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sábado, 27 de junio de 2009

La columna de Angelita

Mundo moderno

Achú, oink, oink.

Ya sé, ya sé, la influenza porcina es algo serio y hay mucha gente preocupada, pero la ventaja de ser humorista es que nos podemos burlar hasta del “Abrazo de Porky” que tiene paralizado al mundo entero, y realmente creo que la capacidad de los humanos —sobre todo, los latinos— de encontrar un poco de humor hasta en las situaciones más desesperadas es lo que nos ayuda a seguir adelante.

Además, la banda mexicana Agrupación Cariño sacó una canción titulada Influenza cumbia y como ellos pavimentaron el camino, estamos bien.

No es que no haya de que preocuparse. La gente está asustada con razón. La gripa porcina no es precisamente estornudar y que huela a tocino. Pero, a pesar de tanta seriedad, hay que admitir que es chistoso que un estornudo haya paralizado el mundo.

Por ejemplo, la productora Televisa anunció que eliminará los besos “no esenciales” de sus telenovelas. Un vocero anunció que si la trama exige que una escena involucre un beso, este se dará de acuerdo con los lineamientos de salubridad delineados por las campañas para que los actores no se expongan al contagio y den buen ejemplo. Hasta ahí todo bien pero ¿cómo será una telenovela mexicana sin besos sobreactuados? ¿La escena con Rodolfo Pedro y Gisela Cristina se calienta y él la toma en sus brazos y le besa la mejilla? O le grita:

—¡Me provoca comerte a besos! Pero eso no sería saludable… mejor démonos la mano y después nos lavamos con jabón antibacterial.

No es precisamente candente, ¿no?

No crean que la televisión ha sido la única infectada, perdón, afectada. Si no me creen, métanse a Swinefighter.com y descarguen el videojuego con el que uno se convierte en un médico con una jeringa gigante y mata a unos cerdos voladores verdes. Puede que no sirva, pero es definitivamente más entretenido que ver los besos seguros de las novelas.

Otros aprovechando la comicidad del asunto son un grupo de norteamericanos está vendiendo camisetas que llevan la leyenda “Me fui para México y lo único que le traje a mi familia fue la influenza porcina”. Esta industria demuestra que el humor y la moda no están peleados y que la ropa sí tiene conciencia social.

Pensarán que el humor está fuera de tono, pero es una de las armas más efectivas que tenemos contra el contagio. Verán, la influenza porcina es como todas las gripas, luego se trata y previene como las demás, a saber, elevar las endorfinas (que se logra leyendo esta columna) y haciendo ejercicio (por ejemplo, vaya a la tienda), teniendo siempre a la mano un poco de alcohol por su efecto antibacterial y manteniendo una dieta rica en vitamina C y tomando bastante líquido ( haga una jarrada de vodka con jugo de naranja, que combina todo lo anterior), coma muchas frutas y vegetales (hágase unos patacones con hogao y mango biche con limón y sal) procure estar al aire fresco (váyase para la piscina) y brinde por Miss Piggy. ¡Achú!

Ángela Álvarez V.

angela_alvarez_v@yahoo.es

viernes, 26 de junio de 2009

Mario

Era febrero de 1973 yo me había ido con un a trabajar como ingeniero de la Empresa Intendencial de Servicios Públicos de San Andrés y Providencia.

Aún era soltero y por esa razón adquirí una costumbre diaria: alrededor de la 9:00 a. m. salía de mi oficina en la planta a la salida para el sector de San Luis y me dirigía la centro donde había elegido una cafetería en la que convergíamos varios residentes de la Isla dedicados a diferentes labores, tomábamos uno o dos tintos nos desatrasábamos de chismes y regresábamos a las respectivas sitios de trabajo.

Yo me tomaba el primer tinto mientras le daba los últimos toques a la carta diaria que le escribía a mi novia Sofía Inés de la que estaba perdidamente enamorado. Luego me dirigía a la oficina de correo, ponía la carta y buscaba en el apartado pues por lo general tenía una carta también diaria de ella.

Regresaba a la cafetería a tomarme el segundo tinto y cuando no había con quien conversar leía la carta encontrada en el apartado.
Uno de los asistentes a aquella cafetería era un paisa medellinense, de nombre Mario que aparentaba unos 55 años y hasta menos, pero me quedo en los 55 para no exagerar la nota.

Nunca supe lo que Mario hacía, no supe si tenía familia ni dónde vivía en la Isla. Sólo sabía que era muy buen conversador y uno nunca se quedaba sin tema cuando Mario aparecía.

Los demás amigos tampoco sabían mucho, alguien me dijo una vez que Mario Había sido campeón nacional de billar, pero no me precisó fecha. Tal dato no fue desmentido por Mario, pero la fecha de su galardón tampoco se pudo precisar en conversación con el campeón. La verdad, su tranquilidad y despreocupación de los acontecimientos por venir eran características que coinciden plenamente con un campeón de billar.

Después de mi matrimonio ocurrido en abril de aquel año, yo seguí con la misma costumbre matinal, de tal manera que conservé los amigos de tinto hasta venirme de la isla en noviembre.

La buena conversación de Mario fue juntando fechas en mi cerebro matemático pues en sus anécdotas de pronto iban apareciendo contextos históricos que involuntaria e inocentemente se le iban escapando a Mario en sus discursos.

Tales contextos me fueron situando la infancia de Mario en los últimos años de la primera década del siglo; la Primera Guerra Mundial, en la plenitud de su adolescencia, y la madurez completa, al finalizar la década del 20. Podría asegurar que su campeonato de billar, fecha de la que más se cuidaba, podría haber ocurrido en los primeros años de la década del 30.
Un día, cuando ya tenía muchos elementos para estar seguro, le dije a Mario:

—Mario, vos tenés 70 años.

Fue el único día que vi a Mario bravo, bravo no es palabra, furioso. Me recriminó sobremanera que yo pensara que él fuera un viejo decrépito, según sus propias palabras, y a partir de aquel día me esquivó la conversación sin retirarme la palabra ni el saludo.

Como ya dije, a finales de noviembre abandoné la Isla y me vine a trabajar a Medellín. Nunca más he vuelto a ella.

Un día de 1974 salía yo del parque de Berrío de Medellín por la esquina nororiental tomando la calle Boyacá hacia el oriente, y me encontré con Mario que caminaba en la misma dirección.

—Quiubo, Mario, ¿cómo estás?

—Muy bien, hombre, ¿y tú?

—Bien, Mario, dándole al trabajo. ¿pa dónde vas?

—Pa la Clínica Soma a una consulta.

—Ah, pues yo te acompaño hasta allá. Yo voy dos cuadras más arriba.

Para los que no conocen a Medellín, aclaro que en la dirección en la que caminábamos por la calle Boyacá, al terminar la cuadra se encuentra uno con la carrera Junín y de ahí a la clínica Soma se sigue por la acera sur de la avenida La Playa y se encuentra primero, a unos treinta metros de Junín, con el pasaje La Bastilla, una carrera que sólo tiene dirección hacia el sur, otros treinta metros adelante está la carrera Sucre que atraviesa la avenida La Playa y otros cincuenta metros adelante, la avenida Jorge Eliécer Gaitán o avenida Oriental, cruzando la cual está la Clínica Soma en la esquina suroriental del cruce. No es necesario, entonces, que una persona que de la calle Boyacá se dirija hacia La clínica mencionada, tome la acera norte de la Playa, por la sur llega con facilidad.

Donde arranca el pasaje La Bastilla solían reunirse por aquellos días varios señores de aspecto senil, aunque con suficientes fuerzas para llegar al lugar por sus propios medios y regresar a sus casas después de una larga conversación matinal con sus coetáneos. Recuerdo que hasta parqueaban en el sitio un taxi modelo 48 que les hacía juego.

Cuando Mario y yo atravesamos Junín, él me indicó que nos pasáramos hacia la acera norte —donde está el edificio Coltejer— y nos fuéramos por allí hasta la avenida Oriental. Casi a empellones me hizo cruzar la avenida sin darme tiempo para conjeturas.

Una vez en la acera norte, le pregunté por la causa de su apuro.

—Mirá que entre esos viejitos del pasaje La Bastilla –me dijo– hay unos compañeros míos de bachillerato y a mí me da pena que me vean con ellos.

Yo miré a Mario a los ojos y le dije:

–Mario, como a nadie le dan el cartón de bachiller recién nacido y menos antes de nacer, ¿Por qué te enojaste conmigo en San Andrés cuando pude adivinar tu edad?

No recuerdo la respuesta de Mario, pero no se enojó conmigo esa vez. Él mismo había caído en la propia red en la que quería envolverse. Llegamos a la avenida Oriental, la cruzamos, luego cruzamos la avenida La Playa hacia el sur y llegamos a la clínica adonde él entró seguramente a una cita gerontológica.

