quedo haciendo aquí?, ¿pa que me mate ese pendejo?», y dicho y hecho, arregló sus alforjas y dijo que se iba a ver los juegos deportivos que estaban haciendo en Larisa, el reino vecino. ¡Ni por el diablo se iba a topar con ese nieto tan peligroso!

—Como a Perseo también le chismiaron que Acrisio se había ido pa Larisa, pues decidió ise a buscar a su abuelo, pa dejar claras las cosas, pero cuando llegó, ya la gente sabía de sus aventuras, así que lo invitaron a que participara en los juegos mientras aparecía su abuelo, y el dijo que sí, que le gustaba mucho el lanzamiento de disco, que lo pusieran en la lista, y entonces lo iscribieron. Cuando llegó el momento, se fue pal campo, agarró su disco, hizo sus vueltas y figuritas como si fuera el discóbolo de Mirón… ¿lo conocen? Si, empeloto, claro, porque los griegos se quedaban en púribus cuéribus cuando iban a los juegos, a hacer deporte, y hasta en la guerra… no, no, a las mujeres no las dejaban entrar a los juegos porque según ellos eso era cosa de machos, no porque les diera pena… ¡Felipito, qué cosas!... pero sí, tenés razón, esas cosas son pa las hembras, aunque los griegos clásicos no le paraban muchas bolas a eso… No, y lo pior es que esos del Mediterráneo siguen siendo machistas… ¡Caramba, ya me hicieron perder el hilo!

—Íbamos en que Perseo estaba preparándose pa tirar el disco…¡el disco, cállese!..., su cuerpo todo tenso, sus músculos listos como resorte, bien concentrao, tomó impulso, hizo un giro… y quién sabe qué bicho lo picó, y en dónde, lo cierto es que ese disco salió con toda su fuerza, pero pal lao que no era… ¡Imagínesen! Un disco de bronce, no un cedé, que podría pesar entre uno y cuatro kilos, lanzado bien fuerte, y que se va volando contra el público, y allá una persona recibió el golpazo en el pecho y ai mismito quedó… Adivinen quién… pues sí, Acrisio, que estaba confundido con la gente pa que no lo viera el nieto, pero nada le valió… una profecía es pa cumplise, porque si no sería puro cuento…

—Bueno, pues cuando pasó el barullo y se descubrió quién era el difunto, a Perseo le entró ese pesar, y su amá le decía que pa qué se preocupaba si ni siquiera lo conocía, y Andrómeda le decía que no fuera bobo, que eso había sido un acidente, que mejor se fueran pa Argos, que ese era su reino, pero no, el decía que cómo se les ocurría eso, que el no podía reinar allá después de haber matado a su abuelo, y más bien se habló con el rey de Larisa y le dijo que cambiaran reinos, y el otro, sabiendo que Argos era mucho mejor, ai mismito le dijo que sí, y cambiaron.
—Perseo se dedicó a organizar sus cosas y fundó la ciudad de Micenas, donde vivió mucho tiempo cuidando a su mamá Dánae y a Andrómeda, que le dio muchos hijos… bueno, eso de que “le dio” es un decir, porque trabajaron juntos. Era una región al norte de Atenas, llamada Argólida, que junto con Argos y Tirinto fueron las mayores ciudades de por allá. Micenas era una verdadera fortaleza militar, rodeada de murallas de piedras tan grandotas que decían que solamente los cíclopes podían haber hecho algo así; era rica en oro y con suelos buenísimo pa la agricultura; sus condiciones ambientales eran de las mejores y tenía una fuente que les daba agua todo el tiempo y que llamaban “La fuente de Perseo”. A sus hijos y a toda su descendencia los llamaron los perseidas, y gobernaron la ciudad por muchos años, hasta que llegó Euristeo, ese que le puso los trabajos a Hércules… Si, Jorgito, fue uno de los mayores centros de la civilización griega, a la gente de allá los llamaban aqueos; Agamenón, el de la guerra de Troya era rey de allá…
—Qué, ¿les gustaron las aventuras de Perseo? ¿Cómo?... Si, Manuelita, parece que el día de la madre lo creó Perseo… y no sea malpensada, que es eso: Mirón no era uno que se fue a ver gente en pelota, era un escultor llamado Mirón o Miró de Eleuteras, que hizo esa escultura tan famosa… ¿Argos, otra vez, Juanito?, esperá, vamos despacio… A ver, a ver, Perseo y unas montañas…, montañas… no, no doy; voy a metele averiguática al asunto y después les cuento…

