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lunes, 12 de noviembre de 2012

Vista de lince 151

Malala, La malhablada
 
El primer diario de mi ciudad, Medellín, creó a principios de año un personaje ficticio, Malala, una niña de unos doce años, aunque como buena mujer no ha revelado a sus lectores, entre ellos este servidor, su edad ni su grado de escolaridad que lo supongo en séptimo, lo que en mi época se llamaba segundo de bachillerato.
 
Malala es una niña superentradora todos los funcionarios de la Administración departamental de Antioquia y todos los de de las administraciones municipales del valle de Aburrá, que tienen que ver con las quejas de los amigos de Malala, le pasan al teléfono y le prometen esta vida y la otra para solucionar los motivos de sus quejas.
 
Es bueno recordarle a Malala que Antioquia tiene otras 115 municipalidades fuera del valle de Aburrá que también necesitan solucionar sus problemas.
 
Parece que por tanta actividad extraescolar, a Malala le queda poco tiempo para repasar las lecciones de español o su profesor no se las enseña adecuada ni oportunamente, porque el vocabulario usado no es el mejor y casi ni el promedio. La niña tiene todos los vicios idiomáticos de los periodistas adultos —tales como el verbo «apostar» por «emprender», «arriesgar», «invertir recursos», etc.; la falta de espacios en las abreviaturas; la ausencia, casi total de la coma del vocativo, entre muchas otras. Además de lo explicado, y para simular un lenguaje infantil introduce algunos giros de la infancia de quienes hoy pasan de los treinta, de encima, se rebusca dos interjecciones de la misma época que se volvieron supercansonas. Todo eso, y algo más, lo veremos en los recortes que les presento.
 
El problema de lo explicado radica en que Malala es un modelo que muchos niños quisieran seguir. Entonces intentarán ser como ella, escribir como ella, llamar a los funcionarios, como ella lo hace; por lo cual muchos niños sentirán la frustración de no poder obtener una respuesta telefónica como Malala es capaz.
 
Para mí, el personaje en vez de bien hace mucho mal; me limito a exponer el mal idiomático. Ya habrá psicólogos que manejen el mal de imitación. Evoco para esa labor a un personaje del desaparecido periódico El Observador que se conseguía en los expendedores de confianza del metro de Medellín. Se llamaba el Paseante, este sí adulto, y alguna vez mujer. Además de las quejas de los lectores contaba también las dificultades de comunicarse con los funcionarios. No todos le pasaban gustosos al teléfono, como parece sucederle a Malala.

Malala y la coma del vocativo.

El vocativo es la palabra que se usa para llamar la atención de una persona, animal, o cosa personificada para que escuche lo que le vamos a decir. Por lo general, se usa el nombre propio, un apodo o los términos de cortesía. El vocativo se independiza del resto del discurso mediante comas. Si el vocativo inicia discurso va seguido de una coma; si está en el medio, va seguido de una coma y precedido por otra, y si está al final, precedido de una.
Estas son las tres clases de vocativo, según su localización: 
«Pedro, ven acá», «Estos regalos, mi estimado amigo, los he adquirido para ti»; «No te has despedido de mí, querida amiga».
Las expresiones «Pedro», «mi estimado amigo» y «querida amiga» son los vocativos respectivos de las tres oraciones del ejemplo.


«Malala, casi me descalabro».
 
«¿Cierto, Malala?».
 
«Oíste, Malala, a vos que te gustan tanto...».
 
«Malala, ya es hora...». 
 
Aquí junté cinco observaciones:
La coma del vocativo, «porqué» cuando debe ser «por qué» y falta de los signos de interrogación:
«Malala, ¿por qué no te das una vuelta...?».
Una frase que tiene dos expresiones innecesarias:
«la verdad»: Se supone que uno dice la verdad entonces no hay necesidad de andar explicándolo. «Es que»: el esqueísmo, una forma de que galicado, siempre sobra. La frase queda:
«Nunca me había detenido a mirar...».
Aparece la interjeccón «¡guácala» que ya se le volvió muletilla.
No hay ninguna razón para la mayúscula de la interjección.
  
Aquí faltan dos comas de vocativo y aparece de nuevo el esqueísmo que siempre sobra:
Sí, señores; ¡cabalgata, allá voy!, porque me encantan los caballos.
 
