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jueves, 30 de agosto de 2012

Caminos y montañas 3 de 38


Caminos y montañas
Elogio de la Ingeniería
Carlos Castro Saavedra.
 

 
Caldas
 
Los hombres y los árboles tienen mucho en común. Las obras de los seres humanos pueden compararse con los frutos que produce la tierra y con los procesos vegetales. La semilla es el símbolo por excelencia de todo nacimiento. Si se aspira a hablar de algo que ya existe, de algo que ya tiene vida propia y copioso follaje, hay que mirar hacia el pasado y tratar de descubrir y reconocer, en medio de la sombra, la pequeña burbuja que produjo el milagro de la creación, para poder entender, a cabalidad, el desarrollo de los pueblos y de los bosques.
 
Todo lo anterior, para tratar de prologar un poco el nacimiento de la Escuela de Minas de Medellín. Se cometería una injusticia si no se hablara, a este respecto, de su precursor de la primera tentativa de la primera semilla sembrada en el corazón de Antioquia, justamente por Francisco por José de Caldas, el sabio, el santo y el héroe de nuestras gestas libertadoras.
 
Caldas, en realidad, fue un apóstol de la sabiduría y a la vez de la causa de nuestra independencia. Director del Observatorio Astronómico, editor del Semanario del Nuevo Reino de Granada, buen amigo de las estrellas y de las luces —estrellas también— que produce la inteligencia para alumbrar la marcha de los pueblos hacia la conquista de su propio destino.
 
En su afán de dar vida real a sus conocimientos, lo mismo que a sus anhelos de liberación, Francisco José de Caldas fundó en Medellín, en el año de 1814, la Academia Militar de ingenieros que hay que reconocer como el primer paso de la Escuela de Minas, remoto pero fecundo, perdido entre los escombros que los años van dejando a su paso, pero reconocible a pesar de todo. Y digno de los más vivos sentimientos de admiración y de gratitud.
 
La Academia Militar de Ingenieros, fundada por Caldas en medio de montañas y de dificultades de toda índole, fue el principio de todo cuanto hoy existe en Antioquia, en el campo de la Ingeniería, en el de las ciencias exactas y en el de la técnica. Aquella Academia fue la semilla en que insiste el lenguaje simbólico para hablar del nacimiento de la Escuela de Minas de Medellín, cuyos claustros —hoy tan estrechamente unidos a la historia de este departamento— tantos hombres ilustres han dado al país.
 
Fusilado murió Caldas, mas las balas que destrozaron su cabeza, llena de planetas de plantas de metales y de números que representaban la lucidez de su inteligencia y el equilibrio del mundo, no alcanzaron a convertirlo en un puñado de ceniza. Con el sudario rojo de los mártires retornó a la tierra para alimentar con su invencible savia de héroe, de científico y de labriego la siembra que hizo durante su vida. Desde entonces trabaja entre raíces y ayuda a los árboles a crecer y a la ingeniería de Antioquia a dar sus frutos nacionales.