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martes, 19 de mayo de 2009

Vista de lince 70 B

Tres lucrecias



Ésta es la segunda parte de un documento que anda por ahí acerca de la equivicación del tal lenguaje incluyente o equidad de sexo.
La lucrecia roja es la carta original con todas sus inconsitencias; la naranja, la carta como debería ser con esa tontería de lenguaje incluyente sin inconsistecias; la verde, lo que en español se quiso decir.



Regalar dignidad

Por Lucrecia Ramírez Restrepo

Recién iniciadas las tareas en la administración Fajardo, se me recomendó empezar las gestiones para conseguir las donaciones necesarias que garantizaran un número suficiente de jugueticos, carritos y muñequitas, me decían, "para regalarles a los niños pobres de Medellín", y me aclaraban, "los de las comunas", tal como se acostumbraba durante cada Navidad en la ciudad desde hace muchas décadas. Es tarea habitual del despacho de las primeras damas encargarse de conseguir los regalitos, que se distribuían en un acto público a los niños y las niñas en los primeros días de diciembre. Desde cuando me anunciaron esa tarea tradicional sentí desazón, tengo que confesarlo. Tardé varios días en entender qué era lo que no me dejaba tranquila. Me imaginaba en uno de los parques de la ciudad entregándole un carrito o una muñequita a un niño o a una niña, con un abrazo y un beso en la mejilla, eso sí, mirando al frente, para que en la foto quedara claro cómo la ciudad sí cuidaba de la infancia desfavorecida y se acordaba de ellos en la Navidad... y más desazón me daba. Algo en mí se resistía a participar de lo que, a vuelo de pájaro, nadie vería de mala manera. Por el contrario, era un acto caritativo, loable, que con seguridad iban a agradecer los y las niñas, así como también sus mamás, sus papás y sobre todo los dirigentes comunitarios que organizaban el desplazamiento de los afortunados al sitio de la entrega, porque para ellos también había foto y reconocimiento. Cuando se acercaban las fechas, el despacho recibía muchas llamadas de mamás que desde siempre esperaban ese regalito con mucha necesidad porque con seguridad, era el único que su hijo o hija podía recibir en estos días tan especiales de la Navidad, que deben ser muy duros para las familias que no tienen recursos, viendo ese derroche de luces, colores, moños y papel de regalo que inunda los hogares de las clases privilegiadas.

Pues bien, con mi desazón a cuestas, que siempre se me convierte en una pregunta por resolver, decidí pensar en una opción distinta, que se ha ido consolidando a través de estas tres navidades que hemos pasado en la Alpujarra: la Red de Navidad de Medellín. Les explico rápidamente de qué se trata. Muchas entidades, públicas y privadas, se vuelcan, juntas, para que todos los niños y las niñas de esta ciudad, sin distingo de clase social o económica, reciban un mismo regalo de ciudad desde el 7 de diciembre hasta el 7 de enero. ¿Cuál es ese regalo? Quiero que lean esto con cuidado, me perdonan la insistencia pero es que sé que no existe ninguna ciudad en el mundo que se haya unido de esta manera para regalar en Navidad: que entren gratis a todos los museos, los parques y centros recreativos de Medellín. Esta Red está constituida por la Fundación EPM con su Museo Interactivo, Comfama y Comfenalco con sus parques recreativos, el Museo de Antioquia, el Museo de Arte Moderno, la Casa Museo Pedro Nel Gómez, el Museo de la U. de A., el Jardín Botánico, el Área Metropolitana con su Parque de las Aguas, Metroparques con todos sus parques, la Sociedad de Mejoras Públicas con su Zoológico, el Museo El Castillo, el Planetario, el Metro de Medellín, el ITM, Cine Colombia y el Sector Transportador.

Quiero resaltar la voluntad política de todas ellas, su alegría preparando la programación especial y sobre todo ese nuevo espíritu que se está gestando, de construcción conjunta, de comunidad, donde todos los sectores, incluso los transportadores, aprenden a pensar en forma altruistica. También quiero resaltar la importancia que tiene para nuestra sociedad que los niños y las niñas no sean distinguidos por el estrato. Porque cuando tú los convocas y les das algo porque son pobres, ya les estas enseñando que lo que se les está dando, lo están recibiendo por su condición de pobres. Y yo creo que eso es terriblemente injusto, aberrante y además perpetuador de los círculos infernales de la pobreza. Qué puede sentir un niño o una niña cuando toma conciencia de su condición socioeconómica desventajosa, como lo único que convoca la mirada y el reconocimiento del otro. En cambio, lo que propone la Red de Navidad es precisamente eso: los convocamos y los cuidamos porque son niños y niñas, y merecen una Navidad llena de divertimento. Rompemos así la idea de que el único obstáculo es la pobreza. ¿Cuantos menores ricos de nuestra ciudad no conocen parques y museos, porque precisamente sus recursos económicos los condenan al mal y les hacen creer que lo único que hay en el mundo para ver, disfrutar y saborear son vitrinas, audífonos, controles y chucherías? Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicos, curiosos, fascinantes.

