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domingo, 19 de julio de 2009

La columna de Angelita

Mundo moderno

Curso de simpatía

Hace muchos años cierto presidente —cuyo nombre evitaré— hizo en un discurso un chiste en el que hablaba de un pereirano dueño de una casa de geishas. El comentario enfureció a mucha gente, pero mi mamá simplemente anotó “Si hubiera querido un presidente chistoso, habría votado por Montecristo”.

Traigo a colación esta anécdota porque Japón, país en donde la política atraviesa un momento nada jocoso, está tratando de ponerle humor a la burocracia. Lo digo literalmente. El Ministerio de Transporte de ese país les ofreció a cien de sus trabajadores un curso con comediantes profesionales como parte de un programa que pretende mejorar sus destrezas comunicativas. La idea es que entrenamiento como comediantes stand-up les proporcione herramientas que les permita comunicarse con los clientes y entre sí de manera más efectiva porque les ayuda a pensar más rápidamente y a tomar las cosas con calma -aparte de mejorar la imagen que la gente tiene de los burócratas.

Burocracia chistosa. Bueno, no sé si este producto pegue tanto como el sushi, pero démosle el beneficio de la duda a los japoneses. ¿Podrá un poco de humor cambiar nuestra percepción sobre el Gobierno? Meditemos sobre ello un poco.

Pensemos, por ejemplo, en que recibimos una carta de la DIAN que lleva el encabezado “¿Quiere saber qué hicimos con su plata? La mitad la invertimos en viejas y en trago; la otra mitad, la malgastamos.” ¿Pagaría usted su predial con una sonrisa? O en vez del IVA tuviéramos el EGOC: El Gobierno es el Otro Comensal.

Los fondos de inversión privada podría incluir boletines en sus extractos trimestrales en donde compartan noticias como “El rendimiento de su inversión bajó en un 30%, y en otras noticias que no tienen nada que ver con este fenómeno, nuestro Centro Vacacional ahora cuenta con cancha de squash”.

Para ser más creativos, se podría apelar a la ironía con un el uso de signos de puntuación bien ubicados como “Seguro” Social o In-vías.

O qué tal si de ahora en adelante al Ministerio de Educación le da por incluir el texto “¡Bienvenido al desempleo!” en todos los diplomas. Y qué pasaría si en la cuenta del teléfono, en lugar de decir ‘aporte voluntario’ dijera ‘Fondo para el Viaje de las Secretarias a San Andrés’.

Esto podría servir. A ver… qué tal si el presidente se dirigiera a los colombianos como “Es-timados cojodidos” y el Ministro de Hacienda entregara su balance en una carpeta que tuviera una portada decorada con las palabras “Cuentos de hadas para funcionarios”. Se podría cambiar el logo de la Cancillería por el de las camisas Lacoste, porque ahí son lagartos, pero finos. Y podríamos poner el Ministerio de 0,5 Ambiente.

No me convence. Tal vez funcione para los japoneses, pero yo sigo estando con mi mamá. El humor y la política sólo se deberían mezclar en las columnas de opinión.

domingo, 12 de julio de 2009

Lo que no sé pronunciar no me gusta


En enero de 1973 se me presentó la oportunidad de ir a trabajar en la isla de San Andrés como ingeniero de la planta eléctrica. Empecé a trabajar allí el 8 de febrero de aquel año.

Aún estaba soltero y antes de irme le propuse a Sofía Inés que procuráramos casarnos en los dos meses siguientes para que no me asaltara esa sensación de soledad que el año anterior me había hecho renunciar a un cargo en Cementos del Caribe de Barranquilla. Ella accedió con la única condición de que le asegurara un puesto en el magisterio de la isla, lo que pude cumplir.

Coincidencialmente Sofía Inés y mi hermana María Helena habían acompañado una excursión estudiantil liderada por mi prima Luz Helena Gaviria en octubre del año anterior. Por tal motivo me recomendaron conocer a unos vendedores de seguros que se habían hecho sus amigos durante aquella excursión.

Efectivamente los vendedores de seguros de las diferentes compañías aseguradoras formaban un grupo de cinco amigos sin que entre ellos existieran los celos de cuál se ganaba alguna póliza que dos o más de ellos estuvieran compitiendo. Fue un grupo muy agradable y de muy sincera amistad en el que yo también me moví durante esos meses de soltería. Completaba el grupo un sexto miembro totalmente atípico: mientras los cinco ya nombrados y yo estábamos entre los 27 y 35 años, el señor Kin, ése era su apellido, tenía 65; mientras los cinco y yo somos colombianos distribuidos entre Antioquia, Caldas y Bogotá, el señor Kin era hindú; mientras los cinco, yo no, eran vendedores de seguros, el señor Kin era un comerciante, es decir, un cliente de alguno de los cinco o de todos.

Uno de ellos recibió la orden de su compañía de trasladarse en forma definitiva a Bogotá. Debía dejar la isla y todo lo que en ella quedaba incluyendo la amistad del grupo del cual yo ya era parte. El grupo decidió hacerle una despedida en un restaurante estrato 5,5 que allí había y que se llamaba (o se llama) Hansa Club, situado en Punta Hansa, como quien dice, en toda la puntica de la nariz del caballo de mar que parece el mapa de la isla de San Andrés.

Hasta esa noche lo más elegante que yo había pisado en restaurantes era la Fonda Antioqueña de Maracaibo entre Junín y Palacé (nombres de calles de Medellín, para los foráneos).
Hansa Club tenía una parte que estaba en un puente como a manera de muelle y allí nos sentamos, el mar lo teníamos debajo de nuestros asientos y como fuera noche de luna llena la marea estaba de tal manera que mojaba por debajo las tablas del muelle. Mi asiento coincidió con una abertura de las tablas que me permitía ver el agua.

El mozo trajo la carta y todos nos pusimos a leerla. No había caso, yo no sabía qué querían decir esos nombres tan raros que había en esa lista y hasta estuve tentado a llamar al mesero para preguntarle si no se había equivocado y en vez de la carta había traído la tabla donde alguno de los hijos del propietario hacía sus colages para el colegio.

De pronto alcancé a ver en el final de la tabla en letra muy pequeñita: “Pollo al horno”, ¡en español!

–¿Qué hago? –Reflexionaba yo– ¿Pido pollo al horno? ¿Qué irá a pensar Sofía Inés –reconozco que ella era, y sigue siendo, de más roce social que yo– cuando se entere de que su futuro esposo en semejante lugar tan lujoso pidió pollo al Horno? ¡Qué pena con el señor Kin que haya tenido que recorrer medio mundo para venir a verme a mí comiendo pollo al horno!

Mientras estaba en estas reflexiones ya el mesero había iniciado a anotar los pedidos y empezó por el señor Kin que estaba a mi izquierda y se disponía a seguir en el sentido de las agujas del reloj. Yo sería el último.

–¡Ya sé! –Se me iluminó la mente– pediré el plato que más se repita entre ellos y si alguno pide pollo al horno, ¡zas!, el mío también será pollo al horno.

Debí haberlo imaginado: acostumbrados a subvalorar la letra menuda de las pólizas, que no se le deben dejar entender a los clientes, ninguno de los vendedores de seguros pareció haber advertido la presencia del plumífero plato. Uno pedía cazuela de no sé qué; otro langostinos a la no sé cómo; total que tuve que pedir un plato que se repitió una vez y como no sabía pronunciarlo le hice una indicación al mesero para que lo leyera en la carta señalándolo con el dedo índice. El empleado hizo un ademán gracioso de aprobación deslizando el bolígrafo entre los dedos pulgar e índice sin pronunciar palabra alguna, por lo que después interpreté que estaba acostumbrado a que de vez en cuando apareciera por allí algún personaje mudo.

Me llegó una cazuela toda rara que me supo a demonio revuelto. Ya se imaginan para qué había mencionado el hueco del tablado precisamente al lado de mi pie derecho, por allí volvieron los mariscos al mar de donde nunca debieron haber salido.

Mientras tanto miré hacia la izquierda y pensé que cuál sería la langosta tan rara que pidió el señor Kin que aún no le traían su pedido. Me imaginaba a los cocineros mar adentro tratando de pescarla.

–Por fin, allá vienen con el pedido del señor Kin, ya lo están descargando:

¡Pollo al horno!

Desde entonces, plato que no sé pronunciar no me gusta.

Gabriel Escobar Gaviria

Vista de lince 73

Un editorial

Podría interpretarse que EL COLOMBIANO estaba en mora de publicar su opinión editorial sobre la reunión sostenida entre el Presidente Álvaro Uribe y su homólogo de Estados Unidos, Barack Obama. Ya hoy es jueves 2 de julio, y el encuentro entre los Jefes de Estado fue este lunes festivo, es decir el 29 del mes que acaba de terminar. ¡El mes pasado! ¡Cómo hace de tiempo!