Nunca he vuelto a ver a Mario desde entonces, y probablemente nunca lo volveré a ver. Aunque uno nunca sabe, por improbable que sea, si me lo vuelvo a encontrar me cuidaré de recordarle que ya tiene 106 años.

jueves, 25 de junio de 2009

Día del Padre (con retroactividad)

Elegía a mi padre

A mishermanos

Una vez tendido le dio por morirse como
antes le había dado por vivir
por talar los eucaliptos y hacer la casa
y se echó a morir porque sabía
que de esa no pasaba.

Acaso, cuando los bueyes se cansaron
de arar, ¿no se había puesto alguna vez
en la nuca y en los hombros la coyunda?
Y la tarea quedó cumplida mucho antes
que la sombra, ya que las estrellas.
Tenía que terminar también su asunto
a cabalidad y como fuera.

En su mano derecha la firmeza
como empuñando un arma
o dirigiendo el surco o trazando
el círculo de su vida, cerrado,
arbitrario, pero tan propiamente suyo
como el bastón de tosco palo,
como el sombrero o los zapatos
o la ropa que llevaba, que ya era suya,
hecha por él, como sus actos.

Su mayor riqueza consistía en ver los potros
galopar libres bajo el ancho cielo
o enlazar alguno con certero silbo,
marcarle el anca y darle nombre,
un nombre fácil: Cascofino, Dulcesueño, El Palomo,
enjalmar la mula., hablar de las heladas.

La tierra vino a él mas no en su ayuda.
Y decía palabras, preguntaba
por amigos que allí no se encontraban
y de sus brazos que iban y venían
como alentando el fuego del herrero
de su propia existencia, le caía
fuerza, sudor como yunques, dominio;
desde sus brazos le caían los días
que vivió, uno a uno, a borbotones.

Pero murió porque le vino en gana,
porque tenía que hacer del otro lado
junto con su mujer, la que le tuvo
los días listos para su trabajo,
dulzura en la mañana, el pan servido
al alcance del corazón, la ventana abierta
cuando volvía hecho trigo de los campos.

Yo no te cuento pero debo contarte:
te llevamos a una casa con amigos
del alma, te acompañamos, ya los sabes,
y al otro día tuviste tres entierros
como te correspondía; en la mañana
te llamabas más Pablo aún, respondías
más a tu nombre: eras silencio.

Por el aire te pusimos en las manos
de otros recuerdos, y tu tierra era entonces
tan cercana. Río arriba, entre los climas,
te nos hiciste piedra en el pecho,
te nos ibas hundiendo pecho adentro
porque tú estabas en él y te nos ibas.

Entraste a Pamplona como silo hubieras hecho
a caballo: tomamos el potro de las bridas
y descabalgaste igual que siempre, entre cipreses.

Como estabas muy alto tus hermanas
no podían verte y una de ellas trajo una banqueta
sobre la que subieron y te llamaron Pablo Antonio,
te nombraron paulinamente Pablo entre las lágrimas.

Pero estabas de espaldas como un río.
En la cuesta tu cuerpo se hizo plomo:
poco después el peso fue liviano
como si hubieras tú metido el hombro
y te llevaras a enterrar tú mismo.

Te colocamos con cuidado, con flores, con ternura.
Yo creo que tenías entre tus manos
una cuerda y un trompo y una espiga
y un rumor de mucho cielo en tus oídos.

Sabes muy bien lo que te cuento
pero te lo digo. Estaban
con el sombrero en la mano
a pesar de la llovizna
todos los que te querían:
el que te vendía la carne,
el que te compraba el trigo
y el hombre de azadón que respetabas.

¿Hallaste allí la paz? es mi pregunta.
Mas yo no debo preguntarte nada.
Tú no querías la paz sino la dura
tierra para sembrar, el aire para
vencer con árboles, cosas difíciles.
Viejo campesino, Padre mío,
en palabra y en acto igual que el hierro:
tan de una vez, tan para siempre:
viejo de a caballo, viejo macho.

Pablo eras no más y Pablo somos.
Padre, qué poco Antonio te llamabas.


Eduardo Cote Lamus

miércoles, 24 de junio de 2009

Fotografías de AT

Los patos


Pido disculpas por no ir pasando las tarjetas en el orden de llegada, porque hoy ando de carreras, pero ésta había que pasarla antes de la celebración, porque si despierta en los demás los sentimientos de remordimiento que despertaron en mí, terminaremos celebrando con crispetas (palomitas de maíz, en otras partes) y si el maíz se entera no es culpa mía porque Envigado no produce maíz.


Feliz cumpleaños, Blog de Don Abel

Hoy, 24 de junio, se cumple el primer año de labores de este blog.

Para celebrar las 200 entradas que se cumplieron ayer nos reuniremos en el centro comercial Oviedo a las 6:00 p. m. donde prenderemos la primera velita.

Propósito para el 24 de junio de 2010: 400 entradas más para un total de 600.

Lugar de reunión Pollos Pinky

Gabriel Escobar Gaviria (Don Abel, Sófocles)

Feliz cumpleaños, Blog de Don Abel

domingo, 21 de junio de 2009

Poesías de PBJ

PATERNIDAD

Un viejo triste, huraño, sórdido,
cruzó mi tierra maternal.
Tras lo turbio de sus pupilas
hallé tan sólo ruindad.
¡Cuán malo es! —dije en mí mismo—
¡que no le vea nunca más!
Si no reprimo mis cóleras
los perros le voy a azuzar.

Después —¡oh hermosura de la vida!—
de aquel horrible hombre en pos
iba un niño por el sendero,
y en el sendero era una flor.

Un vaso de agua, con voz pura
me pidió por amor de Dios;
tembloroso y lleno de lágrimas
dije: —¡Por amor tuyo te lo doy!

Era aquel niño claro y fino,
rosado cual lirio de abril;
a través del cristal yo miraba
de su boca el puro rubí.

—Pequeñuelo, te doy mi granja,
mi pan, mi afecto: mora aquí.
—Mi viejo padre gana el pan de cada día
y es dichoso en mi amor.

Yo comprendí...

¡Oh plenitud! Y desde entonces
a ningún padre odio jamás:
toda miseria la redime
una corona paternal.

Quien tiene un niño, ha ejercitado
divinamente el don de crear.
Quien tiene un niño sublima el mundo
y lo nutre de eternidad...
Porfirio Barba Jacob

Vídeos de TM

Fotografías de TM

Día del Padre


viernes, 19 de junio de 2009

Vista de lince 72

Día del idioma



Aunque estamos alejados del Día del Idioma, 23 de abril, uso este título porque se trata de un recorte de periódico del 23 de abril y precisamente relacionado con la celebración del Día del Idioma.

En él encuentro lo siguiente:

A los bellences les dio por autoproclamarse bellanitas mucho antes de que la RAE aprobara las terminación -ita para gentilicios. Lamentablemente, las veces que he hablado sobre este embeleco bellence he recibido hasta improperios. No me imagino a Marco Fidel Suárez diciendo que él fuera bellanita. La terminación -ita se usa no tanto para gentilicios, sino para miembros de pueblos antiguos del medio oriente casi todos traídos de la Biblia, tales como israelitas, ismaelitas, amalecitas. A algunos manizaleños y a algunos yarumaleños les sonaron como bien esas terminaciones en -ita y se autodenominaron manizalitas y yarumalitas, respectivamente. Sin embargo, en esas localidades han recapacitado y no han dejado que los domine tal moda, aunque haya llegado la aprobación académica. No así en Bello que hasta una empresa de transportes se llama Bellanita de Transporte. Feísimo.

Hace como 17 años logré atajar esa moda en San Jerónimo, un municipio cercano al pueblo donde nací, Sopetrán. Le dije al alcalde de entonces, Horacio Gallego, que no usara jeronimitas en los discursos, sino sanjeronimeños. Me hizo caso y además se interesó tanto en mis enseñanzas idiomáticas que me condecoró con la medalla Atanasio Girardot por mis aportes a la cultura del occidente antioqueño. ¿Sabían los lectores colombianos y los paisas que Atanasio Girardot, el Héroe del Bárbula, era sanjeronimeño?

En el segundo párrafo encuentro dos dislates:

El adjetivo ex no se usa delante de cargos de alta dignidad cuando quien ocupó el cargo ya está muerto, así que al hablar de don Marco Fidel Suárez nos debemos referir a él como presidente de Colombia pues falleció el 3 de abril de 1927.

El otro consiste en que no se debe decir un 23 de abril de 1855, porque 1855 sólo tuvo un 23 de abril por lo que el artículo que se debe usar es el definido: el 23 de abril de 1855.

No veo razón para que la palabra bulevar del tercer párrafo sea con mayúscula.

