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lunes, 9 de julio de 2012

La columna de Angelita


Este martes estaba regando mis maticas y vi que una de ellas está particularmente fea. Es una mata que me gusta mucho porque es una planta carnívora, de la familia de las Nepenthes, que me dio mi hermana Pilar. La he cambiado de sitio varias veces, le doy agüita, le puse abono, pero nada que pelecha. La cambié de matera y de sitio una vez más y entré a la casa con la idea de que tal vez la dichosa planta simplemente no estaba contenta en esta casa. La idea todavía me daba vueltas cuando me senté a revistar mi correoelectrónico y me topé con un titular que me intrigó: ¿Las plantas piensan?

Resulta que Daniel Chamovits, director del Centro Manna para las Biociencias de las Plantas de la Universidad de Tel Aviv, acaba de publicar un libro en donde arguye que las plantas ven, huelen, sienten, se comunican entre sí e incluso tienen memoria. Es más, Chamovits dice que estudios recientes parecen indicar que las plantas “oyen”, es decir, responden a ciertas vibraciones.

Esta nueva información me ha tenido pensativa desde entonces y ha cambiado mi percepción de la vida vegetal. Ahora cuido lo que digo delante de “las niñas”, me preocupe por no evidenciar mis preferencias (la verdad es que consiento más a la mata de frambuesa que a las ciruelas) y ser justa con todas —no vaya a ser que se corra la voz y se me resientan.

Y he notado cosas.

Por ejemplo, cuando yo salgo a recoger feijoas, rara vez veo más de tres o cuatro en el piso. En realidad no me gustan mucho y las uso para hacer mermelada de feijoa con fresa o las mezclo con bananos, así que tampoco me importaba, pero esta semana me fijé que cuando salgo con Matías a buscar las frutas, hay docenas de feijoas maduras en el piso que minutos antes no habían estado. A él le encantan las dichosas frutas esas y se comen cuatro o cinco de una sentada. Bueno, eso está bien. Como dice el Chavo, al cabo que ni quería..., pero es que la mata de uchuvas está al pie (¿a la raíz?) de los árboles de feijoa y esas sí me gustan, pero nunca hay. En todo el tiempo que he vivido acá no me he comido la primera uchuva madura. Tampoco llego a tiempo para recoger los duraznos, que siempre encuentro picoteados, ni las guayabitas del Perú y nada que se maduran las berracas peras. Todos los días voy y les echo ojo pero hasta ahora lo único que parece estar creciendo son las acelgas que sólo sembré porque me encimaron las semillas. Nada de lo que me gusta ha dado cosecha y ya estoy empezando a sospechar: ¿No me querrán mis matas? ¿Estaré ante un motín vegetal?

Creo que sí, y que la culpable de todo es la mata de curuba de la entrada. El día que vinimos a ver la casa vi esa enredadera y dije que no me gustaba el jugo de curuba y creo que me oyó y está liderando una huelga frutal.
Lo que me faltaba...creo que mañana le voy a comprar una matera nueva a la planta carnívora porque si esa la emprende contra mí podría tener problemas graves.

1 comentario:

Abel Méndez dijo...

Profe don Abel:



Ayer en la finca podé un eucalipto de diez metros de alto que estaba muy cercano a la casa, me preocupaba que se desgajara y nos cayera encima. Le dejamos sólo las ramas bajitas. Al mirarlo, antes noble, alto, soberbio y ahora achilado, pelado, humillado, sentí tristeza. Y no pude evitar imaginar que él estaría sintiéndolo realmente, de alguna manera.



Muy lindo este artículo de Angelita.



Luis



Luis Fernando Múnera López
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