Son tantos los hechos que suceden en un mismo instante en distintos rincones del planeta y es tal la avalancha de informaciones y hasta de opiniones, emitidas en una especie de "boca de urna", que consideramos mejor esperar. Es nuestra idiosincrasia.

En el siglo XXI, era de la aldea global, las informaciones disparadas como con "escopeta regadera" desde distintos rincones geográficos e ideológicos puede hacer que el simple y mortal ser humano acabe confundido y yendo como Vicente, "hacia donde va la gente".

En EL COLOMBIANO tratamos de analizar los temas, releerlos y leer, oírlos y volverlos a oír, ver a sus protagonistas y volverlos a ver, y hasta buscar los lenguajes cifrados, las anotaciones que parecen al margen, pero que pueden resultar tanto o más importantes que los comunicados oficiales, observar la comunicación no verbal y escuchar los silencios, que muchas veces son más elocuentes que las palabras. ¿O siempre?

Importantísimo, el espaldarazo de Obama al TLC entre su país y el nuestro. Estamos de acuerdo con su expresión según la cual un tratado de libre comercio tiene que ser bueno para ambas partes, un gana-gana, como bien lo dijo en su momento la embajadora Susan Schwab.

Importantísimo, que el Presidente de Estados Unidos haya reconocido los grandes avances de Colombia en materia de cumplimiento de los derechos humanos y de protección a los sindicalistas, y la corresponsabilidad de su país en la lucha contra todos los eslabones del tráfico de drogas.

Todo esto demuestra el éxito de la diplomacia y estudio serio del Presidente Uribe y su equipo de Gobierno, y el conocimiento que de Colombia tiene Barack Obama. Con razón, también hubo espaldarazo a la continuidad con ajustes del Plan Colombia.

Muchos medios nacionales e internacionales se quedaron en la repetición de la frase del Presidente Obama cuando puso como ejemplo a George Washington, quien dijo que dos periodos suyos como Presidente de Estados Unidos, bastaban.

Pero pocos destacaron y una gran mayoría ignoró que Barack Obama también dijo que cada país decide su esquema, según sus circunstancias.

Estados Unidos tiene una fuerte tradición democrática. Allá sí saben lo que es el Imperio de la Ley y la Gobernanza. No en vano la Constitución vigente data de 1787, es muy corta y se reduce a un marco con los principios fundamentales.

Es bueno recordar también que la reelección por un solo periodo consecutivo es muy reciente, si se piensa en una historia como nación independiente que se remonta a 1776. Fue en 1951 cuando su Congreso abolió la posibilidad de otros esquemas reeleccionistas.

En ese momento ya Estados Unidos había recuperado la estabilidad perdida desde la crisis de 1929, agravada por el ataque de Japón a la base de Pearl Harbor en lo que hoy es el estado de Hawaii, lo que marcó su participación directa en la Segunda Guerra Mundial.

Como quien dice, a Colombia le fue bien en Washington, a pesar de la diplomacia paralela de los malquerientes de Álvaro Uribe, entre quienes están no sólo la extrema izquierda colombiana y de ciertos vecinos, sino quienes intentan atravesársele al Presidente, sin pensar con sentido patriótico en el bien común y en la vigencia de unas políticas de Estado que trasciendan los gobiernos y generen un marco digno y libre para las futuras generaciones. Eso sería hacer verdadera POLÍTICA, así con mayúscula.




La cita en verde es un editorial del diario de mi ciudad, El Colombiano, Encontré en él demasiados errores lo que me lleva a dedicarle la presente columna de Vista de lince.

Mayúsculas

Siempre he oído decir que en los nombres de los cargos oficiales se escriben con mayúscula cuando no se encuentra el nombre del mandatario ni el lugar de donde se es mandatario o la dependencia del cargo. Llamemos ésta la norma popular que no contra dice la académica como lo veremos a continuación

La norma académica dice que no es obligatoria la mayúscula, pero que se acostumbra cuando el nombre del cargo o de la dependencia reemplaza el nombre propio del funcionario. Esta norma es tan aceptada que esa costumbre se vuelve obligación en la práctica.

Según esas dos normas veamos los siguientes ejemplos: El Presidente inauguró las obras de interconexión; El Gobernador se reunió con el secretario de Educación; El presidente de la República inauguró las obras de interconexión; El gobernador Luis Enrique Yáñez se reunió con el secretario de Educación, Alberto Quintero.

El primer presidente va con mayúscula porque no aparecen ni el nombre del funcionario ni el lugar donde ejerce; lo mismo ocurre con el primer gobernador, pero el secretario va con minúscula porque aparece el nombre de la dependencia; el segundo presidente va con minúscula porque aparece el nombre del funcionario y el secretario por la misma condición ya descrita y por el nombre.

A continuación les doy un artificio de mi autoría para aplicar la norma académica sin lugar a equivocaciones:

Como la norma dice que se puede usar mayúscula cuando el nombre del cargo reemplaza el nombre propio del funcionario, entonces la mejor forma de saber si lleva mayúscula o minúscula es poner el nombre propio de la persona y si la frase no pierde el sentido, se debe usar la mayúscula; si lo pierde, la minúscula

Ramiro Cardona inauguró las obras de interconexión; Luis Enrique Yáñez se reunió con Alberto Quintero de Educación, Ramiro Cardona de la República inauguró las obras de interconexión; Luis Enrique Yáñez Luis Enrique Yáñez se reunió con Alberto Quintero de Educación, Alberto Quintero.

Según lo enseñado, en las oraciones que aparece un nombre adicional o que no encaja tal como Alberto Quintero de Educación, o Ramiro Cardona de la República son aquellas que hemos puesto el nombre del cargo en minúscula, las que producen oraciones correctas, como Ramiro Cardona Inauguró y Luis Enrique Yáñez se reunió... son las que llevan el nombre del cargo en mayúscula. Practiquen y verán que no se equivocan.

Por tanto en la cita están mal (en orden de aparición): Presidente Álvaro Uribe por presidente Álvaro Uribe, Jefes de Estado por jefes de Estado, Presidente de Estados Unidos por presidente de Estados Unidos, Presidente Uribe por presidente Uribe, Presidente Obama por presidente Obama. Esta correcta donde dice atravesársele al Presidente.

Otras inconsistencias

«...y el encuentro de jefes de Estado fue este lunes festivo, es decir el 29 del mes que acaba de terminar. ¡El mes Pasado! ¡Cómo hace de tiempo!»

Pueden pensar que soy muy cositero por lo que voy a criticar a continuación:

Esa expresión en el 2 de julio, sólo tres días después del 29 de junio, de cómo hace de tiempo por pertenecer al mes pasado, suena como el famoso saludo de quien se encuentra el 1.° de enero con alguien de quien se había despedido el 31 de diciembre, sólo un día antes: “No te veía desde el año pasado”. A tales bromistas les cayo de perlas el 1.º de enero del 2001 cuando pudieron decir no sólo desde el año pasado sino desde el siglo pasado y, ¡oh suerte!, desde el milenio pasado. Como broma es comprensible queda fuera de contexto en la seriedad editorial del segundo diario de un país.

Los enclíticos

En las expresiones volverlos a oír y volverlos a a ver se comete un error del habla popular que transciende a muchas canciones y que consiste en poner el pronombre acusativo enclítico, los, en el verbo intransitivo auxiliar en vez de ponerlo en el transitivo correspondiente, en estos casos oír y ver, respectivamente, que son los que rigen los complementos directos que esos pronombres representan: En El Colombiano tratamos de analizar los temas, releerlos y leer, oírlos y volver a oírlos, ver a sus protagonistas y volver a verlos.

Dos más

Dos errores a adicionales encuentro mientras redacto: La frase ver sus protagonistas no lleva la preposición a por cuanto en este momento esos protagonistas no tienen nombre propio, pues se está hablando en un caso generalizado: cualquier protagonista que resulte en cada caso. Es como cuando digo busco un médico (el primero que encuentre) en contraposición de Busco a Un médico que dictó una conferencia la semana pasada sobre la gripa A1 (tiene nombre propio). El otro consiste en que no es releerlos y leer, sino leer y releerlos.

Modelo

Uno de los errores del habla que nos dejó el buen fútbol de la Selección Colombia en la década del 90 fue el uso de la palabra esquema por modelo (cliquearlas, por favor, para tener a la vista sus significados). Uno de los técnicos de aquella hazaña, que añoramos repetirla, siempre andaba con una pizarrita de acrílico haciendo dibujitos de las posiciones que deberían tomar sus pupilos según los casos determinados, esos esquemas se convertían en los modelos que ellos deberían seguir. Allí quedaron trastocados los significados DE modelo y esquema. Con las definiciones a la vista observemos que ninguna de las tres acepciones de la palabra esquema coinciden con el concepto de lo que en el editorial se quiere decir, pero sí la primera acepción de la palabra modelo.