En el último párrafo encuentro la palabra tema que está de moda y se ha convertido en una muletilla. No agrega nada al conocimiento, eliminándola nada se pierde: Para el senador Juan Manuel Galán, además del homenaje a Suárez, su interés tiene que ver con la seguridad para Bello y con el problema de los combos.

jueves, 18 de junio de 2009

Cuenticos griegos 4

Perseo y Atlas

Entre Zeus y Perseo
fregaron al titán Atlas:
el uno le montó el cielo,
el otro lo hizo montañas.
Contado a lo paisa por Carloa Augusto Cadavid Arango para la versión infantil de los miembros de Consulforo

Pues le metí averiguática a eso de que qué tenía que ver Perseo con unas montañas, y es hasta interesante la cosa…

Resulta que los griegos eran unos marineros muy tesos que se recorrían todo el mar Mediterráneo, y cuando al principio se arriesgaron a ir bien lejos de Egipto, por allá por el occidente, por una parte de la Libia que llamaban Mauritania, desde el mar vieron unas montañas grandísimas, muy altas, que se perdían entre las nubes, como sosteniendo el cielo, y pa ellos, si sostenían el cielo, ¡ese tenía que ser Atlas! Decían que esas montañas eran las más grandes del mundo… si, imagínesen, decían que eran más altas que el Olimpo y el Otris, donde vivían los dioses, qué les parece… Claro, Pachito, los montes Atlas…, si,… quedan en África, entre el mar Mediterráneo, el océano Atlántico y el desierto del Sahara, pero los griegos no conocían ese nombre; pa ellos al sur de Grecia no había sino Egipto y Libia… ¿África? Pues ese nombre lo empezaron a usar los romanos… ¿Qué Perseo qué pitos toca? Pues ya van a ver.

Atlas, o Atlante, era un titán que había dirigido a los otros titanes que se pusieron de arte de Cronos, el dios titán que gobernaba en el Olimpo… No, Manuelita, Atlanta no tiene nada que ver aquí, ese es otro cuento... Pues les decía que Cronos gobernaba en el Olimpo, pero como era un maluco del carajo, su hijo Zeus lo quería tumbar, de manera que armaron una garrotera de todos los… de todos los dioses, una pelotera la macha, una guerra civil en el Olimpo, pues… Si, Jorgito, todos ellos eran de la misma familia… mucha alcurnia, sangre de dioses…, si, de mucha sangre azul, como dice su abuelita… Al principio iban ganando los titanes que estaban a favor de Cronos, pero Zeus se las arregló pa ganar y quedase él reinando en el Olimpo… No, Abelito, no hay titanas, las hembras se llamaban titánides o titánidas… ¿Qué de dónde vinieron quiénes? ¿Qué Zeus qué?..., No, ya les dije que despacio, dejemos algo pa después.

Cuando vio que había ganado, Zeus agarró a su papá y a los titanes que no estaba con él, que eran sus primos o sus tíos, y los mandó a todos pal Tártaro, bien hondo y bien lejos, ¡imagínesen, debajo del Hades, ¡la tierra de los muertos!, pa que no volvieran a molestar… Bueno, pero al jefe, que era su primo Atlas, decidió ponele un castigo especial, así que lo mandó por allá al otro lao del mundo, bien al occidente, y lo condenó a que sostuviera la bóveda del cielo en las espaldas, aunque Homero dice que lo que tenía que hacer era cargar en los hombros los pilares que sostenían el cielo. De todas maneras estaba fregao, y dicen que el pobre a veces pujaba y se quejaba… ¿Si, Horacito?..., si, Atlas si tuvo hijos, mejor dicho, un montón de hijas, pero me parece que eso fue antes de esto, porque si no, ¿cómo, pues…? Ve, el se había casao con una ninfa llamada Pléione o Pléyone, y con ella tuvo a las siete Híades y a las siete Pléyades, que eran lindísimas y todos los dioses se pasaban echándoles los perros; cómo sería que cuando murieron, Zeus las fue poniendo en el cielo y Orión todavía está persiguiéndolas por allá. Homero también dice que la ninfa Calipso era hija de Atlas, pero no dice quien era la mamá, y hay quien dice que las Hespérides también eran hijas suyas, pero con ellas si hay un enredo terrible.



Y ahora sí viene Perseo. ¿Ustedes recuerdan que él salió a buscar a Medusa en un reino muy lejano y tuvo que preguntar dónde era? Pues eso era tan lejos que un poeta romano llamado Ovidio dice que Perseo vio “tres veces a las Osas del cielo, y tres veces vio los brazos de Cáncer”, como quien dice, a las estrellas por las que se guiaban pa poder viajar… Yo creo que Perseo estuvo por aquí por el Nuevo Mundo, porque por aquí si hay mucha culebra… ¿Ustedes se imaginan a Medusa asociada con las FARC, ah? Mejor seguimos.

Después dese vuelo tan largo, Perseo se sintió cansao y vio un palacio allá en el Jardín de las Hespérides, y se dijo pa ‘él solito: ¡Ese es mi dormidero desta noche!, así que tocó la puerta y cuando le abrieron, le dijo al mayordomo que quería hablar con el dueño de casa, que resultó ser Atlas, y se presentó como hijo de Zeus y de Dánae. El pobre Atlas ni lo dejó seguir hablando, se puso seriote, hasta grosero, y le dijo que no, que siguiera su camino, que allá no había nada pa él, pero lo que debió decile es que hacía tiempos la diosa Temis le había dicho que un hijo de Zeus le iba a hacer una marramucia, y claro, con ese trabajo que tenía, y ese cuento de quien era el papá de la visita, ai si se puso más esquivo todavía, y de paso se acordó que Hércules también lo había engañao… Pero todo esto no lo sabia Perseo, que trató de insistir, y Atlas se puso más grosero todavía, como si Perseo nunca hubiera hecho ninguna gracia, y claro, que le iba a gustar eso a Perseo, que ya estaba bien cansao, y ese otro fregándole la paciencia, entonces no se aguantó y con mucho cuidadito sacó del morral la cabeza de Medusa y se la mostró, pero Atlas no se convirtió ai mismo en estatua de piedra como los otros, no, el titán tenía que seguir cumpliendo con su tarea, ¡y empezó la función! Apenitas vio la cabeza, Atlas comenzó a crecer y a transformase en montaña: los brazos y las piernas se le volvieron como otras serranías pegadas al cuerpo, que era otra montaña que crecía más grande todavía, y crecía, y aparecieron colinitas, y barrancos y cañadas de toda clase, y la boca y las narices y los ojos se volvieron cuevas y lagunas, y su cabellera y su barba y demás pelos se convirtieron en bosques, mejor, se convirtieron en selvas tupidas que no dejaban pasar a los exploradores que después quisieron conocer las montañas, y su cabeza era una cumbre altísima en la que se asentaba todo el cielo, con todas sus estrellas y soles y ese montón de lamparitas que vemos allá cuando las noches son claras… Si, Lucecita, eso en Medellín ya se está poniendo difícil, pero en La Guajira son espetaculares, ¿no cierto, Jairito?… Bueno, después el siguió su carrera volando con las talarias y pasaron las cosas que ya les conté.

No, Vicentico, esa bola que él carga no es la tierra sino el cielo. Es que la bóveda terrestre la representaban con esa esfera, y cuando empezaron a hablar de que el mundo era redondo, pues parece que alguien se equivocó de pelota y empezaron a decir que el pobre cargaba era el mundo. Tan bobos, ¿y entonces ónde se iba a parar el pobre, cierto?... No, Jorgito, esas colecciones de mapas no se llaman atlas por el titán que les cuento; sino por otro Atlas que dicen fue rey de Mauritania, izque muy inteligente y muy versao en cosas de la magia y de los cielos; dicen también que fue el primero que presentó la bóveda celeste con forma de esfera, y entonces el que hizo los mapas se acordó y le dedicó la primera colección que armó.

Si, Atlas era importante en la antigüedá; él era el que relacionaba el cielo con la tierra y con los trabajos que en ella se tenían que hacer pa conseguir los alimentos y otras cosas, ¡y dígame pa los marineros!, era el que cargaba las estrellas que se necesitaban pa la navegación, y en fin, con un montón de cosas, hasta lo relacionaban con la parte más lejana del mundo… ¡Huy, me duele la espalda!... ¡Hasta luego, niños! ¡Vayan con cuidao!

lunes, 15 de junio de 2009

El lince matemático 9

Solución al problema 9

Problema 10

Aproveché el puente de Corpus Christi para hacer una limpieza en el escritorio. Cuadré la caja menor que tengo en el cajón derecho donde noche a noche vacío de monedas los bolsillos y de la que voy tomando para diferentes gastos.