viernes, 20 de marzo de 2009

Cuenticos griegos 3

Perseo y Andrómeda



Contado a lo paisa por Carlos Augusto Cadavid Arango, nuevamente a la versión infantilde los miembros de Consulforo.


—Vea pues, estos muchachos llegaron primero que yo. ¡Ah, pues! ¿quieren versito, y Perico y el Rosco no enviaron nada? Vea, que yo también sé hacer poesía pedestre:

Desde arriba Perseo la vio
a una piedra amarrada,
esperando al monstruo Ceto
que seguro se la almorzaba
.

—Si, Malusita, por eso, es poesía hecha con las patas. A ver, no acosen, entonces Manuelita y Jorgito estuvieron averiguando… ¿qué? Más bien hablamos al final, voy a seguir contando. Bueno, entonces cuando Perseo iba volando por encima de la Filistia…

—Si, Manuelita, por allá al final del mar Mediterráneo, por Israel y El Líbano… decía que iba volando…

—Si, Jorgito, por allá se están rompiéndose el alma desde hace tiempos… pero si me vuelven a interrumpir no cuento nada.

—Decía que cuando Perseo iba volando miró pabajo y vio en la orilla del mar a una muchacha encadenada a una piedra grandota, le dio una vueltecita pero no hizo nada, no fuera que de pronto metiera la pata; eso sí, vio que era muy linda, así que se fue a averiguar por qué habían botado a esa muchachona que estaba en tan buenas condiciones, y se encontró que era la hija de Cefeo, que había acompañado a Jasón cuando se fue a buscar el vellocino, y de la reina de Yope, que se llamaba Casiopea. El problema fue que a esta señora, que también era muy linda, se le subieron los humos, se puso lo más de chicanera y se pegó a decir que ella y su hija eran más lindas que las Nereidas, las hijas de Poseidón, el dios del mar, y claro, las muchachas esas se enojaron y le contaron al taita, que también se embejucó y pa castigales ese orgullo tan pendejo les mandó un diluvio, y de ñapa envió al monstruo Ceto o Cetus, ¿o será monstrua?, porque era hembra…, bueno, lo cierto es que ese menco de animal arruinó las costas del país porque todo el mundo se fue muerto del miedo…

—Si, Hachito, como si fuera narcoguerrilla en Nariño; yo creo que allí empezó el problema de los desplazados, pero no había ACNUR. Sigo. Entonces, a los reyes no les quedó más remedio que isen a consultar un oráculo, y se fueron pal Oráculo de Amón, que les dijo que pa librarse de Ceto tenían que dale a la hija en sacrificio, y por eso fue Perseo se la encontró amarrada por allá.

—Sí, sí, déjemen un respirito, que ya sigo. Entonces Perseo, que estaba piense que te piense en la muchacha desde que la vio, se fue a hablar con los papás, que le dijeron que se podía casar con ella si mataba ese trolempo de bicho. Entonces él, que no se le arrugó a Medusa, menos se iba a encoger con Ceto, así que se fue a esperalo… a esperalo… y cuando vió que se iba a merendar a Andrómeda, ¡zuás!, se le fue en picada con la cabeza de Medusa en la mano, eso sí, mirandito pa otro lado, y la pobre Ceto se convirtió en piedra y se fue pal fondo del mar. Entonces volvió a guardar la cabeza de Medusa, con mucho cuidado pa que Andrómeda no la fuera a ver de frente, y luego ya si pudo desamarrar a la muchacha y la pudo mirar de cerquita, ¡y ni pa qué les digo la tragada que se acabó de pegar!

