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sábado, 5 de septiembre de 2009

La columna de Angelita

Mundo moderno

El precio de la liberación femenina

Mi abuela Pepita creía que la Liberación Femenina había sido algo que empezó con prometernos a las mujeres que podíamos SERLO todo, pero que había terminado con que nosotras teníamos que HACERLO todo. Por supuesto, siempre pensé que estaba equivocada… hasta ayer.


Ayer me llamó mi amiga María a contarme que está saliendo con un caballero, uno de esos raros especímenes que abren la puerta (al respecto, mi abuelo Miguel decía que cuando un hombre le abre la puerta del carro a una mujer, es porque el carro o la mujer son nuevos), corren la silla, llaman a ver si una llegó y llevan flores. Fue este último detalle el motivo de la llamada. No llamaba a jactarse sino a confesarme que nunca antes le habían llevado flores y que francamente no supo qué hacer cuando las recibió. “Abrí la puerta —me contó— y ahí estaba él con un ramo de flores en la mano. ¿Una qué hace? No sabía si recibírselas y devolverme a la casa para meterlas en un jarrón con agua, que además tendría que ser una botella de dos litros de gaseosa con la parte de encima recortada porque obvio que ya nadie tiene floreros, o si me las llevaba en el carro o si me las metía en la cartera o si tenía que andar con ellas tipo Greta Garbo… La verdad es que no estoy preparada para estos detalles de fina coquetería” concluyó.

La sentí tan perdida que me sinceré con ella y le conté que después de ir al cine con un pretendiente, éste me envió una caja de rosas y lo único que acaté a decirle cuando llamé a darle las gracias fue “a mí nunca me habían dado flores que trajeran cuido”. Me refería, por supuesto, al sobrecito de abono que traía la caja para echarle al agua del florero para que duraran más. Pero no dije “abono”, dije “cuido”, como dicen en las fincas cuando hay que ‘darles cuido a los perros’. Rosas con cuido. ¿Qué tal la montañerada? Por fortuna eso no turbó demasiado al joven y salimos durante cuatro años y medio (él finalmente se casó con otra pero estoy casi segura de que no fue por lo del cuido).

El caso es cierto, las mujeres modernas no estamos preparadas para los caballeros porque, en algún momento de la carrera hacia la independencia y la igualdad, olvidamos cómo ser tratadas como damas. Les parecerá tonto pero he estado observando muy detenidamente a las jovencitas de mi edad (oigan, no se rían…) y en general levanta sospechas cualquier piropo o acto de amabilidad. ¿Ha muerto la caballerosidad? ¿El feminismo lo mató? ¿Importa? Todas estas preguntas me han estado rondando la cabeza en estos días y he pensado mucho en mi abuela y las palabras que decía cuando alguna de mis hermanas o yo le pedíamos plata para salir a cine con algún amigovio (cruce entre amigo y novio, para los que no sabían) o cuando mi mamá tenía que irse a trabajar: “Maldita la hora en la que nos liberamos”. ¿Perdimos más de lo que ganamos? Creo que no, pero tal vez sí se nos embolató algo en la transición. Lo que no sé es cuánto nos cueste recuperarlo…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Gabriel

Estoy de acuerdo con este artículo de Angelita. La mujer llena el mundo y la vida de un hombre.

No hay alegría más grande que poder consentir a una mujer. Y aquí Angelita dice que a ella (¿ellas?) le gusta que la mimen. Siempre debería ser así. Y que no se pierdan la caballerosidad y la feminidad.

Luis F. Múnera L.

Ramiro Restrepo González dijo...

Angelita:
Expresiones como "...si UNA llegó..." no deberían verse en un blog dedicado al cultivo del idioma.
Saludos!
RamiroR.

Abel Méndez dijo...

Estimado señor Ramiro Restrepo González:

La columna de Angelita, llegó con esas expresiones en masculino, como erróneamente las usan todas las mujeres colombianas. Este servidor, convencido de que Angelita es una mujer, la puso a hablar correctamente. No sé por qué las mujeres que pregonan hoy por hoy el tal lenguaje incluyente no captan errores como este cuando una mujer dice. por ejemplo: ¡Ay, y uno todo aburrido en esa fiesta! Una mujer no puede estar todo aburrido, una está toda aburrida. Recuerdo hace muchos años que el profesor José Fernández Gómez entrevistó a una reina de belleza en el Noticiero Nacional y le hizo esta pregunta "Fulana (no recuerdo el nombre), ¿qué siente una al ser elegida reina de belleza?", Obsérvese bien que èl no podìa preguntar qué siente uno, porque uno no puede ser elegido reina de belleza ¿o sí? Las mexicanas no cometen ese error, por lo menos en ninguna de las telenovelas mejicanas que he visto. Por lo tanto, estimado don Ramiro, porque el blog es dedicado al cultivo del idioma uno se preocupa para que una quede bien.

Agradezco, además, su interés por este trabajo.

Don Abel

Felipe Chavez G. dijo...

Una vez le regalé flores a mi Ex (con mayúscula) y me hizo una escena de celos, porque según ella, eso significaba aceptar una culpa.

Un regalo sin justificación me convirtió en sospechoso de infidelidad.
Moraleja: no regale flores en fechas ordinarias.