Mayúsculas, nuevamente

Por último, no considero estético usar la mayúscula sostenida para dar énfasis a un concepto, política, en este caso. Yo habría dicho en aposición: en su significado de regir los destinos de un pueblo.

País invitado: China


Esta nueva sección en Vista de lince me obliga a buscar un gazapo en algún periódico en español de los países donde el mapa de control me muestra que han abierto El Blog de Don Abel. Lo haré valiéndome del azar, a menos que haya alguna colaboración de un lector extranjero y que valga la pena comentarla. Estreno con Diario del Pueblo de China

«Airbus A320 tiene aterrizaje de emergencia en Islas Canarias». Diario del Pueblo, China 09-07-10.

Me late (como dicen en México, aunque el Diccionario dice que son los venezolanos los que dicen así) que la oraciòn de la que tradujeron al español venía en inglés por la presencia del verbo tener. En Español decimos más corto y más lógico: Airbus A320 aterriza de emergencia en Islas Canarias.

sábado, 27 de junio de 2009

La columna de Angelita

Mundo moderno

Achú, oink, oink.

Ya sé, ya sé, la influenza porcina es algo serio y hay mucha gente preocupada, pero la ventaja de ser humorista es que nos podemos burlar hasta del “Abrazo de Porky” que tiene paralizado al mundo entero, y realmente creo que la capacidad de los humanos —sobre todo, los latinos— de encontrar un poco de humor hasta en las situaciones más desesperadas es lo que nos ayuda a seguir adelante.

Además, la banda mexicana Agrupación Cariño sacó una canción titulada Influenza cumbia y como ellos pavimentaron el camino, estamos bien.

No es que no haya de que preocuparse. La gente está asustada con razón. La gripa porcina no es precisamente estornudar y que huela a tocino. Pero, a pesar de tanta seriedad, hay que admitir que es chistoso que un estornudo haya paralizado el mundo.

Por ejemplo, la productora Televisa anunció que eliminará los besos “no esenciales” de sus telenovelas. Un vocero anunció que si la trama exige que una escena involucre un beso, este se dará de acuerdo con los lineamientos de salubridad delineados por las campañas para que los actores no se expongan al contagio y den buen ejemplo. Hasta ahí todo bien pero ¿cómo será una telenovela mexicana sin besos sobreactuados? ¿La escena con Rodolfo Pedro y Gisela Cristina se calienta y él la toma en sus brazos y le besa la mejilla? O le grita:

—¡Me provoca comerte a besos! Pero eso no sería saludable… mejor démonos la mano y después nos lavamos con jabón antibacterial.

No es precisamente candente, ¿no?

No crean que la televisión ha sido la única infectada, perdón, afectada. Si no me creen, métanse a Swinefighter.com y descarguen el videojuego con el que uno se convierte en un médico con una jeringa gigante y mata a unos cerdos voladores verdes. Puede que no sirva, pero es definitivamente más entretenido que ver los besos seguros de las novelas.

Otros aprovechando la comicidad del asunto son un grupo de norteamericanos está vendiendo camisetas que llevan la leyenda “Me fui para México y lo único que le traje a mi familia fue la influenza porcina”. Esta industria demuestra que el humor y la moda no están peleados y que la ropa sí tiene conciencia social.

Pensarán que el humor está fuera de tono, pero es una de las armas más efectivas que tenemos contra el contagio. Verán, la influenza porcina es como todas las gripas, luego se trata y previene como las demás, a saber, elevar las endorfinas (que se logra leyendo esta columna) y haciendo ejercicio (por ejemplo, vaya a la tienda), teniendo siempre a la mano un poco de alcohol por su efecto antibacterial y manteniendo una dieta rica en vitamina C y tomando bastante líquido ( haga una jarrada de vodka con jugo de naranja, que combina todo lo anterior), coma muchas frutas y vegetales (hágase unos patacones con hogao y mango biche con limón y sal) procure estar al aire fresco (váyase para la piscina) y brinde por Miss Piggy. ¡Achú!

Ángela Álvarez V.

angela_alvarez_v@yahoo.es

viernes, 26 de junio de 2009

Mario

Era febrero de 1973 yo me había ido con un a trabajar como ingeniero de la Empresa Intendencial de Servicios Públicos de San Andrés y Providencia.

Aún era soltero y por esa razón adquirí una costumbre diaria: alrededor de la 9:00 a. m. salía de mi oficina en la planta a la salida para el sector de San Luis y me dirigía la centro donde había elegido una cafetería en la que convergíamos varios residentes de la Isla dedicados a diferentes labores, tomábamos uno o dos tintos nos desatrasábamos de chismes y regresábamos a las respectivas sitios de trabajo.

Yo me tomaba el primer tinto mientras le daba los últimos toques a la carta diaria que le escribía a mi novia Sofía Inés de la que estaba perdidamente enamorado. Luego me dirigía a la oficina de correo, ponía la carta y buscaba en el apartado pues por lo general tenía una carta también diaria de ella.

Regresaba a la cafetería a tomarme el segundo tinto y cuando no había con quien conversar leía la carta encontrada en el apartado.
Uno de los asistentes a aquella cafetería era un paisa medellinense, de nombre Mario que aparentaba unos 55 años y hasta menos, pero me quedo en los 55 para no exagerar la nota.

Nunca supe lo que Mario hacía, no supe si tenía familia ni dónde vivía en la Isla. Sólo sabía que era muy buen conversador y uno nunca se quedaba sin tema cuando Mario aparecía.

Los demás amigos tampoco sabían mucho, alguien me dijo una vez que Mario Había sido campeón nacional de billar, pero no me precisó fecha. Tal dato no fue desmentido por Mario, pero la fecha de su galardón tampoco se pudo precisar en conversación con el campeón. La verdad, su tranquilidad y despreocupación de los acontecimientos por venir eran características que coinciden plenamente con un campeón de billar.

Después de mi matrimonio ocurrido en abril de aquel año, yo seguí con la misma costumbre matinal, de tal manera que conservé los amigos de tinto hasta venirme de la isla en noviembre.

La buena conversación de Mario fue juntando fechas en mi cerebro matemático pues en sus anécdotas de pronto iban apareciendo contextos históricos que involuntaria e inocentemente se le iban escapando a Mario en sus discursos.

Tales contextos me fueron situando la infancia de Mario en los últimos años de la primera década del siglo; la Primera Guerra Mundial, en la plenitud de su adolescencia, y la madurez completa, al finalizar la década del 20. Podría asegurar que su campeonato de billar, fecha de la que más se cuidaba, podría haber ocurrido en los primeros años de la década del 30.
Un día, cuando ya tenía muchos elementos para estar seguro, le dije a Mario:

—Mario, vos tenés 70 años.

Fue el único día que vi a Mario bravo, bravo no es palabra, furioso. Me recriminó sobremanera que yo pensara que él fuera un viejo decrépito, según sus propias palabras, y a partir de aquel día me esquivó la conversación sin retirarme la palabra ni el saludo.

Como ya dije, a finales de noviembre abandoné la Isla y me vine a trabajar a Medellín. Nunca más he vuelto a ella.

Un día de 1974 salía yo del parque de Berrío de Medellín por la esquina nororiental tomando la calle Boyacá hacia el oriente, y me encontré con Mario que caminaba en la misma dirección.

—Quiubo, Mario, ¿cómo estás?

—Muy bien, hombre, ¿y tú?

—Bien, Mario, dándole al trabajo. ¿pa dónde vas?

—Pa la Clínica Soma a una consulta.

—Ah, pues yo te acompaño hasta allá. Yo voy dos cuadras más arriba.

Para los que no conocen a Medellín, aclaro que en la dirección en la que caminábamos por la calle Boyacá, al terminar la cuadra se encuentra uno con la carrera Junín y de ahí a la clínica Soma se sigue por la acera sur de la avenida La Playa y se encuentra primero, a unos treinta metros de Junín, con el pasaje La Bastilla, una carrera que sólo tiene dirección hacia el sur, otros treinta metros adelante está la carrera Sucre que atraviesa la avenida La Playa y otros cincuenta metros adelante, la avenida Jorge Eliécer Gaitán o avenida Oriental, cruzando la cual está la Clínica Soma en la esquina suroriental del cruce. No es necesario, entonces, que una persona que de la calle Boyacá se dirija hacia La clínica mencionada, tome la acera norte de la Playa, por la sur llega con facilidad.

Donde arranca el pasaje La Bastilla solían reunirse por aquellos días varios señores de aspecto senil, aunque con suficientes fuerzas para llegar al lugar por sus propios medios y regresar a sus casas después de una larga conversación matinal con sus coetáneos. Recuerdo que hasta parqueaban en el sitio un taxi modelo 48 que les hacía juego.