Encontré 20 monedas entre las cuales había de de tres denominaciones vigentes en Colombia: de 100, de 200 y de 500 pesos. Con lo obtenido pude darme un desayuno de esos sencillos de 5.000 pesos en el restaurante de la esquina. Mientras desayunaba pensé si algún lector podría decirme cuántas monedas de cada denominación encontré, teniendo cuenta que había más monedas de 500 pesos que de 100 pesos.

viernes, 12 de junio de 2009

Me hizo reír 1

Este chiste me gustó mucho y lo comparto



jueves, 11 de junio de 2009

Gazapera histórica 8

Advertencia: En esta entrada se transcriben dos gazapos, el primero –en carta personal de Sófocles al periodista Ricardo Alfonso en julio de 1991— no tendrá análisis histórico por cuanto fue una equivocación no gramatical. El segundo –en carta personal de Sófocles a los periodistas Juan Carlos Rincón y Aura María Puyana, también en julio de 1991– si tendrá análisis. Como es costumbre, lo escrito en las cartas irá en negro y el análisis en verde.
Ricardo Alfonso, Noticiero Criptón, 14 de julio.

En el noticiero de ayer dijo usted, al presentar una nota sobre el polo, que los zurdos no tendrían cabida en ese deporte porque chocarían entre sí.
Pues no, fíjese que si se lograra conformar un equipo de zurdos que jugara contra otro igualmente de zurdos, el juego sería al revés pero los zurdos no chocarían entre si. El juego imposible sería el del equipo de zurdos contra el de derechos pues los jugadores, no sólo los zurdos, chocarían entre si, zurdos contra derechos. Por último un zurdo metido en un equipo de derechos contra otro de derechos, o aprende con la derecha o se aguanta los porrazos.
Propongo el primer caso a la sección, No hav derecho.

Juan Carlos Rincón y Aura María Puyana, El Espectador,19 de julio.

En la nota que enviaron desde Guadalajara, México, publicada en El Espectador de hoy, emplean el siguiente gerundio ang1icado: “Gaviria rechazó versiones criticando el restablecimiento”

El gerundio se usa. en español para indicar que el sujeto realiza dos acciones simultáneas: entró llorando adonde ella se encontraba; la acción de entrar y la de llorar son simultáneas. No ocurre eso en el rechazo que es posterior a la critica. También escriben el sustantivo versiones sin ningún artículo o adjetivo determinativo, lo que es otra forma igualmente anglicada, correcta, pero inelegante. Por último, ¿no serían rumores. mejor que versiones. lo que Gaviria rechazó?

La frase correcta y elegante hubiera quedado así: Gaviria
Rechazó algunos rumores que criticaban el restablecimiento...

Éste es uno de esos errores que persisten a través del tiempo y que podrían corregirse por un cuidado especial de los profesores de español.

domingo, 7 de junio de 2009

La columna de Angelita

Mundo moderno

Neologismos y neo-neuralgias

No quiero patear la lonchera, ni mucho menos. Cierto día apareció en páginas contiguas a ésta un artículo que incluía la palabra “direccionar”. Sé lo que están pensando pero no, no era la transcripción de una entrevista a un funcionario venezolano ni alguien para quien el español fuese una segunda lengua. La palabra aparecía así, sin disculpas ni comillas ni nada que indicase que el autor lamentara la inclusión del vocablo.

Quiero aclarar que no me las vengo aquí a dar de mucho café con leche. Provengo de una familia con un largo historial de inventar palabras. Mi tío Luis Miguel, por ejemplo, conjugaba cualquier cosa, desde el verbo piedra (yo piedro, tu piedras) en adelante. Y mi sobrino Emilio, quien heredó el talento, es el responsable de haber introducido verbos como saltarar (de saltar), finquiar (de ir a la finca), lambar (por ejemplo, lambar un helado), piscinar (meterse a la piscina, cosa que hace siempre bajo estricta supervisión adulta) y machetar (de usar el machete, y antes de desmayarse vea el anterior paréntesis).

Yo no me quedo atrás. Cuando voy al centro digo que voy a ‘centriar’; cuando tengo que ir a hacer vueltas, digo que voy a ‘vueltiar’; si me voy a dormir un ratico digo que voy a ‘siestiar’. En realidad, el arte de inventar palabras es bastante común, al menos entre mi familia y nuestros allegados. Con frecuencia oigo que la gente dice que va a raniar cuando va a conversar, a parviar o a tomar chocolate parviado con alguien o que están foquiados cuando tienen sueño. Nada de malo le veo a incluir en el léxico familiar algunas palabras originales y poco castizas para darle color a la conversa.

Pero otra cosa muy distinta es cuando los periodistas y locutores y demás personas con acceso a los medios de comunicación instigan el uso de palabras inventadas haciéndolas pasar por castizas, como la aberrante “accequible”, o importan extranjerismos como “direccionar” en vez de dirigir o lecturabilidad en vez de legibilidad. Otras veces se inventan usos para palabras existentes como, recientemente, que hay personas que son ‘sospechosos de tener el virus’ en vez de ‘se sospecha que’ tienen el virus o la presentadora que en una entrevista dijo que gracias a sus compañeras se había ‘perfeccionado demasiado para eso de ser presentadora’. Esta ex reina y todos los que dicen ‘efectivizar’ en vez de hacer efectivo o ‘vacacionar’ en vez de salir de vacaciones ni siquiera intentan esculcar el español en busca de la palabra adecuada.

Pero yo batallaré hasta en cansamiento, y me dedicacionaré a defendizar el idioma demasiadamente. Por ello, prometo no desfalenciar en mi performación idiomática y permanecer accequible a todos aquellos sospechosos de malhablar hasta lograr que concesionemos un léxico que sea lectubrable y espiquiable para todos los que habemos. He decido.

angela_alvarez_v@yahoo.com


martes, 26 de mayo de 2009

Undécimo cumplemeses

Antier cumplió El Blog de Don Abel el úndecimo mes de existencia, por tal motivo nos reuniremos hoy algunos gomosos del blog en el Centro Comercial Oviedo de Medellín en la Palaza de Comidas ( la de abajo, la de los pobres) al frernte de Pollos Pinky. Arrime sin pena y traiga pa la vaca.
Hora de encuentro antecitos de las 6:00 p. m.
El mes entrante apagaremos una velita.
Don Abel

La columna de Angelita

Mundo moderno

Divagaciones de una mente inquieta en un cuerpo quieto

Recuerdo la dicha que sentí las veces que logré engañar a mi mamá y hacerle creer que estaba demasiado enferma para ir al colegio para que me dejara quedar en la cama viendo tele todo el día y mi abuelita me llevara Ginger en vaso largo con pitillo, paleta de limón y arroz con leche (comidas sumamente medicinales, como bien es sabido). Pero ahora, si quiero Ginger, tengo que ir por ella y así no sabe igual. Nadie me contempla, nadie viene a tocarme la frente a ver si tengo fiebre ni me cantan, ni me soban la barriguita si me duele… estar enfermo de adulto apesta.

Estoy más aburrida que un orangután en un bonsái. Estoy peligrosamente harta.

No uso la palabra ‘peligrosamente’ con ligereza. Todo lo que venden por canal de televentas me parece útil y bonito. Me parece que mi vida sólo será completa si tengo todos los aparatos para hacer ejercicio, toda la colección de payasos en porcelanicrom, los zarcillos con diamantoides y la bufanda que se convierte en camiseta strapless o falda entubada con gran facilidad, que podría lucir gracias a las inocuas píldoras Nofat y estilizando mi cabello con el gel Peloflat. Antes de sucumbir y comprarme una pulidora industrial de piedras semipreciosas y la colección completa de discos compactos “Rancheras Feministas”, cambio el canal.

Definitivamente esta no es la solución. Veo una noticia sobre la gripa porcina, pienso que podría aprovechar el tiempo libre para escribir un libreto sobre un comando especial del Ejército que se contagia con una cepa mutante del virus que les da poderes especiales como la capacidad de producir un olor a chicarrón paralizante. El grupo elite usa sus poderes porcinos para combatir el crimen y la serie se llamaría Porky Power. Este camino sólo puede conducir a un lugar humillante.

Apago la tele y me enchufo a mi MP3, pero cada canción viene con un video de cómo la cantaría si me eligieran para American Idol. Me imagino los comentarios de los jueces, fantaseo sobre amoríos con los demás participantes y de vez en cuando me pillo cantando en voz alta y moviendo los hombros como roquera de los ochenta, deseando fervorosamente no haber regalado mi chaqueta de cuero de cremalleras y soñando con tener iluminaciones fucsia.

Me refugio en la lectura, mi amiga infalible, pero en lugar de hallar consuelo me encuentro a mí misma pensando cómo podría mejorar un poco las historias clásicas. Romeo y Julieta continúan su idilio como fantasmas juguetones, La Cenicienta usa la manzana envenenada para desarrollar un nuevo anestésico y se convierte en cirujana de los enanitos y… el diagnóstico es evidente. He empezado a exhibir los síntomas clásicos de la ageustia (pérdida del sentido del gusto, aunque en mi caso no tiene nada que ver con el sabor). Rueguen por que me mejore antes de que me dé por empezar una nueva religión.