Aquí son dos errores que se juntan:
Una discordancia:
Muchas me dijeron, mi mamá fue un de ella
entonces «mi mamá fue una de las que me dijeron».
La coma del vocativo: «Malala, qué taco...».
Aparece la segunda interjección de las que se volvieron muletillas, ésta con la minúscula correcta.

 Primer descache de malala.
 
Malala debería tener una asesor que le indique las cosas que siedo verdad no hay necesidad de decirlas. Es comprensible, para los que hemos estado en los medios periódisticos, que no todo lo que llega cabe en el periódico y más si se trata de solución de problemas que tenemos a montón. Con una redacción como ésta no falta el usuario que se moleste porque su carta no haya sido comentada, ni su barrio visistado por Malala.
—Claro, en mi mensaje no se detuvo ni en él se interesó —exclamara el desatendido y de ahí en adelante:bravos pa toda la vida.
 
Extranjerismos de Malala
 
Han sido pocos los extranjerismos innecesarios usados por la niña, por ahora tengo dos:
 
El primero es uno de los ene mil anglicismos innecesarios que llegaron y siguen llegando con las nuevas tecnologías informáticas. Le habríamos entendido si hubiera dicho sin bastardillas: «en su mensaje», «en su correo», «en su carta» (una carta también puede llegar por correo electrónico.

Éste es un galicismo (voz propia del francés) antiquísimo. A pesar de que todos los dedicados a corrección nos hemos ocupado de él no lo hemos podido acabar. La forma correcta es: «... cuál es el plan que se debe seguir...».
 
Esqueísmo de Malala
 
Supongo que esta feísima forma del que galicado ha sido puesta por los creadores de Malala para dar la impresión de un lenguaje infantil. Nada más contraproducente para los niños seguidores y admiradores de Malala, pues la considerarán correcta y la seguirán usando hasta el fin de sus días. Tiene la característica de que no se necesita para entender el mensaje: se borra y no se le hace el más minimo daño al contexto. Ya arriba se han solucionado algunos que estaban junto a las faltas de coma del vocativo.
 
«Ella siempre ha dicho que estos...».

«No me imagino tener que bajarme...».
El acusativo «me» es complemeto directo del verbo «bajar», no del verbo «tener».
Aparece la interjección muletilla «¡uich!», sin que exista razón alguna para que vaya con mayúscula.

En orden de aparición:
Por fin una coma del vocativo correcta. Obsérvenla en el primer renglón.
Sobran los dos puntos después de las comillas.
Nuevamente la muletilla interjeccción «¡uich!» sin razón que justifique su mayúscula.
No sólo sobra el esqueísmo, sino también la frase que le antecede: «lo que pasa...», Veamos:
«No cuento con las grietas ní con los huecos..». En la corrección pueden observar que la conjunción copulativa es la negativa «ni» y que la preposición «con» se debe repetir después de la conjunción.

Aquí también sobra la frase antes del esqueísmo: «Seguiré buscando el responsable».

«Al llegar al lugar, me llamó la atención un proyecto realizado por la comunidad...» Al no mencionar sino el proyecto es de suponer que fue lo que más le llamó la atención, sobra recalcarlo.
Las letras que acompañan los números de las calles, carreras, transversales y diagonales cuando son repetidos se separan de las cifras mediante un espacio: «Calle 104 B», lo mismo cuando se necesitan las palabras o siglas de los puntos cardinales: «Puente de la 4 Sur» o «Puente de la 4 S».

«Me contaron que ya tenían el proyecto entre ceja y ceja y eso me puso muy contenta»

«No es la primera vez que pasa».
 
Las abreviaturas de Malala
 
Es casi nulo el porcentaje de escritores que usan bien las abreviaturas. Cuando una abreviatura es compuesta de varias, cada abreviatura es una palabra y las palabras se separan entre sí mediante un espacio.
 
«... a las 10 a. m.».

La palabra «Fiestas« tambien pertenece al nombre propio del evento y va con mayúscula. No estamos invitados desde las 11:00 a. m., sino que estamos invitados a asistir desde esa hora. se disfrutan las orquídeas, no de las orquideas. Faltaba una preposicón «a». También hay mal uso de la conjunción copulativa que debe ser la negativa:
«... justo durante las Fiestas de la Raza. Todos estamos invitados a asistir desde las 11:00 a. m. hasta las 12:00 p. m. a cultivar y a disfrutar las orquídeas en un parque sin barreras ni fronteras...».