Ahora, pensémosle más al tema del regalo para aquellos sin recursos. Tengo una propuesta para que ensayemos el próximo año, porque sé que precisamente para niños y niñas en Navidad, el traído del Niño Dios es una ilusión muy bella. Hagámoslo de manera anónima, garanticemos que en Navidad ninguno se quede sin su traído, entreguémoselo a sus familias para que se lo regalen en nochebuena, a nombre del Niño Dios, sin particularizar otra procedencia, ni decirles que se les escogió porque eran pobres. Así, la infancia de Medellín recibiría el mejor regalo que puede recibir ser humano alguno: dignidad.

NOTA: voy a descansar unos días. Mis lectores y lectoras: que tengan unas fiestas ricas, regalen muchos abrazos, y que el año que viene nos sigamos transformando con mucho amor por esta ciudad tan maravillosa que tenemos.

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Regalar dignidad

Por Lucrecia Ramírez Restrepo

Correcta equidad de género. Se garantiza el uso de la moneda para saber que género va de primero.

Recién iniciadas las tareas en la administración Fajardo, se me recomendó empezar las gestiones para conseguir las donaciones necesarias que garantizaran un número suficiente de jugueticos, carritos y muñequitas, me decían, "para regalarles a los niños pobres de Medellín", y me aclaraban, "los de las comunas", tal como se acostumbraba durante cada Navidad en la ciudad desde hace muchas décadas. Es tarea habitual del despacho de las primeras damas encargarse de conseguir los regalitos, que se distribuían en un acto público a los niños y a las niñas en los primeros días de diciembre. Desde cuando me anunciaron esa tarea tradicional sentí desazón, tengo que confesarlo. Tardé varios días en entender qué era lo que no me dejaba tranquila. Me imaginaba en uno de los parques de la ciudad entregándole un carrito a un niño o una muñequita a una niña, con un abrazo y un beso en la mejilla, eso sí, mirando al frente, para que en la foto quedara claro cómo la ciudad sí cuidaba de la infancia femenina desfavorecida y de la infancia masculina desfavorecida y se acordaba de ellos y de ellas en la Navidad... Y más desazón me daba. Algo en mí se resistía a participar de lo que, a vuelo de pájaro o de pájara, nadie vería de mala manera. Por el contrario, era un acto caritativo, loable, que con seguridad iban a agradecer las niñas y los niños, así como también sus mamás, sus papás y sobre todo los dirigentes comunitarios y las dirigentes comunitarias que organizaban el desplazamiento de los afortunados y de las afortunadas al sitio de la entrega, porque para ellos y para ellas también había foto y reconocimiento. Cuando se acercaban las fechas, el despacho recibía muchas llamadas de mamás y de papás que desde siempre esperaban ese regalito con mucha necesidad porque con seguridad, sería el único que su hija o su hijo recibiría en estos días tan especiales de la Navidad, que deben ser muy duros para las familias que no tienen recursos, viendo ese derroche de luces, colores, moños y papel de regalo que inunda los hogares de las clases privilegiadas.

Pues bien, con mi desazón a cuestas, que siempre se me convierte en una pregunta por resolver, decidí pensar en una opción distinta, que se ha ido consolidando a través de estas tres navidades que hemos pasado en la Alpujarra: la Red de Navidad de Medellín. Les explico rápidamente de qué se trata. Muchas entidades, públicas y privadas, se vuelcan, juntas, para que todas las niñas y todos los niños de esta ciudad, sin distingo de clase social o económica, reciban un mismo regalo de ciudad desde el 7 de diciembre hasta el 7 de enero. ¿Cuál es ese regalo? Quiero que lean esto con cuidado, me perdonan la insistencia pero es que sé que no existe ninguna ciudad en el mundo que se haya unido de esta manera para regalar en Navidad: que entren gratis a todos los museos, los parques y centros recreativos de Medellín. Esta Red está constituida por la Fundación EPM con su Museo Interactivo, Comfama y Comfenalco con sus parques recreativos, el Museo de Antioquia, el Museo de Arte Moderno, la Casa Museo Pedro Nel Gómez, el Museo de la U. de A., el Jardín Botánico, el Área Metropolitana con su Parque de las Aguas, Metroparques con todos sus parques, la Sociedad de Mejoras Públicas con su Zoológico, el Museo El Castillo, el Planetario, el Metro de Medellín, el ITM, Cine Colombia y el Sector Transportador.