Ángela Álvarez Vélez

angela_alvarez_v@yahoo.com

sábado, 23 de mayo de 2009

El lince matemático 8

El pensamiento lógico

Muchas veces me he quejado de que la falta de esfuerzo mental de hoy en día está acabando con el procesamiento de la lógica en las personas.

Cuántas veces llegamos a un almacén y preguntamos el precio de un artículo.

—7.800 pesos.

—Y aquel otro.

—3.600 pesos.

—Empáquemelos, por favor.

El dependiente saca del bolsillo de la camisa una calculadora, hace la suma y anota en un papelito la cantidad 11.400 y nos ordena ir a cancelar en la caja.

Aunque no es el tema, intercalé el verbo cancelar que es el usado en mi país para decir pagar. No sé a qué menosprecio se hizo merecedor el verbo pagar que está siendo relegado a la papelera de reciclaje como el verbo poner. Pagar y cancelar no son sinónimos.

Retomando el proceso lógico, qué interesante sería calcular el tiempo perdido en el año por estos dependientes que no saben llegar a la cantidad 11.400 si no son ayudados por una calculadora.

Una vez salí de un cibercafé y pregunté a la dependiente cuánto debía. Era el último cliente y la joven se había dedicado a organizar las cosas con el fin de no demorar el cierre del negocio después de mi salida.

Me dijo que 2.000 pesos. Saqué un billete de 10.000 pesos. Ella abrió su bolso y sacó el llavero, abrió el cajón. Hasta allí todo iba según la lógica: sacaría las vueltas del cajón. ¡No! Sacó una calculadora y tecleó “10000-2000”, miró el resultado, guardó la calculadora, cerró el cajón, abrió el bolso, guardó el billete de 10.000 y sacó 8.000 pesos en tres billetes (¿tendré que decir las denominaciones?), guardó las llaves, mientras yo la miraba incrédulo tratando de ver por dónde le habían metido el aserrín a esa barby.

Hoy salí de Misa de la iglesia de Santa Gertrudis en Envigado a las 7:00 p. m. y empecé a caminar hacia el Oriente por la calle 37 Sur, camino de mi casa, Al llegar a la carrera 40 hay una venta de arepas de queso y de chócolo. Me antojé de una y le pedí al joven que estaba atendiendo me la suministrara.

Mientras el joven terminaba de asar las arepas observé lo que me rodeaba y vi que en los extremos del mostrador había sendos pares de avisos según muestro en las fotografías.


Cuando el joven me entregó la arepa le hice esta observación:

—Oiga, joven, este aviso de la derecha sobra. Quién va a querer seis arepas por 3.000 pesos, si nueve por 3.600 pesos son más baratas.

—Señor —me dijo— mucha gente que arrima aquí no sabe pensar: nosotros hacemos paquetes de seis arepas y de nueve. Alguien viene y pregunta por tres paquetes de seis arepas (9.000 pesos), si uno les dice que lleven dos de nueve, las mismas 18 por 7.200 pesos, algunos dicen: “Ve, no había caído en la cuenta”; pero otros se enojan y dicen “No me enrede que ya le pedí tres paquetes de seis y eso es lo que quiero llevar”.

—¿Cómo…?

—Pero hay otra más grave.

—A ver, cuente.

—De pronto arrima alguien y pregunta cuánto vale una arepa menudiada (en Colombia el verbo menudiar significa vender por unidades lo que viene en paquetes) cuando se le dice que 800 pesos y pide cuatro, uno le dice que lleve el paquete de seis que vale 3.000 contra los 3.200 que valen las cuatro menudiadas. Nuevamente algunos aceptan no haber caído en la cuenta. Otros dicen no necesitar sino cuatro. Pero, señor, si no necesita sino cuatro, de todas maneras le salen más baratas. Las otras dos las puede botar, dárselas a los pájaros, a un pobre o esperar a ver si quedó con ganas después de las cuatro.

—Definitivamente, tú y yo estamos locos, Lucas.

A pesar de la amabilidad y de la aptitud lógica del joven dependiente, no puedo pasar por alto la falta de las tildes en Promoción y en chócolo en ambos avisos.

martes, 19 de mayo de 2009

Vista de lince 70 A

Se trata de un documento que anda circulando desde hace dos años, acerca del uso del lenguje incluyente o equidad de género por parte de la Alcaldía de Medellín en el período pasado.
Por favor, doña Lucrecia, no más equidad de sexo en el idioma

Presento un análisis de la columna que la señora alcaldesa de Medellín, doctora Lucrecia Ramírez Restrepo, publicó en El Colombiano del 23 de diciembre del año pasado.

La finalidad de este análisis es alertar a todas aquellas personas que se están dejando embaucar en la tal equidad de género de lo difícil que es mantener esa idea a lo largo de todo un escrito. Que este análisis les muestre la cantidad tan exagerada de inconsistencias en que incurren al tratar de dañar alevosamente el idioma de Cervantes. Trataré de seguir uno o dos órdenes lógicos.

1. Los impulsores de la tal equidad entienden cuando se les habla bien. Muy cerca del inicio del primer párrafo dice la alcaldesa: “...para conseguir donaciones necesarias que garantizaran un número suficiente de jugueticos, carritos y muñequitas, me decían, ‘para regalarles a los niños pobres de Medellín’ y me aclaraban, ‘los de las comunas’”.

Como vemos claramente, doña Lucrecia no necesitó pedir aclaraciones sobre cómo les iría a salir a algunos niños con muñequitas pues no le habían mencionado las niñas ni le habían aclarado que se trataba “de los y de las comunas”. No, ella entendió perfectamente que los carritos y las muñequitas se entregarían según el sexo del niño y que allí niños generalizaba a unos y a otras. Hago notar el pronombre les bien escrito porque generalmente la gente dice erróneamente: “para regalarle a los niños”.

2. Los usuarios de la tal equidad de género se olvidan muchas veces de las preposiciones, de los artículos, de los adjetivos y de los pronombres.

a).
“...encargarse de conseguir los regalitos que se distribuían en un acto público a los niños y las niñas”.

No, doña Lucrecia, no les niegue a las niñas la preposición a, las puede traumatizar. “A los niños y a las niñas”. Advierto que lo segundo no es necesario. “se distribuían en acto público a los niños” queda entendido.

b). “porque con seguridad, era el único que su hijo o hija podía recibir en estos días…”

Tampoco les niegue el posesivo su a las damitas: era: “porque con seguridad, sería el único que su hijo o su hija recibiría en estos días…”

c). “todos los niños y las niñas”

El caso de los adjetivos merece numeral aparte porque es una evidencia de la contradicción del lenguaje equitativo, pues se está calificando en masculino a ambos géneros. El equitativo sería: “todos niños y todas las niñas”.

d). “que los niños y las niñas no sean distinguidos por el estrato”.

Lo mismo que el anterior el adjetivo “distinguidos” califica en masculino a ambos géneros. En lenguaje equitativo sería: “que los niños no sean distinguidos ni las niñas distinguidas por el estrato”.

e). “los convocamos y los cuidamos porque son niños y niñas”

Otro pronombre olvidado dos veces: “los convocamos y las convocamos, y los cuidamos y las cuidamos porque son niños y niñas” ¡Qué cansancio!

f). “Mis lectores y lectoras”

Mis lectores y mis lectoras.

3. Ésta es la primera vez que encontramos la repetición de niños y niñas. Observemos que el masculino está de primero y se conserva de primero en las nueve o diez veces restantes que usa la doctora tal repetición. No hay completa equidad porque al mencionar el género masculino de primero se nota la superioridad masculina en el subconsciente de la autora. Para garantizar la equidad será bueno sentarse a escribir con un dado a la mano para que cuando se presente el caso se lanza el dado y la cifra par o impar dará cuál genero inicia. A falta de dado también sirve una baraja, una moneda o cualquier otro medio para garantizar que el azar presente una probabilidad de que el 50% de las veces cada género será usado de primero. Advierto Que en mis ejemplos a partir de este renglón usaré el método de la moneda, acabo de poner una de $500 cerca del ratón. Lógicamente sin necesidad de explicación el lado del árbol representará a los niños y el de la cantidad de dinero, también, por lógica, a las niñas

4. En el afán de repetir en femenino lo que la palabra en masculino generaliza descuida la alcaldesa una construcción lógica. Veamos: “Me imaginaba en uno de los parques de la ciudad entregándole un carrito o una muñequita a un niño o a una niña”. Como está construida esta oración, la doctora Ramírez se imaginaba a ella misma sacando de alguna bolsa un juguete al azar y entregándolo a un niño sin fijarse si entregaba una muñequita a un niño o un carrito a una niña, cuando según lo establecido por el gusto natural, que no ha cambiado en siglos, ella debió haberse imaginado –en su construcción de equidad– entregándole una muñequita a una niña o un carrito a un niño. ¿De acuerdo? Pero en pro de la simplicidad del idioma, doña Lucrecia, por favor, imagínese a usted misma “entregando aquellos jugueticos (ya los había mencionado) a los niños de las comunas”. Está entendido así que los carritos irán a los niños y las muñequitas a las niñas.