Cuando Mario y yo atravesamos Junín, él me indicó que nos pasáramos hacia la acera norte —donde está el edificio Coltejer— y nos fuéramos por allí hasta la avenida Oriental. Casi a empellones me hizo cruzar la avenida sin darme tiempo para conjeturas.

Una vez en la acera norte, le pregunté por la causa de su apuro.

—Mirá que entre esos viejitos del pasaje La Bastilla –me dijo– hay unos compañeros míos de bachillerato y a mí me da pena que me vean con ellos.

Yo miré a Mario a los ojos y le dije:

–Mario, como a nadie le dan el cartón de bachiller recién nacido y menos antes de nacer, ¿Por qué te enojaste conmigo en San Andrés cuando pude adivinar tu edad?

No recuerdo la respuesta de Mario, pero no se enojó conmigo esa vez. Él mismo había caído en la propia red en la que quería envolverse. Llegamos a la avenida Oriental, la cruzamos, luego cruzamos la avenida La Playa hacia el sur y llegamos a la clínica adonde él entró seguramente a una cita gerontológica.

Nunca he vuelto a ver a Mario desde entonces, y probablemente nunca lo volveré a ver. Aunque uno nunca sabe, por improbable que sea, si me lo vuelvo a encontrar me cuidaré de recordarle que ya tiene 106 años.

jueves, 25 de junio de 2009

Día del Padre (con retroactividad)

Elegía a mi padre

A mishermanos

Una vez tendido le dio por morirse como
antes le había dado por vivir
por talar los eucaliptos y hacer la casa
y se echó a morir porque sabía
que de esa no pasaba.

Acaso, cuando los bueyes se cansaron
de arar, ¿no se había puesto alguna vez
en la nuca y en los hombros la coyunda?
Y la tarea quedó cumplida mucho antes
que la sombra, ya que las estrellas.
Tenía que terminar también su asunto
a cabalidad y como fuera.

En su mano derecha la firmeza
como empuñando un arma
o dirigiendo el surco o trazando
el círculo de su vida, cerrado,
arbitrario, pero tan propiamente suyo
como el bastón de tosco palo,
como el sombrero o los zapatos
o la ropa que llevaba, que ya era suya,
hecha por él, como sus actos.

Su mayor riqueza consistía en ver los potros
galopar libres bajo el ancho cielo
o enlazar alguno con certero silbo,
marcarle el anca y darle nombre,
un nombre fácil: Cascofino, Dulcesueño, El Palomo,
enjalmar la mula., hablar de las heladas.

La tierra vino a él mas no en su ayuda.
Y decía palabras, preguntaba
por amigos que allí no se encontraban
y de sus brazos que iban y venían
como alentando el fuego del herrero
de su propia existencia, le caía
fuerza, sudor como yunques, dominio;
desde sus brazos le caían los días
que vivió, uno a uno, a borbotones.

Pero murió porque le vino en gana,
porque tenía que hacer del otro lado
junto con su mujer, la que le tuvo
los días listos para su trabajo,
dulzura en la mañana, el pan servido
al alcance del corazón, la ventana abierta
cuando volvía hecho trigo de los campos.

Yo no te cuento pero debo contarte:
te llevamos a una casa con amigos
del alma, te acompañamos, ya los sabes,
y al otro día tuviste tres entierros
como te correspondía; en la mañana
te llamabas más Pablo aún, respondías
más a tu nombre: eras silencio.

Por el aire te pusimos en las manos
de otros recuerdos, y tu tierra era entonces
tan cercana. Río arriba, entre los climas,
te nos hiciste piedra en el pecho,
te nos ibas hundiendo pecho adentro
porque tú estabas en él y te nos ibas.

Entraste a Pamplona como silo hubieras hecho
a caballo: tomamos el potro de las bridas
y descabalgaste igual que siempre, entre cipreses.

Como estabas muy alto tus hermanas
no podían verte y una de ellas trajo una banqueta
sobre la que subieron y te llamaron Pablo Antonio,
te nombraron paulinamente Pablo entre las lágrimas.

Pero estabas de espaldas como un río.
En la cuesta tu cuerpo se hizo plomo:
poco después el peso fue liviano
como si hubieras tú metido el hombro
y te llevaras a enterrar tú mismo.

Te colocamos con cuidado, con flores, con ternura.
Yo creo que tenías entre tus manos
una cuerda y un trompo y una espiga
y un rumor de mucho cielo en tus oídos.

Sabes muy bien lo que te cuento
pero te lo digo. Estaban
con el sombrero en la mano
a pesar de la llovizna
todos los que te querían:
el que te vendía la carne,
el que te compraba el trigo
y el hombre de azadón que respetabas.

¿Hallaste allí la paz? es mi pregunta.
Mas yo no debo preguntarte nada.
Tú no querías la paz sino la dura
tierra para sembrar, el aire para
vencer con árboles, cosas difíciles.
Viejo campesino, Padre mío,
en palabra y en acto igual que el hierro:
tan de una vez, tan para siempre:
viejo de a caballo, viejo macho.

Pablo eras no más y Pablo somos.
Padre, qué poco Antonio te llamabas.


Eduardo Cote Lamus

miércoles, 24 de junio de 2009

Fotografías de AT

Los patos


Pido disculpas por no ir pasando las tarjetas en el orden de llegada, porque hoy ando de carreras, pero ésta había que pasarla antes de la celebración, porque si despierta en los demás los sentimientos de remordimiento que despertaron en mí, terminaremos celebrando con crispetas (palomitas de maíz, en otras partes) y si el maíz se entera no es culpa mía porque Envigado no produce maíz.


Feliz cumpleaños, Blog de Don Abel

Hoy, 24 de junio, se cumple el primer año de labores de este blog.

Para celebrar las 200 entradas que se cumplieron ayer nos reuniremos en el centro comercial Oviedo a las 6:00 p. m. donde prenderemos la primera velita.

Propósito para el 24 de junio de 2010: 400 entradas más para un total de 600.

Lugar de reunión Pollos Pinky

Gabriel Escobar Gaviria (Don Abel, Sófocles)

Feliz cumpleaños, Blog de Don Abel

domingo, 21 de junio de 2009

Poesías de PBJ

PATERNIDAD

Un viejo triste, huraño, sórdido,
cruzó mi tierra maternal.
Tras lo turbio de sus pupilas
hallé tan sólo ruindad.
¡Cuán malo es! —dije en mí mismo—
¡que no le vea nunca más!
Si no reprimo mis cóleras
los perros le voy a azuzar.

Después —¡oh hermosura de la vida!—
de aquel horrible hombre en pos
iba un niño por el sendero,
y en el sendero era una flor.

Un vaso de agua, con voz pura
me pidió por amor de Dios;
tembloroso y lleno de lágrimas
dije: —¡Por amor tuyo te lo doy!

Era aquel niño claro y fino,
rosado cual lirio de abril;
a través del cristal yo miraba
de su boca el puro rubí.

—Pequeñuelo, te doy mi granja,
mi pan, mi afecto: mora aquí.
—Mi viejo padre gana el pan de cada día
y es dichoso en mi amor.

Yo comprendí...

¡Oh plenitud! Y desde entonces
a ningún padre odio jamás:
toda miseria la redime
una corona paternal.

Quien tiene un niño, ha ejercitado
divinamente el don de crear.
Quien tiene un niño sublima el mundo
y lo nutre de eternidad...
Porfirio Barba Jacob

Vídeos de TM

Fotografías de TM

Día del Padre


viernes, 19 de junio de 2009

Vista de lince 72

Día del idioma



Aunque estamos alejados del Día del Idioma, 23 de abril, uso este título porque se trata de un recorte de periódico del 23 de abril y precisamente relacionado con la celebración del Día del Idioma.

En él encuentro lo siguiente:

A los bellences les dio por autoproclamarse bellanitas mucho antes de que la RAE aprobara las terminación -ita para gentilicios. Lamentablemente, las veces que he hablado sobre este embeleco bellence he recibido hasta improperios. No me imagino a Marco Fidel Suárez diciendo que él fuera bellanita. La terminación -ita se usa no tanto para gentilicios, sino para miembros de pueblos antiguos del medio oriente casi todos traídos de la Biblia, tales como israelitas, ismaelitas, amalecitas. A algunos manizaleños y a algunos yarumaleños les sonaron como bien esas terminaciones en -ita y se autodenominaron manizalitas y yarumalitas, respectivamente. Sin embargo, en esas localidades han recapacitado y no han dejado que los domine tal moda, aunque haya llegado la aprobación académica. No así en Bello que hasta una empresa de transportes se llama Bellanita de Transporte. Feísimo.

