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sábado, 20 de octubre de 2012

Vista de lince 150


No robarás (Ex 20, 15)

Los versículos 13, 14, y 15 del Éxodo son los más cortos de la Biblia, al menos en español. No tienen incisos, aunque la ley humana les ha dado ciertos atenuantes tales como defensa propia para el primero, y necesidad extrema para el segundo, que llegaría a ser otra forma de defensa propia. Sin embargo, el imaginario popular se ha ideado otros, co,o se puede ver en siguientes párrafos.
 
Desde hace varios años, la casa editorial de El Mundo ha tenido unos expendedores de periódicos en las estaciones del metro en Medellín donde ponía ejemplares de un periódico pequeño: El Observador. Los expendedores tenían el calificativo de «expendedores de confianza» porque tenían una ranura por donde se depositaban quinientos pesos y quien lo hiciera podía tomar uno de los ejemplares. Funcionaban de tal manera que aún sin depositar los 500 pesos quien quisiera tomar ilícitamente el ejemplar lo podía hacer. Estoy seguro de que los ejemplares que salían por el primer método era un superbajísimo porcentaje de los ejemplares disponibles.
 
Al segundo método yo lo he llamado «robar»; no sólo porque así me lo enseñaron desde segundo de primaria, cuando iba a hacer la Primera Comunión, sino también porque así está definido en la segunda acepción que de esa palabra trae el Diccionario:
 
«2. tr. Tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea».
 
Hubo una modalidad alterna que tal vez eliminaba el cargo de conciencia de algunos y consistió en no robar el periódico, sino la información, es decir, leerlo gratis. Los adictos a esta nueva forma tomaban el periódico en la estación de ingreso y después de leerlo, hojearlo, ojearlo, arrugarlo y hasta empezar el crucigrama lo depositaban en el expendedor de la estación de destino.
 
Vengo redactando en copretérito porque aún estoy hablando de El Observador. Fueron muchos los madrazos que me gané por recordarles a los abusivos que depositaran la moneda. Que no robaran. Además, mandé notas y fotografías a los editores dando cuenta de los hechos y hasta les conté una anécdota de cuando una joven me preguntó acerca de por qué depositaba monedas si nadie me estaba viendo y al mostrarle que de arriba nos veían se puso a buscar la cámara en el techo de la estación. Nada obtuve con eso.
 
Un día cualquiera ya no se encontró El Observador, y al día siguiente En el puesto que se encontraba el periódico se empezó a ser la estrella de la editorial: El Mundo, es decir, los dueños coronaron el peón y sacaron a jugar la reina. En la ranura ya no se indicaban quinientos pesos, sino mil, acompañados, no de una observación, sino de una súplica para favorecer una Fundación (la palabra «fundación» tiende a ser considerada como filantrópica y mueve hacia la misericordia).
 
El efecto fue arrollador, dura más un bizcocho en la puerta de una escuela que los ejemplares de El Mundo en el expendedor, el porcentaje de los ejemplares pagados es mucho más bajo que antes. Hasta la gente que va de pie en el vagón abre el diario para que todo el mundo vea que están leyendo un periódico de caché: El Mundo, y no un periodiquillo de quinientos pesos.
 
En una reunión de amigos hice el comentario acerca de que la editorial de El Mundo, se había cansado de que le robaran de a quinientos pesos y que ahora quería que le robaran de a mil.
 
Uno de mis amigos me miró con cara de estar pensando «Este don Abel sí es muy ingenuo» y dijo:
 
–Mire, don Abel, El Mundo necesita circulación…
 
—... cueste lo que cueste —terminé entre dientes.
 
Dejé mi ingenuidad, pero no he dejado de pagar los mil pesos (cuando encuentro periódico).
 
Este cliente fijo de El Mundo que he tratado de describir sabe que está robando, pero se hace este análisis:
 
—Eso es de un rico. Al rico no le hacen falta mil pesos, si yo pago esos mil pesos, mañana no tendré para darle a mi hijo para el transporte al colegio (y es cierto). A mí sí me hacen falta esos mil pesos, pero quiero leer.
 
Bajo esa reflexión, el individuo crea una obligación del rico hacia él. Es el rico el que tiene que pagar su lectura. Pero ocurre que no son mil pesos solamente porque esa reflexión se repite día a día cinco días a la semana lo que constituye un robo continuado de aproximadamente $230.000 al año descontando vacaciones y festivos no trabajados y sin tener en cuenta que cada primer miércoles de mes son mil quinientos pesos adicionales. Por rico que sea alguien, no se deja sacar $230.000 así no más del bolsillo.
 
Pasemos a nuestro hombre, con su conciencia ya encallecida por un robo insignificante diario, a otro escenario: va una tarde cualquiera al centro de la ciudad se y se encuentra una asonada. Unos extremistas, no necesariamente los participantes de la asonada, aprovechan el tumulto rompen el vidrio de una tienda de zapatos. El sujeto contempla desde prudente distancia y va contando cuántos pares zapatos salen de la vitrina. Cuando van unos diez no aguanta más y se hace la misma reflexión
 
—Esto es de un rico. Ya le han robado diez pares, uno más no le aumenta el daño. —Y va por el suyo cuyo valor pasa del medio paquete y no necesitó dos años para completarlo. Así sucesivamente va aumentando el monto de que es capaz su conciencia. El rico, el que se dejó robar el periódico, será el cómplice de su latrocinio ad æternum.
 
Hace varios años la editorial Planeta trajo al país una nueva modalidad de periódico: lo regalan en las esquinas y hasta pagan a alguien para que lo distribuya. No se lo dejan robar. Lo regalan. El Mundo hace lo contrario: se lo deja robar, no lo regala.
 
Mientras no me regalen el ejemplar, seguiré echando los mil pesos.
 
Gabriel Escobar Gaviria
Envigado, 18 de octubre de 2012

1 comentario:

Bernardo González White dijo...

Ingeniero y maestro:
Una bonita lección para los "rateros", para aquellos que disfrutan con lo que no les pertenece. Muy al principio tomé un periódico El Observador,(En el Parque de Berrío) no lo conocía,(el periódico) no tenía monedas, y me lo llevé, terminé de leerlo en Sabaneta. Me pareció agradable, y días más tarde tomé otro ejemplar y en restitución deposité un billete de $5.000. Nadie dijo nada, excepto la mirada extraña de un "pato" que se dió cuenta. (Ese viejo está loco, pensaría) ¿Alguien se lo apropió?
Casi a diario recibo ADN en la esquina de La Playa con la Oriental. Tan agradable el periódico como mas niñas que lo entregan. Unas veces hay que hacer la fila.En la esquina de Junín con la Playa compro los otros e incluyo
"Sucesos sen..", perdón "Q´hubo" que debería de ser "Q´HIUBO" o "Quiubo". Queda el interrogante para los sociólogos, los sicólogos y los siquiatras sobre el grado de disfrute de los paisas por: lo comprado, lo regalado o lo robado.