5. Cada usuario parece ensañarse en algunos sustantivos, pero olvidan aplicar la equidad en otros. Prueba de que ellos también entienden la generalización como ya se vio en el punto 1. Veamos los que olvidó doña Lucrecia, en orden de aparición. En el caso de doña Lucrecia, el objetivo de repetición es los niños.

a). “...para que en la foto quedara claro que la ciudad si cuidaba de la infancia desfavorecida y se acordaba de ellos en la Navidad...”

Ven, se olvidó de ellas. Pero además la oración tiene una discordancia, pues al usar el colectivo infancia es de ella –de la infancia– de quien se acuerda la ciudad en Navidad.

A propósito, ¿si se acomodarán sin traumatismos en el colectivo infancia, niños y niñas?, ¿no será mejor estar seguros de impedir una futura frustración de unos o de otras y hablar de que la ciudad sí se acordará de la infancia masculina desfavorecida y de la infancia femenina desfavorecida?

b). “Algo en mí se resistía a participar de lo que, a vuelo de pájaro, nadie vería de mala manera”.

¿Qué pasa, doña Lucre?, ¿acaso las pájaras no vuelan o no se traumatizan si no se las menciona?, entonces es “a vuelo de pájaro o de pájara”.

c). “Así como también sus mamás, sus papás y sobre los dirigentes comunitarios que organizaban el desplazamiento de los afortunados al sitio de la entrega, porque para ellos también había reconocimiento”

Aquí hubo tres olvidos en cascada pues también hay dirigentes comunitarias, entre los que se desplazan también hay afortunadas, y en fin para ellas y para ellos también hay reconocimiento. Entre otras cosas, cuando la 0rganización corre de cuenta de líderes comunitarias, es más bueno porque no falta la comida, en cambio, los líderes comunitarios creen que todo es trago.

d). “Cuando se acercaban las fechas, el despacho recibía muchas llamadas de mamás que desde siempre”.

En esta cita el olvido fue el masculino papás, porque ellos también llaman, yo lo sé. La generalización elegante en este caso es muchos padres de familia…

e). “incluso los transportadores, aprenden a pensar en forma altruística”.

¿Y las transportadoras no aprenden o no fueron a clase?

f). “Porque cuando tú los convocas y les das algo porque son pobres”.

Ahora se olvidó de convocarlas, sólo convocó en masculino.

g). “como lo único que convoca la mirada y el reconocimiento del otro”.

¿Y la otra no mira ni reconoce? Yo creo que sí porque doña Lucrecia, otra, es la que mejor mirada está dando a los niños (qué cuento de las niñas ya estoy mamado).

h). (a este paso se me van a acabar las letras del alfabeto) “¿Cuantos menores ricos de nuestra ciudad no conocen parques y museos, porque precisamente sus recursos económicos los condenan al mal

¿Acaso sus hermanitas, sus primitas y demás –las menores ricas– conocen esos museos y parques? Vean pues cómo se van al escondido. ¿Acaso sus recursos no son los mismos de los de sus hermanitos y no las condenan al mal? ¡Ah!, y se olvidó de la tilde de cuántos “¿Cuántos menores ricos y cuántas menores ricas...

i). “Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicos, curiosos, fascinantes”.

Ya al final de la columna se le ve el cansancio a la alcaldesa por tanto olvido tan seguido: “Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos y todas, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicos y únicas, curiosos y curiosas., fascinantes”.

j). “Ahora, pensémosle más al tema del regalo para aquellos sin recursos”.

¿Irán a dejar sin regalo a aquéllas sin recursos o no habrá necesidad de pensarlo? Se salen con cualquier Barbie, de la que dicen por ahí que es satánica.

k). “que en Navidad ninguno se quede sin su traído”.

Ya vamos por el undécimo nomenclador de este ítem de olvidos. ¿Se van dando cuenta de lo difícil que es sostener esta caña de la tal equidad de género? Doña Lucrecia debería contratar un asesor, pero no me ofrezco porque no puedo ir en contra de mis principios. “Que en Navidad ninguno ni ninguna se queden sin traído”.

l). “Así, la infancia de Medellín recibiría el mejor regalo que puede recibir ser humano alguno: dignidad”.

Aquí vuelve a aparecer mi preocupación acerca de si en el colectivo “infancia” se podrán acomodar niños y niñas sin problema alguno por lo que se puede dividir en dos: la infancia masculina y la infancia femenina. Lo mismo puede pensarse del ser humano que puede ser alguno y alguna.

6. Golpe bajo. Muchos usuarios, entre ellos la doctora alcaldesa, dan un golpe bajo, sobre todo cuando se trata de niños, elidiendo el género masculino y poniendo el femenino a manera que afecte ambos artículos. Con seguridad iban a agradecer los y las niñas. Resolviendo queda: “los niñas y las niñas”. Sí es más fácil que un niño se traumatice porque lo llamen niña. Esto parece una venganza sadomasoquista feminista.

He terminado mi análisis. Pero hay más.

El alcalde Fajardo ha conseguido un nombre como uno de los alcaldes que se preocupan por su ciudad. Las obras se ven y no circulan chismes acerca de corrupción (ojo que no soy fajardista ni busco puesto). Y es curioso que en el sector educativo (liceos y bibliotecas) es donde se ven más obras del Alcalde. Escucho al magisterio y creo que por primera vez los maestros hablan bien de una autoridad.

¿No es paradójico que mientras el alcalde construye cultura, la alcaldesa destruye nuestro idioma con el melindre de la equidad de género?

¿Cómo pudo doña Lucrecia sacar una columna de tan baja calidad en medio de dos plumas tan exquisitas como la de Ernesto Ochoa Moreno y la de Raúl Tamayo Gaviria? (Ver periódico El Colombiano del 23 de diciembre pasado, página 4ª).

¿No se da cuenta doña Lucrecia que en abril próximo será la anfitriona de los Reyes de España en una reunión en esta ciudad antes de la Asamblea de Academias de la Lengua en Cartagena? Óigase bien de los Reyes de España, no del Rey y de la Reina. ¿Cuántos Reyes hay en España? Uno solo: don Juan Carlos, pero a la pareja de Juan Carlos y Sofía se le denomina los Reyes de España. Ellos vienen como máximas autoridades de la Lengua Española. ¿Qué les irá a decir cuando le pregunten cómo está el idioma en la ciudad? ¡Por Dios!, que alguien la asesore para que no nos haga quedar como un zapato, que ni se le vaya a ocurrir darle tratamiento a doña Sofía de Primera Mujer de España, ella es la Reina. Que tampoco se le vaya a ocurrir presentarse como Primera Mujer de Medellín: los expertos en protocolo se reirán de ella y, lo más grave, de todos nosotros por montañeros. Yo ya me había reído de ella y de nosotros cuando empezó con ese cuento. Que alguien le enseñe a que se presente como alcaldesa de Medellín y así cumple con el protocolo. Como el rey tiene su reina, el alcalde tiene su alcaldesa.

Jerónimo de Luis Tejelo

Vista de lince 70 B

Tres lucrecias



Ésta es la segunda parte de un documento que anda por ahí acerca de la equivicación del tal lenguaje incluyente o equidad de sexo.
La lucrecia roja es la carta original con todas sus inconsitencias; la naranja, la carta como debería ser con esa tontería de lenguaje incluyente sin inconsistecias; la verde, lo que en español se quiso decir.