Hace como 17 años logré atajar esa moda en San Jerónimo, un municipio cercano al pueblo donde nací, Sopetrán. Le dije al alcalde de entonces, Horacio Gallego, que no usara jeronimitas en los discursos, sino sanjeronimeños. Me hizo caso y además se interesó tanto en mis enseñanzas idiomáticas que me condecoró con la medalla Atanasio Girardot por mis aportes a la cultura del occidente antioqueño. ¿Sabían los lectores colombianos y los paisas que Atanasio Girardot, el Héroe del Bárbula, era sanjeronimeño?

En el segundo párrafo encuentro dos dislates:

El adjetivo ex no se usa delante de cargos de alta dignidad cuando quien ocupó el cargo ya está muerto, así que al hablar de don Marco Fidel Suárez nos debemos referir a él como presidente de Colombia pues falleció el 3 de abril de 1927.

El otro consiste en que no se debe decir un 23 de abril de 1855, porque 1855 sólo tuvo un 23 de abril por lo que el artículo que se debe usar es el definido: el 23 de abril de 1855.

No veo razón para que la palabra bulevar del tercer párrafo sea con mayúscula.

En el último párrafo encuentro la palabra tema que está de moda y se ha convertido en una muletilla. No agrega nada al conocimiento, eliminándola nada se pierde: Para el senador Juan Manuel Galán, además del homenaje a Suárez, su interés tiene que ver con la seguridad para Bello y con el problema de los combos.

jueves, 18 de junio de 2009

Cuenticos griegos 4

Perseo y Atlas

Entre Zeus y Perseo
fregaron al titán Atlas:
el uno le montó el cielo,
el otro lo hizo montañas.
Contado a lo paisa por Carloa Augusto Cadavid Arango para la versión infantil de los miembros de Consulforo

Pues le metí averiguática a eso de que qué tenía que ver Perseo con unas montañas, y es hasta interesante la cosa…

Resulta que los griegos eran unos marineros muy tesos que se recorrían todo el mar Mediterráneo, y cuando al principio se arriesgaron a ir bien lejos de Egipto, por allá por el occidente, por una parte de la Libia que llamaban Mauritania, desde el mar vieron unas montañas grandísimas, muy altas, que se perdían entre las nubes, como sosteniendo el cielo, y pa ellos, si sostenían el cielo, ¡ese tenía que ser Atlas! Decían que esas montañas eran las más grandes del mundo… si, imagínesen, decían que eran más altas que el Olimpo y el Otris, donde vivían los dioses, qué les parece… Claro, Pachito, los montes Atlas…, si,… quedan en África, entre el mar Mediterráneo, el océano Atlántico y el desierto del Sahara, pero los griegos no conocían ese nombre; pa ellos al sur de Grecia no había sino Egipto y Libia… ¿África? Pues ese nombre lo empezaron a usar los romanos… ¿Qué Perseo qué pitos toca? Pues ya van a ver.

Atlas, o Atlante, era un titán que había dirigido a los otros titanes que se pusieron de arte de Cronos, el dios titán que gobernaba en el Olimpo… No, Manuelita, Atlanta no tiene nada que ver aquí, ese es otro cuento... Pues les decía que Cronos gobernaba en el Olimpo, pero como era un maluco del carajo, su hijo Zeus lo quería tumbar, de manera que armaron una garrotera de todos los… de todos los dioses, una pelotera la macha, una guerra civil en el Olimpo, pues… Si, Jorgito, todos ellos eran de la misma familia… mucha alcurnia, sangre de dioses…, si, de mucha sangre azul, como dice su abuelita… Al principio iban ganando los titanes que estaban a favor de Cronos, pero Zeus se las arregló pa ganar y quedase él reinando en el Olimpo… No, Abelito, no hay titanas, las hembras se llamaban titánides o titánidas… ¿Qué de dónde vinieron quiénes? ¿Qué Zeus qué?..., No, ya les dije que despacio, dejemos algo pa después.

Cuando vio que había ganado, Zeus agarró a su papá y a los titanes que no estaba con él, que eran sus primos o sus tíos, y los mandó a todos pal Tártaro, bien hondo y bien lejos, ¡imagínesen, debajo del Hades, ¡la tierra de los muertos!, pa que no volvieran a molestar… Bueno, pero al jefe, que era su primo Atlas, decidió ponele un castigo especial, así que lo mandó por allá al otro lao del mundo, bien al occidente, y lo condenó a que sostuviera la bóveda del cielo en las espaldas, aunque Homero dice que lo que tenía que hacer era cargar en los hombros los pilares que sostenían el cielo. De todas maneras estaba fregao, y dicen que el pobre a veces pujaba y se quejaba… ¿Si, Horacito?..., si, Atlas si tuvo hijos, mejor dicho, un montón de hijas, pero me parece que eso fue antes de esto, porque si no, ¿cómo, pues…? Ve, el se había casao con una ninfa llamada Pléione o Pléyone, y con ella tuvo a las siete Híades y a las siete Pléyades, que eran lindísimas y todos los dioses se pasaban echándoles los perros; cómo sería que cuando murieron, Zeus las fue poniendo en el cielo y Orión todavía está persiguiéndolas por allá. Homero también dice que la ninfa Calipso era hija de Atlas, pero no dice quien era la mamá, y hay quien dice que las Hespérides también eran hijas suyas, pero con ellas si hay un enredo terrible.



Y ahora sí viene Perseo. ¿Ustedes recuerdan que él salió a buscar a Medusa en un reino muy lejano y tuvo que preguntar dónde era? Pues eso era tan lejos que un poeta romano llamado Ovidio dice que Perseo vio “tres veces a las Osas del cielo, y tres veces vio los brazos de Cáncer”, como quien dice, a las estrellas por las que se guiaban pa poder viajar… Yo creo que Perseo estuvo por aquí por el Nuevo Mundo, porque por aquí si hay mucha culebra… ¿Ustedes se imaginan a Medusa asociada con las FARC, ah? Mejor seguimos.

Después dese vuelo tan largo, Perseo se sintió cansao y vio un palacio allá en el Jardín de las Hespérides, y se dijo pa ‘él solito: ¡Ese es mi dormidero desta noche!, así que tocó la puerta y cuando le abrieron, le dijo al mayordomo que quería hablar con el dueño de casa, que resultó ser Atlas, y se presentó como hijo de Zeus y de Dánae. El pobre Atlas ni lo dejó seguir hablando, se puso seriote, hasta grosero, y le dijo que no, que siguiera su camino, que allá no había nada pa él, pero lo que debió decile es que hacía tiempos la diosa Temis le había dicho que un hijo de Zeus le iba a hacer una marramucia, y claro, con ese trabajo que tenía, y ese cuento de quien era el papá de la visita, ai si se puso más esquivo todavía, y de paso se acordó que Hércules también lo había engañao… Pero todo esto no lo sabia Perseo, que trató de insistir, y Atlas se puso más grosero todavía, como si Perseo nunca hubiera hecho ninguna gracia, y claro, que le iba a gustar eso a Perseo, que ya estaba bien cansao, y ese otro fregándole la paciencia, entonces no se aguantó y con mucho cuidadito sacó del morral la cabeza de Medusa y se la mostró, pero Atlas no se convirtió ai mismo en estatua de piedra como los otros, no, el titán tenía que seguir cumpliendo con su tarea, ¡y empezó la función! Apenitas vio la cabeza, Atlas comenzó a crecer y a transformase en montaña: los brazos y las piernas se le volvieron como otras serranías pegadas al cuerpo, que era otra montaña que crecía más grande todavía, y crecía, y aparecieron colinitas, y barrancos y cañadas de toda clase, y la boca y las narices y los ojos se volvieron cuevas y lagunas, y su cabellera y su barba y demás pelos se convirtieron en bosques, mejor, se convirtieron en selvas tupidas que no dejaban pasar a los exploradores que después quisieron conocer las montañas, y su cabeza era una cumbre altísima en la que se asentaba todo el cielo, con todas sus estrellas y soles y ese montón de lamparitas que vemos allá cuando las noches son claras… Si, Lucecita, eso en Medellín ya se está poniendo difícil, pero en La Guajira son espetaculares, ¿no cierto, Jairito?… Bueno, después el siguió su carrera volando con las talarias y pasaron las cosas que ya les conté.

No, Vicentico, esa bola que él carga no es la tierra sino el cielo. Es que la bóveda terrestre la representaban con esa esfera, y cuando empezaron a hablar de que el mundo era redondo, pues parece que alguien se equivocó de pelota y empezaron a decir que el pobre cargaba era el mundo. Tan bobos, ¿y entonces ónde se iba a parar el pobre, cierto?... No, Jorgito, esas colecciones de mapas no se llaman atlas por el titán que les cuento; sino por otro Atlas que dicen fue rey de Mauritania, izque muy inteligente y muy versao en cosas de la magia y de los cielos; dicen también que fue el primero que presentó la bóveda celeste con forma de esfera, y entonces el que hizo los mapas se acordó y le dedicó la primera colección que armó.