—Perseo se llevó volando a Andrómeda hasta el palacio de los papás, pero Casiopea no quería que se casara con ese piernipeludo que no tenía nada, así que decidió dale materile, y cuando Perseo se dio cuenta los convirtió a todos en piedra. Zeus, que estaba pistiándolos y lo vio todo, cogió a Cefeo y a Casiopea y los puso en el cielo, pa que todo el mundo viera a ese par de traicioneros; entonces Poseidón, pa burlase más de Casiopea, la puso de tal forma que en ciertas estaciones del año quedaba con la cabeza pabajo, y cerquita les pusieron a Ceto. Y Atenea, pa no quedase atrás, cuando murieron Perseo y Andrómeda, también los puso en el cielo pa que todos vieran a esos dos que se amaban tanto, y los puso cerca de Pegaso. Cerquita también hay una estrella que se llama Algol y que dicen que es la cabeza de Medusa.

—En fin, que con tantas cosas ya Perseo estaba preocupado por Dánae, y una tarde agarró a Pegaso y le dijo a Andrómeda: ¡Vámonos pa onde mi amá y allá nos casamos! Cuando llegaron a la isla de Sérifos nada que veían a Dánae, y se pusieron a buscala, hasta que la encontraron a ella y a Dictis escondidos en un templo, pues Dánae no quería casase con Polidectes y Dictis estaba protegiéndola. Entonces Perseo le dijo a su mamá que eso había que arreglalo y se fue al castillo, todo decentico y haciendo gala de su cachacura, pero nada, que cuando dijo que había matado a Medusa y llevaba la cabeza como se lo había prometido al rey, todos se rieron, empezando por el rey, y le decían que qué iba a poder hacer eso un pollo peletas como él, y lo atacaron. Entonces Perseo, que ya le habían sacao la piedra, cuando vio esa tracamanada que se le venía encima, sacó la cabeza del morral y se las puso al frente, y ai mismito todos se quedaron como estatuas malucas. Cuando el pueblo se dio cuenta se puso muy contento, porque Polidectes ya los tenía mamaos con sus arbitrariedades, y quiso que Perseo fuera el rey, pero él dijo que no le caminaba a eso, que ese trono era de Dictis, que había probado ser un señor muy bueno, decente y confiable, y después de ponele la corona, se fue de viaje pa regalale la cabeza de Medusa a Atenas y devolver todas las cosas mágicas que le habían prestado, porque el decía que apenas era un mortal y no tenía derecho a tener cosas de los dioses, y por eso todos los habitantes del Olimpo lo quisieron más.

—Una tarde estaba conversando con Dánae, y cuando creía que ya todo estaba resuelto, ella se acordó de su papá Acrisio, el rey de Argos, que se había portado tan mal con ellos y ella no entendía muy bien porqué, así que Perseo, que no conocía a su abuelo, le dijo que eso también había que resolvelo porque cómo se iban a quedar toda la vida con ese entripao, así que, como ya no tenían a Pegaso ni las talarias pa isen volando, agarraron sus morrales, se fueron pal puerto a comprar unos pasajes en barco y salieron pa Argos.

—Lo malo es que en ese tiempo los barcos se movían con el viento y con remos que manejaban esclavos o presos que llamaban galeotes. Los viajeros se acomodaron porai y los remeros… sí, los galeotes, empezaron a remar, y a remar, y a remar, y a remar…

—¡Me cansé! Después seguimos.

jueves, 29 de enero de 2009

Cuenticos griegos 2

Cuenticos griegos

Contados a lo paisa por Carlos A. Cadavid Arango. Esta vez a la versión infantil de algunos miembros de Consulforo

Perseo y Dánae

¡No hay primera sin segunda,
me dijo doña Facunda!
¡y no hay Medusa sin Perseo,
me dice don Eliseo!