Quiero resaltar la voluntad política de todas ellas, su alegría preparando la programación especial y sobre todo ese nuevo espíritu que se está gestando, de construcción conjunta, de comunidad, donde todos los sectores, incluso los transportadores y las transportadoras, aprenden a pensar en forma altruística. También quiero resaltar la importancia que tiene para nuestra sociedad que las niñas no sean distinguidas por el estrato ni los niños sean distinguidos por el estrato. Porque cuando tú los convocas y las convocas y les das algo porque son pobres, ya les estas enseñando que lo que se les está dando, lo están recibiendo por su condición de pobres. Y yo creo que eso es terriblemente injusto, aberrante y además perpetuador de los círculos infernales de la pobreza. Qué puede sentir un niño o una niña cuando toma conciencia de su condición socioeconómica desventajosa, como lo único que convoca la mirada y el reconocimiento de la otra o del otro. En cambio, lo que propone la Red de Navidad es precisamente eso: los convocamos y las convocamos y los cuidamos y las cuidamos porque son niñas y niños, y merecen una Navidad llena de divertimento. Rompemos así la idea de que el único obstáculo es la pobreza. ¿Cuántas menorees ricas y cuántos menores ricos de nuestra ciudad no conocen parques y museos, porque precisamente sus recursos económicos los condenan al mal y les hacen creer que lo único que hay en el mundo para ver, disfrutar y saborear son vitrinas, audífonos, controles y chucherías? Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos y todas, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicas y únicos, curiosos y curiosas, fascinantes.

Ahora, pensémosle más al tema del regalo para aquellos y aquellas sin recursos. Tengo una propuesta para que ensayemos el próximo año, porque sé que precisamente para niña y niño en Navidad, el traído del Niño Dios es una ilusión muy bella. Hagámoslo de manera anónima, garanticemos que en Navidad ninguno y ninguna se queden sin su traído, entreguémoselo a sus familias para que se lo regalen en nochebuena, a nombre del Niño Dios, sin particularizar otra procedencia, ni decirles que se les escogió porque eran pobres. Así, la infancia masculina de Medellín y la infancia femenina de Medellín recibirían el mejor regalo que puede recibir ser humano alguno y alguna: dignidad.

NOTA: voy a descansar unos días. Mis lectores y mis lectoras: que tengan unas fiestas ricas, regalen muchos abrazos, y que el año que viene nos sigamos transformando con mucho amor por esta ciudad tan maravillosa que tenemos.

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Regalar dignidad

Por Lucrecia Ramírez Restrepo

Recién iniciadas las tareas en la administración Fajardo, se me recomendó empezar las gestiones para conseguir las donaciones necesarias que garantizaran un número suficiente de jugueticos, carritos y muñequitas y me decía: "Para regalarles a los niños pobres de Medellín", y me aclaraban: "los de las comunas", tal como se acostumbraba durante cada Navidad en la ciudad desde hace muchas décadas. Es tarea habitual del despacho de la alcaldesa encargarse conseguir los regalitos, que se distribuían en un acto público a los niños en los primeros días de diciembre. Desde cuando me anunciaron esa tarea tradicional sentí desazón, tengo que confesarlo. Tardé varios días en entender qué era lo que no me dejaba tranquila. Me imaginaba en uno de los parques de la ciudad entregándole un juguetico a cada niño, con un abrazo y un beso en la mejilla, eso sí, mirando al frente, para que en la foto quedara claro cómo la ciudad sí cuidaba y se acordaba en la Navidad de la infancia desfavorecida... y más desazón me daba. Algo en mí se resistía a participar de lo que, a vuelo de pájaro, nadie vería de mala manera. Por el contrario, era un acto caritativo, loable, que con seguridad iban a agradecer los niños, así como también sus papás y sobre todo los dirigentes comunitarios que organizaban el desplazamiento de los afortunados al sitio de la entrega, porque para ellos también había foto y reconocimiento. Cuando se acercaban las fechas, el despacho recibía muchas llamadas de padres de familia que desde siempre esperaban ese regalito con mucha necesidad porque con seguridad, sería el único que su hijo recibiría en estos días tan especiales de la Navidad, que deben ser muy duros para las familias que no tienen recursos, viendo ese derroche de luces, colores, moños y papel de regalo que inunda los hogares de las clases privilegiadas.