Si, Atlas era importante en la antigüedá; él era el que relacionaba el cielo con la tierra y con los trabajos que en ella se tenían que hacer pa conseguir los alimentos y otras cosas, ¡y dígame pa los marineros!, era el que cargaba las estrellas que se necesitaban pa la navegación, y en fin, con un montón de cosas, hasta lo relacionaban con la parte más lejana del mundo… ¡Huy, me duele la espalda!... ¡Hasta luego, niños! ¡Vayan con cuidao!

lunes, 15 de junio de 2009

El lince matemático 9

Solución al problema 9

Problema 10

Aproveché el puente de Corpus Christi para hacer una limpieza en el escritorio. Cuadré la caja menor que tengo en el cajón derecho donde noche a noche vacío de monedas los bolsillos y de la que voy tomando para diferentes gastos.

Encontré 20 monedas entre las cuales había de de tres denominaciones vigentes en Colombia: de 100, de 200 y de 500 pesos. Con lo obtenido pude darme un desayuno de esos sencillos de 5.000 pesos en el restaurante de la esquina. Mientras desayunaba pensé si algún lector podría decirme cuántas monedas de cada denominación encontré, teniendo cuenta que había más monedas de 500 pesos que de 100 pesos.

viernes, 12 de junio de 2009

Me hizo reír 1

Este chiste me gustó mucho y lo comparto



jueves, 11 de junio de 2009

Gazapera histórica 8

Advertencia: En esta entrada se transcriben dos gazapos, el primero –en carta personal de Sófocles al periodista Ricardo Alfonso en julio de 1991— no tendrá análisis histórico por cuanto fue una equivocación no gramatical. El segundo –en carta personal de Sófocles a los periodistas Juan Carlos Rincón y Aura María Puyana, también en julio de 1991– si tendrá análisis. Como es costumbre, lo escrito en las cartas irá en negro y el análisis en verde.
Ricardo Alfonso, Noticiero Criptón, 14 de julio.

En el noticiero de ayer dijo usted, al presentar una nota sobre el polo, que los zurdos no tendrían cabida en ese deporte porque chocarían entre sí.
Pues no, fíjese que si se lograra conformar un equipo de zurdos que jugara contra otro igualmente de zurdos, el juego sería al revés pero los zurdos no chocarían entre si. El juego imposible sería el del equipo de zurdos contra el de derechos pues los jugadores, no sólo los zurdos, chocarían entre si, zurdos contra derechos. Por último un zurdo metido en un equipo de derechos contra otro de derechos, o aprende con la derecha o se aguanta los porrazos.
Propongo el primer caso a la sección, No hav derecho.

Juan Carlos Rincón y Aura María Puyana, El Espectador,19 de julio.

En la nota que enviaron desde Guadalajara, México, publicada en El Espectador de hoy, emplean el siguiente gerundio ang1icado: “Gaviria rechazó versiones criticando el restablecimiento”

El gerundio se usa. en español para indicar que el sujeto realiza dos acciones simultáneas: entró llorando adonde ella se encontraba; la acción de entrar y la de llorar son simultáneas. No ocurre eso en el rechazo que es posterior a la critica. También escriben el sustantivo versiones sin ningún artículo o adjetivo determinativo, lo que es otra forma igualmente anglicada, correcta, pero inelegante. Por último, ¿no serían rumores. mejor que versiones. lo que Gaviria rechazó?

La frase correcta y elegante hubiera quedado así: Gaviria
Rechazó algunos rumores que criticaban el restablecimiento...

Éste es uno de esos errores que persisten a través del tiempo y que podrían corregirse por un cuidado especial de los profesores de español.

domingo, 7 de junio de 2009

La columna de Angelita

Mundo moderno

Neologismos y neo-neuralgias

No quiero patear la lonchera, ni mucho menos. Cierto día apareció en páginas contiguas a ésta un artículo que incluía la palabra “direccionar”. Sé lo que están pensando pero no, no era la transcripción de una entrevista a un funcionario venezolano ni alguien para quien el español fuese una segunda lengua. La palabra aparecía así, sin disculpas ni comillas ni nada que indicase que el autor lamentara la inclusión del vocablo.

Quiero aclarar que no me las vengo aquí a dar de mucho café con leche. Provengo de una familia con un largo historial de inventar palabras. Mi tío Luis Miguel, por ejemplo, conjugaba cualquier cosa, desde el verbo piedra (yo piedro, tu piedras) en adelante. Y mi sobrino Emilio, quien heredó el talento, es el responsable de haber introducido verbos como saltarar (de saltar), finquiar (de ir a la finca), lambar (por ejemplo, lambar un helado), piscinar (meterse a la piscina, cosa que hace siempre bajo estricta supervisión adulta) y machetar (de usar el machete, y antes de desmayarse vea el anterior paréntesis).

Yo no me quedo atrás. Cuando voy al centro digo que voy a ‘centriar’; cuando tengo que ir a hacer vueltas, digo que voy a ‘vueltiar’; si me voy a dormir un ratico digo que voy a ‘siestiar’. En realidad, el arte de inventar palabras es bastante común, al menos entre mi familia y nuestros allegados. Con frecuencia oigo que la gente dice que va a raniar cuando va a conversar, a parviar o a tomar chocolate parviado con alguien o que están foquiados cuando tienen sueño. Nada de malo le veo a incluir en el léxico familiar algunas palabras originales y poco castizas para darle color a la conversa.

Pero otra cosa muy distinta es cuando los periodistas y locutores y demás personas con acceso a los medios de comunicación instigan el uso de palabras inventadas haciéndolas pasar por castizas, como la aberrante “accequible”, o importan extranjerismos como “direccionar” en vez de dirigir o lecturabilidad en vez de legibilidad. Otras veces se inventan usos para palabras existentes como, recientemente, que hay personas que son ‘sospechosos de tener el virus’ en vez de ‘se sospecha que’ tienen el virus o la presentadora que en una entrevista dijo que gracias a sus compañeras se había ‘perfeccionado demasiado para eso de ser presentadora’. Esta ex reina y todos los que dicen ‘efectivizar’ en vez de hacer efectivo o ‘vacacionar’ en vez de salir de vacaciones ni siquiera intentan esculcar el español en busca de la palabra adecuada.

Pero yo batallaré hasta en cansamiento, y me dedicacionaré a defendizar el idioma demasiadamente. Por ello, prometo no desfalenciar en mi performación idiomática y permanecer accequible a todos aquellos sospechosos de malhablar hasta lograr que concesionemos un léxico que sea lectubrable y espiquiable para todos los que habemos. He decido.

angela_alvarez_v@yahoo.com


martes, 26 de mayo de 2009

Undécimo cumplemeses

Antier cumplió El Blog de Don Abel el úndecimo mes de existencia, por tal motivo nos reuniremos hoy algunos gomosos del blog en el Centro Comercial Oviedo de Medellín en la Palaza de Comidas ( la de abajo, la de los pobres) al frernte de Pollos Pinky. Arrime sin pena y traiga pa la vaca.
Hora de encuentro antecitos de las 6:00 p. m.
El mes entrante apagaremos una velita.
Don Abel

La columna de Angelita

Mundo moderno

Divagaciones de una mente inquieta en un cuerpo quieto

Recuerdo la dicha que sentí las veces que logré engañar a mi mamá y hacerle creer que estaba demasiado enferma para ir al colegio para que me dejara quedar en la cama viendo tele todo el día y mi abuelita me llevara Ginger en vaso largo con pitillo, paleta de limón y arroz con leche (comidas sumamente medicinales, como bien es sabido). Pero ahora, si quiero Ginger, tengo que ir por ella y así no sabe igual. Nadie me contempla, nadie viene a tocarme la frente a ver si tengo fiebre ni me cantan, ni me soban la barriguita si me duele… estar enfermo de adulto apesta.

Estoy más aburrida que un orangután en un bonsái. Estoy peligrosamente harta.

No uso la palabra ‘peligrosamente’ con ligereza. Todo lo que venden por canal de televentas me parece útil y bonito. Me parece que mi vida sólo será completa si tengo todos los aparatos para hacer ejercicio, toda la colección de payasos en porcelanicrom, los zarcillos con diamantoides y la bufanda que se convierte en camiseta strapless o falda entubada con gran facilidad, que podría lucir gracias a las inocuas píldoras Nofat y estilizando mi cabello con el gel Peloflat. Antes de sucumbir y comprarme una pulidora industrial de piedras semipreciosas y la colección completa de discos compactos “Rancheras Feministas”, cambio el canal.