«... a eso de las 2:00 p. m., a un bus...».
 
Malala y los apodos
 
Las normas de los apodos son varias, pero para no hacer muy dispendioso este artículo de hoy, sólo pongo los dos casos que se me presentan en los recortes:


En este, por ejemplo Malala pasa por alto un norma vieja, pero acata una que está en la nueva Ortografía, ¡clap!, ¡clap! Veamos:
El artículo no pertenece al apodo y, por tanto, no va en mayúscula y se puede contraer. Así: «... conocí al Perro...». esa es la vieja. La nueva: sólo se ponen comillas a los apodos cuando van intercalados, sin artículo, entre el nombre de pila y el apellido: Roberto «Pajarito» Buitrago.

Nuevamente el Perro con las mismas dos características encontradas en el recorte anterior, pero esta vez no hay contracción.
Falta una preposición: «... un recorrido por la historia y por los sueños de los habitantes...».
 
El casino de Malala
 
Como a la mayoría de periodistas y políticos del país, a Malala también le gustan los casinos (y eso que es menor de edad): ya nadie invierte, ya nadie emprende una labor, ya nadie inicia un proyecto, ya nadie ejecuta actos similares. Todo el mundo apuesta. ¿En qué gran casino se ha convertido nuestro país, según palabras de mi colega y amigo Óscar Gil, Ó'Gil. 
 
Falta la mayúscula del nombre del barrio y una coma:
«... en el barrio de 12 de Octubre, estan emprendiendo la creación de un parque sólo de orquídeas, no dudé...».

Las cifras y las letras de Malala.

Separaditos, pues, como los novios de pasados siglos.

«... el parque de la 30 A con la carrera 72 A..».
  
La discordancia de Malala
 


 

Muchas me han escrito muy preocupadas.
Mi amiga Gladys es un de ellas.
«Mi amiga gladys es una de las que más preocupadas me han escrito».
 
Algunas se desesperan cuando un taco está demorado.
Yo soy una de ellas.
«Confieso que soy de las que se desesperan cuando un taco está demorado».
Además de eso es un comentario negativo que no es bueno confesar cuando de acaparar la simpatía se trata. Considerémoslo el segundo descache de Malala y no le pongamos título para no ayudar a la imagen negativa.

Éste es el gazapo campeón, el que no falta en cualquier medio escrito o hablado de nuestro idioma consiste en usar el pronombre «le» en singular cuando el complemento es plural.
  
La dequefgobia de Malala
  
La dequefobia es la enfermedad gramatical de los que creen que la preposición «de» y el realtivo «que» nunca se pueden juntar. Recuerden los dos métodos para saber si la preposición es necesaria: la conversión en pregunta y el reemplazo por el pronombre neutro esto:

¿De qué estoy segura?
Estoy segura de esto.
»Estoy segura de que mi papá...».

¿De qué estamos convencidos?
Estamos convencidos de esto.
«... los dos estamos convencidos de que este tipo...».
 
 Tercer descache de Malala
 
Por tercera vez, Malala manifiesta un defecto que puede opacar su buena image. Uno cuando se mete a redentor sale crucificado. Y la entrega a los demás tiene muchos sinsabores.
 
La lupa no se pone, Malala, se toma en la mano
 

 
 
En los dos recortes anteriores, Malala asegura tener la lupa puesta. No sé cómo lo hace porque nuenca he visto una lupa puesta. Siempre la veo en la mano de alguien como el niño de la foto. Es posible cambiar por frases como «Espero, lupa en mano»; «tengo la lupa en la mano» y similares.

  
 
El gentilicio

 
Aunque en mi buscador preferido la cantidad de páginas que contienen el erróneo gentilicio «bellanita» es diez veces más que la de paginas que contienen el correcto, yo aseguro que éste es «bellense»y no bellanita. Hay gente a la que le gusta lo más feo.
  
Las mayúsculas de Malala
 
La palabra «Fiestas» pertenece al nombre propio del evento y va con mayúscula: «Las Fiestasde la Industria y el Comercio».