Regalar dignidad

Por Lucrecia Ramírez Restrepo

Recién iniciadas las tareas en la administración Fajardo, se me recomendó empezar las gestiones para conseguir las donaciones necesarias que garantizaran un número suficiente de jugueticos, carritos y muñequitas, me decían, "para regalarles a los niños pobres de Medellín", y me aclaraban, "los de las comunas", tal como se acostumbraba durante cada Navidad en la ciudad desde hace muchas décadas. Es tarea habitual del despacho de las primeras damas encargarse de conseguir los regalitos, que se distribuían en un acto público a los niños y las niñas en los primeros días de diciembre. Desde cuando me anunciaron esa tarea tradicional sentí desazón, tengo que confesarlo. Tardé varios días en entender qué era lo que no me dejaba tranquila. Me imaginaba en uno de los parques de la ciudad entregándole un carrito o una muñequita a un niño o a una niña, con un abrazo y un beso en la mejilla, eso sí, mirando al frente, para que en la foto quedara claro cómo la ciudad sí cuidaba de la infancia desfavorecida y se acordaba de ellos en la Navidad... y más desazón me daba. Algo en mí se resistía a participar de lo que, a vuelo de pájaro, nadie vería de mala manera. Por el contrario, era un acto caritativo, loable, que con seguridad iban a agradecer los y las niñas, así como también sus mamás, sus papás y sobre todo los dirigentes comunitarios que organizaban el desplazamiento de los afortunados al sitio de la entrega, porque para ellos también había foto y reconocimiento. Cuando se acercaban las fechas, el despacho recibía muchas llamadas de mamás que desde siempre esperaban ese regalito con mucha necesidad porque con seguridad, era el único que su hijo o hija podía recibir en estos días tan especiales de la Navidad, que deben ser muy duros para las familias que no tienen recursos, viendo ese derroche de luces, colores, moños y papel de regalo que inunda los hogares de las clases privilegiadas.

Pues bien, con mi desazón a cuestas, que siempre se me convierte en una pregunta por resolver, decidí pensar en una opción distinta, que se ha ido consolidando a través de estas tres navidades que hemos pasado en la Alpujarra: la Red de Navidad de Medellín. Les explico rápidamente de qué se trata. Muchas entidades, públicas y privadas, se vuelcan, juntas, para que todos los niños y las niñas de esta ciudad, sin distingo de clase social o económica, reciban un mismo regalo de ciudad desde el 7 de diciembre hasta el 7 de enero. ¿Cuál es ese regalo? Quiero que lean esto con cuidado, me perdonan la insistencia pero es que sé que no existe ninguna ciudad en el mundo que se haya unido de esta manera para regalar en Navidad: que entren gratis a todos los museos, los parques y centros recreativos de Medellín. Esta Red está constituida por la Fundación EPM con su Museo Interactivo, Comfama y Comfenalco con sus parques recreativos, el Museo de Antioquia, el Museo de Arte Moderno, la Casa Museo Pedro Nel Gómez, el Museo de la U. de A., el Jardín Botánico, el Área Metropolitana con su Parque de las Aguas, Metroparques con todos sus parques, la Sociedad de Mejoras Públicas con su Zoológico, el Museo El Castillo, el Planetario, el Metro de Medellín, el ITM, Cine Colombia y el Sector Transportador.

Quiero resaltar la voluntad política de todas ellas, su alegría preparando la programación especial y sobre todo ese nuevo espíritu que se está gestando, de construcción conjunta, de comunidad, donde todos los sectores, incluso los transportadores, aprenden a pensar en forma altruistica. También quiero resaltar la importancia que tiene para nuestra sociedad que los niños y las niñas no sean distinguidos por el estrato. Porque cuando tú los convocas y les das algo porque son pobres, ya les estas enseñando que lo que se les está dando, lo están recibiendo por su condición de pobres. Y yo creo que eso es terriblemente injusto, aberrante y además perpetuador de los círculos infernales de la pobreza. Qué puede sentir un niño o una niña cuando toma conciencia de su condición socioeconómica desventajosa, como lo único que convoca la mirada y el reconocimiento del otro. En cambio, lo que propone la Red de Navidad es precisamente eso: los convocamos y los cuidamos porque son niños y niñas, y merecen una Navidad llena de divertimento. Rompemos así la idea de que el único obstáculo es la pobreza. ¿Cuantos menores ricos de nuestra ciudad no conocen parques y museos, porque precisamente sus recursos económicos los condenan al mal y les hacen creer que lo único que hay en el mundo para ver, disfrutar y saborear son vitrinas, audífonos, controles y chucherías? Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicos, curiosos, fascinantes.

Ahora, pensémosle más al tema del regalo para aquellos sin recursos. Tengo una propuesta para que ensayemos el próximo año, porque sé que precisamente para niños y niñas en Navidad, el traído del Niño Dios es una ilusión muy bella. Hagámoslo de manera anónima, garanticemos que en Navidad ninguno se quede sin su traído, entreguémoselo a sus familias para que se lo regalen en nochebuena, a nombre del Niño Dios, sin particularizar otra procedencia, ni decirles que se les escogió porque eran pobres. Así, la infancia de Medellín recibiría el mejor regalo que puede recibir ser humano alguno: dignidad.

NOTA: voy a descansar unos días. Mis lectores y lectoras: que tengan unas fiestas ricas, regalen muchos abrazos, y que el año que viene nos sigamos transformando con mucho amor por esta ciudad tan maravillosa que tenemos.

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Regalar dignidad

Por Lucrecia Ramírez Restrepo

Correcta equidad de género. Se garantiza el uso de la moneda para saber que género va de primero.

Recién iniciadas las tareas en la administración Fajardo, se me recomendó empezar las gestiones para conseguir las donaciones necesarias que garantizaran un número suficiente de jugueticos, carritos y muñequitas, me decían, "para regalarles a los niños pobres de Medellín", y me aclaraban, "los de las comunas", tal como se acostumbraba durante cada Navidad en la ciudad desde hace muchas décadas. Es tarea habitual del despacho de las primeras damas encargarse de conseguir los regalitos, que se distribuían en un acto público a los niños y a las niñas en los primeros días de diciembre. Desde cuando me anunciaron esa tarea tradicional sentí desazón, tengo que confesarlo. Tardé varios días en entender qué era lo que no me dejaba tranquila. Me imaginaba en uno de los parques de la ciudad entregándole un carrito a un niño o una muñequita a una niña, con un abrazo y un beso en la mejilla, eso sí, mirando al frente, para que en la foto quedara claro cómo la ciudad sí cuidaba de la infancia femenina desfavorecida y de la infancia masculina desfavorecida y se acordaba de ellos y de ellas en la Navidad... Y más desazón me daba. Algo en mí se resistía a participar de lo que, a vuelo de pájaro o de pájara, nadie vería de mala manera. Por el contrario, era un acto caritativo, loable, que con seguridad iban a agradecer las niñas y los niños, así como también sus mamás, sus papás y sobre todo los dirigentes comunitarios y las dirigentes comunitarias que organizaban el desplazamiento de los afortunados y de las afortunadas al sitio de la entrega, porque para ellos y para ellas también había foto y reconocimiento. Cuando se acercaban las fechas, el despacho recibía muchas llamadas de mamás y de papás que desde siempre esperaban ese regalito con mucha necesidad porque con seguridad, sería el único que su hija o su hijo recibiría en estos días tan especiales de la Navidad, que deben ser muy duros para las familias que no tienen recursos, viendo ese derroche de luces, colores, moños y papel de regalo que inunda los hogares de las clases privilegiadas.

Pues bien, con mi desazón a cuestas, que siempre se me convierte en una pregunta por resolver, decidí pensar en una opción distinta, que se ha ido consolidando a través de estas tres navidades que hemos pasado en la Alpujarra: la Red de Navidad de Medellín. Les explico rápidamente de qué se trata. Muchas entidades, públicas y privadas, se vuelcan, juntas, para que todas las niñas y todos los niños de esta ciudad, sin distingo de clase social o económica, reciban un mismo regalo de ciudad desde el 7 de diciembre hasta el 7 de enero. ¿Cuál es ese regalo? Quiero que lean esto con cuidado, me perdonan la insistencia pero es que sé que no existe ninguna ciudad en el mundo que se haya unido de esta manera para regalar en Navidad: que entren gratis a todos los museos, los parques y centros recreativos de Medellín. Esta Red está constituida por la Fundación EPM con su Museo Interactivo, Comfama y Comfenalco con sus parques recreativos, el Museo de Antioquia, el Museo de Arte Moderno, la Casa Museo Pedro Nel Gómez, el Museo de la U. de A., el Jardín Botánico, el Área Metropolitana con su Parque de las Aguas, Metroparques con todos sus parques, la Sociedad de Mejoras Públicas con su Zoológico, el Museo El Castillo, el Planetario, el Metro de Medellín, el ITM, Cine Colombia y el Sector Transportador.