Definitivamente esta no es la solución. Veo una noticia sobre la gripa porcina, pienso que podría aprovechar el tiempo libre para escribir un libreto sobre un comando especial del Ejército que se contagia con una cepa mutante del virus que les da poderes especiales como la capacidad de producir un olor a chicarrón paralizante. El grupo elite usa sus poderes porcinos para combatir el crimen y la serie se llamaría Porky Power. Este camino sólo puede conducir a un lugar humillante.

Apago la tele y me enchufo a mi MP3, pero cada canción viene con un video de cómo la cantaría si me eligieran para American Idol. Me imagino los comentarios de los jueces, fantaseo sobre amoríos con los demás participantes y de vez en cuando me pillo cantando en voz alta y moviendo los hombros como roquera de los ochenta, deseando fervorosamente no haber regalado mi chaqueta de cuero de cremalleras y soñando con tener iluminaciones fucsia.

Me refugio en la lectura, mi amiga infalible, pero en lugar de hallar consuelo me encuentro a mí misma pensando cómo podría mejorar un poco las historias clásicas. Romeo y Julieta continúan su idilio como fantasmas juguetones, La Cenicienta usa la manzana envenenada para desarrollar un nuevo anestésico y se convierte en cirujana de los enanitos y… el diagnóstico es evidente. He empezado a exhibir los síntomas clásicos de la ageustia (pérdida del sentido del gusto, aunque en mi caso no tiene nada que ver con el sabor). Rueguen por que me mejore antes de que me dé por empezar una nueva religión.

Ángela Álvarez Vélez

angela_alvarez_v@yahoo.com

sábado, 23 de mayo de 2009

El lince matemático 8

El pensamiento lógico

Muchas veces me he quejado de que la falta de esfuerzo mental de hoy en día está acabando con el procesamiento de la lógica en las personas.

Cuántas veces llegamos a un almacén y preguntamos el precio de un artículo.

—7.800 pesos.

—Y aquel otro.

—3.600 pesos.

—Empáquemelos, por favor.

El dependiente saca del bolsillo de la camisa una calculadora, hace la suma y anota en un papelito la cantidad 11.400 y nos ordena ir a cancelar en la caja.

Aunque no es el tema, intercalé el verbo cancelar que es el usado en mi país para decir pagar. No sé a qué menosprecio se hizo merecedor el verbo pagar que está siendo relegado a la papelera de reciclaje como el verbo poner. Pagar y cancelar no son sinónimos.

Retomando el proceso lógico, qué interesante sería calcular el tiempo perdido en el año por estos dependientes que no saben llegar a la cantidad 11.400 si no son ayudados por una calculadora.

Una vez salí de un cibercafé y pregunté a la dependiente cuánto debía. Era el último cliente y la joven se había dedicado a organizar las cosas con el fin de no demorar el cierre del negocio después de mi salida.

Me dijo que 2.000 pesos. Saqué un billete de 10.000 pesos. Ella abrió su bolso y sacó el llavero, abrió el cajón. Hasta allí todo iba según la lógica: sacaría las vueltas del cajón. ¡No! Sacó una calculadora y tecleó “10000-2000”, miró el resultado, guardó la calculadora, cerró el cajón, abrió el bolso, guardó el billete de 10.000 y sacó 8.000 pesos en tres billetes (¿tendré que decir las denominaciones?), guardó las llaves, mientras yo la miraba incrédulo tratando de ver por dónde le habían metido el aserrín a esa barby.

Hoy salí de Misa de la iglesia de Santa Gertrudis en Envigado a las 7:00 p. m. y empecé a caminar hacia el Oriente por la calle 37 Sur, camino de mi casa, Al llegar a la carrera 40 hay una venta de arepas de queso y de chócolo. Me antojé de una y le pedí al joven que estaba atendiendo me la suministrara.

Mientras el joven terminaba de asar las arepas observé lo que me rodeaba y vi que en los extremos del mostrador había sendos pares de avisos según muestro en las fotografías.


Cuando el joven me entregó la arepa le hice esta observación:

—Oiga, joven, este aviso de la derecha sobra. Quién va a querer seis arepas por 3.000 pesos, si nueve por 3.600 pesos son más baratas.

—Señor —me dijo— mucha gente que arrima aquí no sabe pensar: nosotros hacemos paquetes de seis arepas y de nueve. Alguien viene y pregunta por tres paquetes de seis arepas (9.000 pesos), si uno les dice que lleven dos de nueve, las mismas 18 por 7.200 pesos, algunos dicen: “Ve, no había caído en la cuenta”; pero otros se enojan y dicen “No me enrede que ya le pedí tres paquetes de seis y eso es lo que quiero llevar”.

—¿Cómo…?

—Pero hay otra más grave.

—A ver, cuente.

—De pronto arrima alguien y pregunta cuánto vale una arepa menudiada (en Colombia el verbo menudiar significa vender por unidades lo que viene en paquetes) cuando se le dice que 800 pesos y pide cuatro, uno le dice que lleve el paquete de seis que vale 3.000 contra los 3.200 que valen las cuatro menudiadas. Nuevamente algunos aceptan no haber caído en la cuenta. Otros dicen no necesitar sino cuatro. Pero, señor, si no necesita sino cuatro, de todas maneras le salen más baratas. Las otras dos las puede botar, dárselas a los pájaros, a un pobre o esperar a ver si quedó con ganas después de las cuatro.

—Definitivamente, tú y yo estamos locos, Lucas.

A pesar de la amabilidad y de la aptitud lógica del joven dependiente, no puedo pasar por alto la falta de las tildes en Promoción y en chócolo en ambos avisos.

martes, 19 de mayo de 2009

Vista de lince 70 A

Se trata de un documento que anda circulando desde hace dos años, acerca del uso del lenguje incluyente o equidad de género por parte de la Alcaldía de Medellín en el período pasado.
Por favor, doña Lucrecia, no más equidad de sexo en el idioma

Presento un análisis de la columna que la señora alcaldesa de Medellín, doctora Lucrecia Ramírez Restrepo, publicó en El Colombiano del 23 de diciembre del año pasado.

La finalidad de este análisis es alertar a todas aquellas personas que se están dejando embaucar en la tal equidad de género de lo difícil que es mantener esa idea a lo largo de todo un escrito. Que este análisis les muestre la cantidad tan exagerada de inconsistencias en que incurren al tratar de dañar alevosamente el idioma de Cervantes. Trataré de seguir uno o dos órdenes lógicos.

1. Los impulsores de la tal equidad entienden cuando se les habla bien. Muy cerca del inicio del primer párrafo dice la alcaldesa: “...para conseguir donaciones necesarias que garantizaran un número suficiente de jugueticos, carritos y muñequitas, me decían, ‘para regalarles a los niños pobres de Medellín’ y me aclaraban, ‘los de las comunas’”.

Como vemos claramente, doña Lucrecia no necesitó pedir aclaraciones sobre cómo les iría a salir a algunos niños con muñequitas pues no le habían mencionado las niñas ni le habían aclarado que se trataba “de los y de las comunas”. No, ella entendió perfectamente que los carritos y las muñequitas se entregarían según el sexo del niño y que allí niños generalizaba a unos y a otras. Hago notar el pronombre les bien escrito porque generalmente la gente dice erróneamente: “para regalarle a los niños”.

2. Los usuarios de la tal equidad de género se olvidan muchas veces de las preposiciones, de los artículos, de los adjetivos y de los pronombres.

a).
“...encargarse de conseguir los regalitos que se distribuían en un acto público a los niños y las niñas”.

No, doña Lucrecia, no les niegue a las niñas la preposición a, las puede traumatizar. “A los niños y a las niñas”. Advierto que lo segundo no es necesario. “se distribuían en acto público a los niños” queda entendido.

b). “porque con seguridad, era el único que su hijo o hija podía recibir en estos días…”

Tampoco les niegue el posesivo su a las damitas: era: “porque con seguridad, sería el único que su hijo o su hija recibiría en estos días…”

c). “todos los niños y las niñas”

El caso de los adjetivos merece numeral aparte porque es una evidencia de la contradicción del lenguaje equitativo, pues se está calificando en masculino a ambos géneros. El equitativo sería: “todos niños y todas las niñas”.

d). “que los niños y las niñas no sean distinguidos por el estrato”.

Lo mismo que el anterior el adjetivo “distinguidos” califica en masculino a ambos géneros. En lenguaje equitativo sería: “que los niños no sean distinguidos ni las niñas distinguidas por el estrato”.

e). “los convocamos y los cuidamos porque son niños y niñas”

Otro pronombre olvidado dos veces: “los convocamos y las convocamos, y los cuidamos y las cuidamos porque son niños y niñas” ¡Qué cansancio!

f). “Mis lectores y lectoras”

Mis lectores y mis lectoras.