Pues bien, con mi desazón a cuestas, que siempre se me convierte en una pregunta por resolver, decidí pensar en una opción distinta, que se ha ido consolidando a través de estas tres navidades que hemos pasado en la Alpujarra: la Red de Navidad de Medellín. Les explico rápidamente de qué se trata. Muchas entidades, públicas y privadas, se vuelcan, juntas, para que todos los niños de esta ciudad, sin distingo de clase social o económica, reciban un mismo regalo de ciudad desde el 7 de diciembre hasta el 7 de enero. ¿Cuál es ese regalo? Quiero que lean esto con cuidado, me perdonan la insistencia porque sé que no existe ninguna ciudad en el mundo que se haya unido de esta manera para regalar en Navidad: entrada gratis a todos los museos, a los parques y a los centros recreativos de Medellín. Esta Red está constituida por la Fundación EPM con su Museo Interactivo, Comfama y Comfenalco con sus parques recreativos, el Museo de Antioquia, el Museo de Arte Moderno, la Casa Museo Pedro Nel Gómez, el Museo de la U. de A., el Jardín Botánico, el Área Metropolitana con su Parque de las Aguas, Metroparques con todos sus parques, la Sociedad de Mejoras Públicas con su Zoológico, el Museo El Castillo, el Planetario, el Metro de Medellín, el ITM, Cine Colombia y el Sector Transportador.

Resalto la voluntad política de todas ellas, su alegría preparando la programación especial y, sobre todo, ese nuevo espíritu que se está gestando, de construcción conjunta, de comunidad, donde todos los sectores, incluso los transportadores, aprenden a pensar en forma altruista. También resalto la importancia que tiene para nuestra sociedad que los niños no sean distinguidos por el estrato. Porque cuando al convocarlos y darles algo porque son pobres, ya se les está enseñando que lo que se les está dando, lo están recibiendo por su condición de pobres. Y yo creo que eso es terriblemente injusto, aberrante y además perpetuador de los círculos infernales de la pobreza. Qué puede sentir un niño cuando toma conciencia de su condición socioeconómica desventajosa, como lo único que convoca la mirada y el reconocimiento del otro. En cambio, lo que propone la Red de Navidad es precisamente eso: los convocamos y los cuidamos porque son niños, y merecen una Navidad llena de divertimento. Rompemos así la idea de que el único obstáculo es la pobreza. ¿Cuántos menores ricos de nuestra ciudad no conocen parques y museos, porque precisamente sus recursos económicos los condenan al mal y les hacen creer que lo único que hay en el mundo para ver, disfrutar y saborear son vitrinas, audífonos, controles y chucherías? Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicos, curiosos, fascinantes.

Ahora, pensémosle más al tema del regalo para aquellos sin recursos. Tengo una propuesta para que ensayemos el próximo año, porque sé que precisamente para niños en Navidad, el traído del Niño Dios es una ilusión muy bella. Hagámoslo de manera anónima, garanticemos que en Navidad ninguno se quede sin su traído, entreguémoselo a sus familias para que se lo regalen en nochebuena, a nombre del Niño Dios, sin particularizar otra procedencia, ni decirles que se les escogió porque eran pobres. Así, la infancia de Medellín recibiría el mejor regalo que puede recibir ser humano alguno: dignidad.

NOTA: voy a descansar unos días. Mis lectores: que tengan unas fiestas ricas, regalen muchos abrazos, y que el año que viene nos sigamos transformando con mucho amor por esta ciudad tan maravillosa que tenemos.

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Jerónimo de Luis Tejelo

1 comentario:

Felipe Chavez G. dijo...

¡Que bombazo!
Ahora me pregunto quién es mas ocioso, el que usa esa absurda equidad de género gramatical o el que "corrige" sus documentos.

Gracias por "ilustrarnos" para ser políticamente corectos.