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jueves, 9 de diciembre de 2010

Vista de lince 119

No hay mayúsculas intermedias en nuestro idioma
Vamos a tratar sobre dos correcciones muy frecuentes: la partícula ex y el uso de mayúsculas.
Un poco de historia
Cuando reapareció la Gazapera bajo mi dirección en El Espectador, encontré que en ese diario se consideraba la partícula ex, que se antepone a los nombres de los títulos, de los cargos y de las dignidades para significar que determinada persona tuvo ese título o ejerció ese cargo o dignidad, pero no lo ejerce en el presente, como una preposición latina y así aparecía la vigésima edición del Diccionario de la lengua española (1984); por ser preposición se escribía separado del nombre respectivo: ex presidente, ex concejal, ex alumno. Participé de ese concepto y más cuando en 1992 la Real Academia le quitó el calificativo de latina a la preposición con lo que entró a engrosar la lista de preposiciones españolas.
Desde ese tiempo se escuchaban voces, como la del profesor Ciro Alfonso Lobo-Serna de la Universidad Sergio Arboleda de Bogotá, que sostenían que esa partícula no podía ser preposición sino un prefijo preposicional, pues tenía el mismo oficio gramatical que los prefijos vice- y sub- en las palabras vicerrector, viceministro, subgerente, subteniente. Además la Real Academia hacía aparecer la palabra excombatiente, y aún aparece, con el mismo significado de ex combatiente. Comprendo la lógica de la teoría del doctor Ciro Alfonso, pero por disciplina y por costumbre he usado la forma preposicional, ex presidente.
Cuatro años después de llegar a El Espectador con la Gazapera, llegué a El Colombiano con la Vista de lince, allí encontré el uso de prefijo, pero poco a poco fue entrando la forma preposicional de tal manera que se puede decir que han convivido el ex ministro con el exministro, el excombatiente con el ex combatiente y todos los demás exes en forma proposicional con las correspondientes formas de prefijos. He sido respetuoso de esa convivencia por considerar lógica la teoría del doctor Ciro Alfonso y por mi teoría de la jurisprudencia gramatical: “Lo que es bueno a una palabra sigue siendo bueno a todas las demás que se le parezcan”.
Aunque la Real Academia sigue manteniendo el excombatiente en su nómina, fue visto por algunos de nosotros como causa de un interés extremo para mantener esa partícula ex separada de la palabra el haberla catalogado en la última edición del Diccionario, la XXII (2001), como adjetivo (¿?). ¡Qué despelote! Si fuera adjetivo tendríamos que decir un ex presidente, varios exes presidentes. No veo razón lógica para que un adjetivo calificativo no tenga plural. No me adherí a la idea del adjetivo: sigo con la idea preposicional.
Cuando hace un mes y pico se suscitó la alharaca periodística acerca de que la Ortografía la echarían a la sartén, irían a revolver y sacarían una nueva. Uno de los cambios vislumbrados sería el reconocimiento de la lucha de Ciro Alfonso y compañeros pues convertirían la partícula en prefijo y a los preposicionistas y a los adjetivistas nos volverían ropa de trabajo. La reunión de reforma ya fue (28 de noviembre pasado) y ha logrado trascender a la opinión que de los cambios esperados, como que ni la pasta del libro.
No hago cábalas mientras no vea el texto reformado, pero en este punto, a lo máximo, creo que saldrá la convivencia pacífica que siempre ha existido. Si me equivoco y la orden de pasarnos a prefijo viene taxativa, no será para que mis detractores me hagan brujos: obediente como perrito regañado con la cola entre las patas me pasaré para el equipo de don Ciro Alfonso. El día de la quema se verá el humo.
A todas esas, he notado que el principal periódico de mi ciudad corrió a reforzarse en la forma de prefijo como antaño al conocer los rumores de cambio de que hable. Eso está muy bien, reitero que acepto los exministros, los expresidentes, los exconcejales. Pero lo que no puedo aceptar es lo que está pasando con altos cargos:








En español no existen las mayúsculas intermedias; veamos los numerales 4.31 y 6.9 del Diccionario panhispánico de dudas en su entrada mayúsculas:
«4.31. Los títulos, cargos y nombres de dignidad, como rey, papa, duque, presidente, ministro, etc., que normalmente se escriben con minúscula, pueden aparecer en determinados casos escritos con mayúscula. Así, es frecuente, aunque no obligatorio, que estas palabras se escriban con mayúscula cuando se emplean referidas a una persona concreta, sin mención expresa de su nombre propio».
6.9. «Los títulos, cargos y nombres de dignidad como rey, papa, duque, presidente, ministro, etc., se escriben con minúscula cuando aparecen acompañados del nombre propio de la persona que los posee, o del lugar o ámbito al que corresponden».
1.° la palabra expresidente de por sí es un título. No lo es sólo el componente presidente. Si alguien considera necesario ponerle mayúscula, se la debe poner a la palabra Expresidente. No hay Mayúsculas intermedias.
2.° En todas las fotos mostradas está el nombre del expresidente, si está ese nombre, el título no reemplaza el nombre propio del exmandatario (4.31) y además va acompañado del nombre del exfuncionario (6.9) por cada una de esas razones la palabra expresidente no lleva mayúscula.
En estas dos fotos van bien:




Otro bodrio




Además de la mayúscula intermedia la partícula ex se antepone (en cualquiera de las dos formas explicadas) a nombres de títulos, cargos y dignidades. Aplicárselo a organizaciones o a empresas para referirse a alguien que perteneció a una de ellas es coloquial no aprobado.
Cerremos por hoy con un eufemismo
Miremos las definiciones de anciano y de viejo.
Ninguna de las dos tiene un sentido despectivo para ser nombrados con alguna de ellas los que hayan llegado a los 70 años para la segunda o los que tenmos mucha edad, para la primera. Me di cuenta de que tenía mucha edad cuando un joven, al parecer universitario, se levantó del asiento en el metro y me cedió el puesto, eso ocurrió hace unos cuatro años cuando hacía poco había cumplido los 60 años. Confieso que vacilé en aceptarle el puesto, no me sentía impedido para hacer el viaje de pie como muchas veces lo he hecho. Aceptar aquel puesto era aceptar haber llegado a la ancianidad: lo acepte y no regañé al muchacho por insolente ni empecé a decir que yo era un adulto mayor o un miembro de la tercera edad, como tratan de disfrazar esa condición natural de llegar a la ancianidad. Mis canas fueron elocuentes para aquel joven que me abrió la puerta.