No hay razón apara que las palagras «parapente» y «guácala» vayan con mayúscula..

No hay razón para que la palabra «guácala» vaya con mayúscula.

Ídem.:
 
Por fin, la muletilla con la minúscula correcta.
Las expresiones «muchas veces», «varias veces», son preferibles a la expresión «mas de una vez» pues ésta tiende a formar un falso singular.
 
Los ojos de malala

Ni modo que Malala pretendiera ver la situación con ojos prestados. Le habría quedado más sencillo decir «... fui a cerciorarme de la situación».

Los prefijos de Malala

El prefijo super- (sin tilde) es aprobado por la Real Academia para unír a adjetivos como una forma alterna de superlativos, y a sustantivos para ponderar en ellos algunas de sus características. Forma con ellos un sola palabra: «... una conducta superresponsable»
La palabra «avenida» no hace parte del nombre propio de la vía y va con minúscula.

Falta una coma del vocativo en «Y sí, señor, estuvimos...»
«... una experiencia superagradable...». 
 
  
La redacción de Malala.
 
La expresiones «es decir», «es a saber» y «esto es» se usan intercaladas en el texto mediante comas para introducir una explicación que se considere de mayor claridad y no se usa el relativo «que»: «... y que los peatones no deberían pasar por ahi, es decir, en este caso los imprudentes somos los transeúntes»
No habría sido necesario el verbo «incluyéndome» porque la construcción en primera persona plural «somos» ya la incluyó.
 
Lo que dijo el tío David son palabras textuales y van entre comillas:
«... como dice mi tío David: "Vida solo hay una"».
 
Tildes de Malala
  
Los nombres «Ciclomán», «Supermán» y similares deben llevar la tilde en la última sílaba.
 
¿Por qué nadie le pone tilde al acrónimo «Índer» si es una palabra grave terminada en vocal diferente de ene y de ese?
El nombre «Mucho más que Pedaleo» lleva las mayúsculas que expongo. Nuevamente, la tilde de «Ciclomán»
 
Nuevamente la tilde de «Índer» y falta también la de «¡qué chévere» sin que haya razón alguna para que el pronombre «qué» vaya con mayúsculas.
 
El cuarto descache de Malala
 
 

¿Habrá contado Jairito los puentes del metro? Contados de memoria (pude olvidar algunos) tengo 32, sin contar las derivaciones de Industriales hacia Punto Clave, Poblado hacia Monterrey y Aguacatala hacia Eafit ni los puentes de Sabaneta y La Estrella, si los tienen, porque aún no las conozco. ¿Por qué sólo hay que techar el de Caribe?
 
Aduce Malala que las filas que se hacen para entrar se salen de la parte cubierta y la gente se moja cuando llueve. Son varias las estaciones donde la gente hace fila.
 
Comparto el desinterés de la empresa Metro por esa solicitud. Por varias razones.
 
Lo que se haga en un puente hay que hacerlo en todos
 
Aunque no soy arquitecto dudo mucho de la estética de tales techos. Imagínense cómo se verían los puentes de esta estación techados.
 
Los únicos puentes techados los conozco son en los caminos de herradura, ya casi inexistentes. A ninguno de ellos le falta la leyenda del ataúd en la mitad a las doce de la noche. No pretendo encontrar ataúdes en los puentes, pero tampoco que mis familiares tengan que buscarlo porque algún maladrín dañó la iluminación y yo no me dejé atracar.
 
Las filas y congestiones no ocurren sólo en la Terminal. ¿Habrá ido Jairito por Industriales, Exposiciones, Poblado, Aguacatala, Envigado, por ejemplo?
Para las filas y congestiones falta educación del usuario: Es coincidente que ambas estaciones (la de entrada al sistema y la de destino) estén congestionadas. El usuario se puede proveer desde el día anterior de los tiquetes que necesitará y la congestión en las filas baja.
 
El uso de la tarjeta Cívica, excelente invento sin las fastidiosas cuotas de manejo de las tarjetas bancarias, disminuyen las filas con los puntos de recarga externos al sistema. ¿Quién podrá ser tan tonto de hacer una fila en la estación Poblado para recargar la tarjeta, pudiendo hacerlo sin fila en un almacén de Monterrey? Estamos acostumbrados a dejar todo para el último momento..