—¿Y eso, muchachos? ¡Ajá!, ¿lo escribieron al alimón el Rosco y Perico antes de irse? Vea pues que muchachos tan inspirados. ¿Y que Rosquito se fue porque iba a meterse en la rosca paisa? ¡Ay manece y no lo prueba! ¿Y el versito era pa que les acabara de contar lo de Medusa y Perseo, y se fueron? Quién los entiende, pues.

—Bueno, este cuento de Perseo de pronto nos queda muy largo porque tiene las historias de Dánae, de Medusa y de Andrómeda, pero es un cuento de aventuras muy bueno, así que se quedan callaos, sin interrumpir, o me embejuco como Abelito… ¡Horacito, no moleste a Gloria Patria, que se enoja Marianita!... Y recuerden bien la historia de Medusa, pa no tener que repetir.



—Lo de Perseo hay que contalo empezando por la mamá. Qué les parece que Aganipe y su esposo Acrisio, el rey de Argos, tenían una hija muy bella llamada Dánae, pero querían saber si iban a tener un hijo varón pa poder entregale el trono, porque en ese tiempo las mujeres no podían ser reinas… si, Manuelita, un macho, pues. Pa saber eso le consultaron al oráculo, pero el adivino les contestó que no iban a tener un hijo, y además le dijo a Acrisio que el nieto lo iba a matar. El rey se pegó tremenda asustada y dijo que nada ni nadie volvía a tocar a la muchacha, así que la encerró en una torre, en una celda con puertas de bronce y custodiada por perros salvajes, y controlaba hasta el agua, no fuera que le llevaran aguas del río Kununurra o de la quebrada Ayurá. Con lo que no contaba el pobre Acrisio era con esos dioses que tenían, todos ganosos y llenos de trampas, y menos se iba a imaginar que Zeus, el rey de los dioses, se había enamorado de Dánae. Zeus, pa poder estar con ella se disfrazó de lluvia de oro…

—Si, si, algo así como monedas… ¿Qué? ¡No sea malpensado, Horacito, y deje seguir contando!

Entonces Dánae quedó esperando, y cuando el papá se dio cuenta, se enfurruscó de tal manera que misiá Aganipe no pudo calmale la calentera y el miedo que tenía, y cuando vio que mandó a hacer un baúl grande de madera y metió ai a Dánae y al niño, le decía que qué iba hacer, que por Zeus, que no fuera bruto, pero nada, no hizo caso y ¡zuás!, los tiró al mar. Esto que vio papá Zeus, y ai mismito empezó a protegelos y así, suavemente, la brisa empujó el baúl sobre el agua hasta que llegaron al reino de Sérifos, en donde los rescató el pescador Dictis, hermano del rey Polidectes, que los llevó a vivir al palacio, ¿recuerdan que les conté? Al niño lo llamaron Perseo, que quiere decir “destructor”.

Pasó el tiempo y Perseo se convirtió en un muchachote fuerte y valiente, y Polidectes empezó a fijase en que Dánae se conservaba lo más de bien, era un tarrao de mujer, muy hacendosa y buena mamá, pero muy seria, y por muchas carantoñas que el rey le hacía, nada que le paraba bolas, y lo peor, ese muchacho Perseo siempre estaba pendiente della, cuidándola, y él con esas ganas que ya no sabía que hacer. Entonces empezó a maquinar cómo desengüesase dese piernipeludo, pa ver si Dánae, estando sola, le daba un arrimito. Polidectes le metió caletre a la cuestión, hasta que se le ocurrió ponese a decir que se iba a casar con Hipodamia, la hija de Pélope, y que pa no mostrar pobreza, entonces todas las personas de la corte tenían que llevale a la novia un regalo bien, pero bien bueno; entonces, cuando ese muchacho, que no tenía ni una estera propia se apareció sin nada, le dijeron que cómo era eso, que tenía que llevar algo, que si era tan macho por qué no llevaba la cabeza de Medusa, y en fin, que con ese cuento tan reforzao el muchacho cayó y dijo que si, que la iba a traer. Como les conté, a Polidectes casi se le salen los ojos de la felicidá, ¡no podía creer que hubiera caído!, así que lo animó bastante pa que se fuera.