3. Ésta es la primera vez que encontramos la repetición de niños y niñas. Observemos que el masculino está de primero y se conserva de primero en las nueve o diez veces restantes que usa la doctora tal repetición. No hay completa equidad porque al mencionar el género masculino de primero se nota la superioridad masculina en el subconsciente de la autora. Para garantizar la equidad será bueno sentarse a escribir con un dado a la mano para que cuando se presente el caso se lanza el dado y la cifra par o impar dará cuál genero inicia. A falta de dado también sirve una baraja, una moneda o cualquier otro medio para garantizar que el azar presente una probabilidad de que el 50% de las veces cada género será usado de primero. Advierto Que en mis ejemplos a partir de este renglón usaré el método de la moneda, acabo de poner una de $500 cerca del ratón. Lógicamente sin necesidad de explicación el lado del árbol representará a los niños y el de la cantidad de dinero, también, por lógica, a las niñas

4. En el afán de repetir en femenino lo que la palabra en masculino generaliza descuida la alcaldesa una construcción lógica. Veamos: “Me imaginaba en uno de los parques de la ciudad entregándole un carrito o una muñequita a un niño o a una niña”. Como está construida esta oración, la doctora Ramírez se imaginaba a ella misma sacando de alguna bolsa un juguete al azar y entregándolo a un niño sin fijarse si entregaba una muñequita a un niño o un carrito a una niña, cuando según lo establecido por el gusto natural, que no ha cambiado en siglos, ella debió haberse imaginado –en su construcción de equidad– entregándole una muñequita a una niña o un carrito a un niño. ¿De acuerdo? Pero en pro de la simplicidad del idioma, doña Lucrecia, por favor, imagínese a usted misma “entregando aquellos jugueticos (ya los había mencionado) a los niños de las comunas”. Está entendido así que los carritos irán a los niños y las muñequitas a las niñas.

5. Cada usuario parece ensañarse en algunos sustantivos, pero olvidan aplicar la equidad en otros. Prueba de que ellos también entienden la generalización como ya se vio en el punto 1. Veamos los que olvidó doña Lucrecia, en orden de aparición. En el caso de doña Lucrecia, el objetivo de repetición es los niños.

a). “...para que en la foto quedara claro que la ciudad si cuidaba de la infancia desfavorecida y se acordaba de ellos en la Navidad...”

Ven, se olvidó de ellas. Pero además la oración tiene una discordancia, pues al usar el colectivo infancia es de ella –de la infancia– de quien se acuerda la ciudad en Navidad.

A propósito, ¿si se acomodarán sin traumatismos en el colectivo infancia, niños y niñas?, ¿no será mejor estar seguros de impedir una futura frustración de unos o de otras y hablar de que la ciudad sí se acordará de la infancia masculina desfavorecida y de la infancia femenina desfavorecida?

b). “Algo en mí se resistía a participar de lo que, a vuelo de pájaro, nadie vería de mala manera”.

¿Qué pasa, doña Lucre?, ¿acaso las pájaras no vuelan o no se traumatizan si no se las menciona?, entonces es “a vuelo de pájaro o de pájara”.

c). “Así como también sus mamás, sus papás y sobre los dirigentes comunitarios que organizaban el desplazamiento de los afortunados al sitio de la entrega, porque para ellos también había reconocimiento”

Aquí hubo tres olvidos en cascada pues también hay dirigentes comunitarias, entre los que se desplazan también hay afortunadas, y en fin para ellas y para ellos también hay reconocimiento. Entre otras cosas, cuando la 0rganización corre de cuenta de líderes comunitarias, es más bueno porque no falta la comida, en cambio, los líderes comunitarios creen que todo es trago.

d). “Cuando se acercaban las fechas, el despacho recibía muchas llamadas de mamás que desde siempre”.

En esta cita el olvido fue el masculino papás, porque ellos también llaman, yo lo sé. La generalización elegante en este caso es muchos padres de familia…

e). “incluso los transportadores, aprenden a pensar en forma altruística”.

¿Y las transportadoras no aprenden o no fueron a clase?

f). “Porque cuando tú los convocas y les das algo porque son pobres”.

Ahora se olvidó de convocarlas, sólo convocó en masculino.

g). “como lo único que convoca la mirada y el reconocimiento del otro”.

¿Y la otra no mira ni reconoce? Yo creo que sí porque doña Lucrecia, otra, es la que mejor mirada está dando a los niños (qué cuento de las niñas ya estoy mamado).

h). (a este paso se me van a acabar las letras del alfabeto) “¿Cuantos menores ricos de nuestra ciudad no conocen parques y museos, porque precisamente sus recursos económicos los condenan al mal

¿Acaso sus hermanitas, sus primitas y demás –las menores ricas– conocen esos museos y parques? Vean pues cómo se van al escondido. ¿Acaso sus recursos no son los mismos de los de sus hermanitos y no las condenan al mal? ¡Ah!, y se olvidó de la tilde de cuántos “¿Cuántos menores ricos y cuántas menores ricas...

i). “Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicos, curiosos, fascinantes”.

Ya al final de la columna se le ve el cansancio a la alcaldesa por tanto olvido tan seguido: “Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos y todas, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicos y únicas, curiosos y curiosas., fascinantes”.

j). “Ahora, pensémosle más al tema del regalo para aquellos sin recursos”.

¿Irán a dejar sin regalo a aquéllas sin recursos o no habrá necesidad de pensarlo? Se salen con cualquier Barbie, de la que dicen por ahí que es satánica.

k). “que en Navidad ninguno se quede sin su traído”.

Ya vamos por el undécimo nomenclador de este ítem de olvidos. ¿Se van dando cuenta de lo difícil que es sostener esta caña de la tal equidad de género? Doña Lucrecia debería contratar un asesor, pero no me ofrezco porque no puedo ir en contra de mis principios. “Que en Navidad ninguno ni ninguna se queden sin traído”.

l). “Así, la infancia de Medellín recibiría el mejor regalo que puede recibir ser humano alguno: dignidad”.

Aquí vuelve a aparecer mi preocupación acerca de si en el colectivo “infancia” se podrán acomodar niños y niñas sin problema alguno por lo que se puede dividir en dos: la infancia masculina y la infancia femenina. Lo mismo puede pensarse del ser humano que puede ser alguno y alguna.

6. Golpe bajo. Muchos usuarios, entre ellos la doctora alcaldesa, dan un golpe bajo, sobre todo cuando se trata de niños, elidiendo el género masculino y poniendo el femenino a manera que afecte ambos artículos. Con seguridad iban a agradecer los y las niñas. Resolviendo queda: “los niñas y las niñas”. Sí es más fácil que un niño se traumatice porque lo llamen niña. Esto parece una venganza sadomasoquista feminista.

He terminado mi análisis. Pero hay más.

El alcalde Fajardo ha conseguido un nombre como uno de los alcaldes que se preocupan por su ciudad. Las obras se ven y no circulan chismes acerca de corrupción (ojo que no soy fajardista ni busco puesto). Y es curioso que en el sector educativo (liceos y bibliotecas) es donde se ven más obras del Alcalde. Escucho al magisterio y creo que por primera vez los maestros hablan bien de una autoridad.

¿No es paradójico que mientras el alcalde construye cultura, la alcaldesa destruye nuestro idioma con el melindre de la equidad de género?

¿Cómo pudo doña Lucrecia sacar una columna de tan baja calidad en medio de dos plumas tan exquisitas como la de Ernesto Ochoa Moreno y la de Raúl Tamayo Gaviria? (Ver periódico El Colombiano del 23 de diciembre pasado, página 4ª).

¿No se da cuenta doña Lucrecia que en abril próximo será la anfitriona de los Reyes de España en una reunión en esta ciudad antes de la Asamblea de Academias de la Lengua en Cartagena? Óigase bien de los Reyes de España, no del Rey y de la Reina. ¿Cuántos Reyes hay en España? Uno solo: don Juan Carlos, pero a la pareja de Juan Carlos y Sofía se le denomina los Reyes de España. Ellos vienen como máximas autoridades de la Lengua Española. ¿Qué les irá a decir cuando le pregunten cómo está el idioma en la ciudad? ¡Por Dios!, que alguien la asesore para que no nos haga quedar como un zapato, que ni se le vaya a ocurrir darle tratamiento a doña Sofía de Primera Mujer de España, ella es la Reina. Que tampoco se le vaya a ocurrir presentarse como Primera Mujer de Medellín: los expertos en protocolo se reirán de ella y, lo más grave, de todos nosotros por montañeros. Yo ya me había reído de ella y de nosotros cuando empezó con ese cuento. Que alguien le enseñe a que se presente como alcaldesa de Medellín y así cumple con el protocolo. Como el rey tiene su reina, el alcalde tiene su alcaldesa.

Jerónimo de Luis Tejelo