Entonces, viendo Zeus lo que iba a hacer su muchacho, mandó a Atenea y a Hermes pa que lo instruyeran y lo ayudaran y no le pasara nada. Como ya les dije, le enseñaron a conocer a las gorgonas y a distinguir a Medusa, y el con culillo, pero se aguantaba como todo un macho, y le dijeron que las únicas que sabían dónde estaban las gorgonas eran sus hermanas, las greas o grayas… si, sí, esas, las que eran viejas desde chiquitas y tenían un solo ojo y un solo diente pa las tres, así que mientras una los usaba, las otras dos dormían… claro, el susto era pior, pero se sintió un poco más tranquilo cuando Atenea le prestó su escudo tan fino y brillantico… si. Jorgito, la égida… y Hermes le dio una espada finísima que no se rompía ni había que afilala. Además, las grayas le dijeron dónde podía encontrar a las náyades, que le prestaron unas alforjas mágicas, el casco de Hades pa que pudiera ponerse invisible, y las sandalias con alas… si, las talarias o tálares, Manuelita. ¡Caramba, cómo aprendieron estos muchachos! Por cierto, leí por ai que las grayas solamente las mencionan en la historia de Medusa.

—Bueno, y como ya saben tanto, recuerden que él pudo volar hasta donde estaban las gorgonas, y con las cosas que llevaba, usadas con inteligencia y habilidad, logró lo que se proponía, y recuerden que de la sangre de Medusa nacieron el gigante Crisaor y ese caballo con alas, Pegaso, en el que se montó y salió volando pa que no lo agarraran las hermanas de la difunta. ¡Tremenda ñapa!

Pegaso volaba y Perseo iba pensando que como ya tenía lo que había ido a buscar, lo mejor era entregar esa cabeza a Polidectes, y devolver las cosas mágicas que le habían prestado, porque bien honrao si era, y sabía que no debía ponerse a fregar con poderes especiales que no eran de él, pero mientras pasaban sobre los desiertos, donde no había nada, pero nada que tuviera vida, del morral cayeron unas gotas de sangre de la cabeza… si, bueno… los alacranes y las serpientes… si, en el mar esos peces parecidos a culebras y que llaman morenas… ¡Qué bueno que se acuerden! Y también dicen unos que hasta convirtió a Atlas en montaña porque le dio lástima no poder ayudalo a seguir sosteniendo el mundo.

—¿Qué? Si, Malusita, él llegó adonde las gorgonas volando con las talarias.. ¿Y porqué siguió en Pegaso? Que buena pregunta… vea mija, por ahí leí que ese cambio lo hicieron los artistas del Renacimiento porque Perseo se veía más bonito montado en un caballo con alas que dando zancadas con unas quimbas voladoras.

—En fin, ya cuando iba volando sobre las costas de Filistia también tuvo tiempo de librar a Andrómeda y casase con ella. Al fin llegó a Sérifos, y encontró que mamá Dánae se había tenido que esconder con Dictis en un templo de Atenea porque ya no se aguantaba las impertinencias y carajadas de Polidectes, y pa acabar de ajustar, el rey y ese montón de lambones que tenía no le creyeron a Perseo y se burlaron…

—¿Qué? ¿Que lo estoy terminando a machetazos y faltaron muchas cosas? ¡Ah! Andrómeda… si, el abuelo también… bueno, entonces mejor después les cuento lo de Andrómeda y lo qué le pasó al abuelo… si, a Dictis también. Ahora vámonos a tomar un zumito de mandarina, que me tengo que ir a hacer unas vueltas.



Carlos A. Cadavid Arango
Medellín, enero 23 de 2009