Quiero resaltar la voluntad política de todas ellas, su alegría preparando la programación especial y sobre todo ese nuevo espíritu que se está gestando, de construcción conjunta, de comunidad, donde todos los sectores, incluso los transportadores y las transportadoras, aprenden a pensar en forma altruística. También quiero resaltar la importancia que tiene para nuestra sociedad que las niñas no sean distinguidas por el estrato ni los niños sean distinguidos por el estrato. Porque cuando tú los convocas y las convocas y les das algo porque son pobres, ya les estas enseñando que lo que se les está dando, lo están recibiendo por su condición de pobres. Y yo creo que eso es terriblemente injusto, aberrante y además perpetuador de los círculos infernales de la pobreza. Qué puede sentir un niño o una niña cuando toma conciencia de su condición socioeconómica desventajosa, como lo único que convoca la mirada y el reconocimiento de la otra o del otro. En cambio, lo que propone la Red de Navidad es precisamente eso: los convocamos y las convocamos y los cuidamos y las cuidamos porque son niñas y niños, y merecen una Navidad llena de divertimento. Rompemos así la idea de que el único obstáculo es la pobreza. ¿Cuántas menorees ricas y cuántos menores ricos de nuestra ciudad no conocen parques y museos, porque precisamente sus recursos económicos los condenan al mal y les hacen creer que lo único que hay en el mundo para ver, disfrutar y saborear son vitrinas, audífonos, controles y chucherías? Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos y todas, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicas y únicos, curiosos y curiosas, fascinantes.

Ahora, pensémosle más al tema del regalo para aquellos y aquellas sin recursos. Tengo una propuesta para que ensayemos el próximo año, porque sé que precisamente para niña y niño en Navidad, el traído del Niño Dios es una ilusión muy bella. Hagámoslo de manera anónima, garanticemos que en Navidad ninguno y ninguna se queden sin su traído, entreguémoselo a sus familias para que se lo regalen en nochebuena, a nombre del Niño Dios, sin particularizar otra procedencia, ni decirles que se les escogió porque eran pobres. Así, la infancia masculina de Medellín y la infancia femenina de Medellín recibirían el mejor regalo que puede recibir ser humano alguno y alguna: dignidad.

NOTA: voy a descansar unos días. Mis lectores y mis lectoras: que tengan unas fiestas ricas, regalen muchos abrazos, y que el año que viene nos sigamos transformando con mucho amor por esta ciudad tan maravillosa que tenemos.

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Regalar dignidad

Por Lucrecia Ramírez Restrepo

Recién iniciadas las tareas en la administración Fajardo, se me recomendó empezar las gestiones para conseguir las donaciones necesarias que garantizaran un número suficiente de jugueticos, carritos y muñequitas y me decía: "Para regalarles a los niños pobres de Medellín", y me aclaraban: "los de las comunas", tal como se acostumbraba durante cada Navidad en la ciudad desde hace muchas décadas. Es tarea habitual del despacho de la alcaldesa encargarse conseguir los regalitos, que se distribuían en un acto público a los niños en los primeros días de diciembre. Desde cuando me anunciaron esa tarea tradicional sentí desazón, tengo que confesarlo. Tardé varios días en entender qué era lo que no me dejaba tranquila. Me imaginaba en uno de los parques de la ciudad entregándole un juguetico a cada niño, con un abrazo y un beso en la mejilla, eso sí, mirando al frente, para que en la foto quedara claro cómo la ciudad sí cuidaba y se acordaba en la Navidad de la infancia desfavorecida... y más desazón me daba. Algo en mí se resistía a participar de lo que, a vuelo de pájaro, nadie vería de mala manera. Por el contrario, era un acto caritativo, loable, que con seguridad iban a agradecer los niños, así como también sus papás y sobre todo los dirigentes comunitarios que organizaban el desplazamiento de los afortunados al sitio de la entrega, porque para ellos también había foto y reconocimiento. Cuando se acercaban las fechas, el despacho recibía muchas llamadas de padres de familia que desde siempre esperaban ese regalito con mucha necesidad porque con seguridad, sería el único que su hijo recibiría en estos días tan especiales de la Navidad, que deben ser muy duros para las familias que no tienen recursos, viendo ese derroche de luces, colores, moños y papel de regalo que inunda los hogares de las clases privilegiadas.

Pues bien, con mi desazón a cuestas, que siempre se me convierte en una pregunta por resolver, decidí pensar en una opción distinta, que se ha ido consolidando a través de estas tres navidades que hemos pasado en la Alpujarra: la Red de Navidad de Medellín. Les explico rápidamente de qué se trata. Muchas entidades, públicas y privadas, se vuelcan, juntas, para que todos los niños de esta ciudad, sin distingo de clase social o económica, reciban un mismo regalo de ciudad desde el 7 de diciembre hasta el 7 de enero. ¿Cuál es ese regalo? Quiero que lean esto con cuidado, me perdonan la insistencia porque sé que no existe ninguna ciudad en el mundo que se haya unido de esta manera para regalar en Navidad: entrada gratis a todos los museos, a los parques y a los centros recreativos de Medellín. Esta Red está constituida por la Fundación EPM con su Museo Interactivo, Comfama y Comfenalco con sus parques recreativos, el Museo de Antioquia, el Museo de Arte Moderno, la Casa Museo Pedro Nel Gómez, el Museo de la U. de A., el Jardín Botánico, el Área Metropolitana con su Parque de las Aguas, Metroparques con todos sus parques, la Sociedad de Mejoras Públicas con su Zoológico, el Museo El Castillo, el Planetario, el Metro de Medellín, el ITM, Cine Colombia y el Sector Transportador.

Resalto la voluntad política de todas ellas, su alegría preparando la programación especial y, sobre todo, ese nuevo espíritu que se está gestando, de construcción conjunta, de comunidad, donde todos los sectores, incluso los transportadores, aprenden a pensar en forma altruista. También resalto la importancia que tiene para nuestra sociedad que los niños no sean distinguidos por el estrato. Porque cuando al convocarlos y darles algo porque son pobres, ya se les está enseñando que lo que se les está dando, lo están recibiendo por su condición de pobres. Y yo creo que eso es terriblemente injusto, aberrante y además perpetuador de los círculos infernales de la pobreza. Qué puede sentir un niño cuando toma conciencia de su condición socioeconómica desventajosa, como lo único que convoca la mirada y el reconocimiento del otro. En cambio, lo que propone la Red de Navidad es precisamente eso: los convocamos y los cuidamos porque son niños, y merecen una Navidad llena de divertimento. Rompemos así la idea de que el único obstáculo es la pobreza. ¿Cuántos menores ricos de nuestra ciudad no conocen parques y museos, porque precisamente sus recursos económicos los condenan al mal y les hacen creer que lo único que hay en el mundo para ver, disfrutar y saborear son vitrinas, audífonos, controles y chucherías? Que en la misma fila para entrar al cine, o al museo, o al parque, se encuentren todos, se miren a los ojos, se reconozcan en su condición común y digna de seres humanos únicos, curiosos, fascinantes.

Ahora, pensémosle más al tema del regalo para aquellos sin recursos. Tengo una propuesta para que ensayemos el próximo año, porque sé que precisamente para niños en Navidad, el traído del Niño Dios es una ilusión muy bella. Hagámoslo de manera anónima, garanticemos que en Navidad ninguno se quede sin su traído, entreguémoselo a sus familias para que se lo regalen en nochebuena, a nombre del Niño Dios, sin particularizar otra procedencia, ni decirles que se les escogió porque eran pobres. Así, la infancia de Medellín recibiría el mejor regalo que puede recibir ser humano alguno: dignidad.

NOTA: voy a descansar unos días. Mis lectores: que tengan unas fiestas ricas, regalen muchos abrazos, y que el año que viene nos sigamos transformando con mucho amor por esta ciudad tan maravillosa que tenemos.

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Jerónimo de Luis Tejelo

lunes, 18 de mayo de 2009

In memoriam

Homenaje al gobernador de Antioquia

Antonio Roldán Betancur


En el vicésimo aniversario de su muerte

Estamos a mes y medio de cumplir 20 años de la lamentable desaparición de mi amigo de juventud Antonio Roldán Betancur. De mi anecdotario personal saco este artículo escrito por primera vez para el periódico El Taller en su segundo número.

Lo reproduzco como un homenaje in memoriam.

¿Incendiarios?

Gabriel Escobar Gaviria.

Agradezco el ofrecimiento que me hace el director de este periódico para aportar anécdotas al recuento histórico de nuestro barrio Fátima. La que refiero hoy tal vez esté aún en la memoria de muchas personas, sobre todo de aquellas que viven en el marco de la iglesia.

Donde hoy hay un parque infantil con varios juegos fue por mucho tiempo un lote al que no se le hacía ninguna mejora. Fue allí donde empezaron los encuentros futbolísticos Fátima-Nutibara. Los menores sospechábamos, por conversaciones escuchadas a los adultos, que ese lote no le pertenecía a la Parroquia, razón por la cual ni el creativo padre Córdoba, ni el recursivo padre Lalinde habían podido adelantar labor alguna para el aprovechamiento comunitario del mismo.

Un día se confirmaron tales sospechas. Recuerdo: llegué de la Universidad y mis hermanos me contaron que en toda la mitad del lote, al frente de la casa de Belisario ¡qué cremas las que allí vendían!, hoy Tienda de Nico, habían levantado una caseta de construcción y habían echado cepas como para una casa.

–Y ¿el Padre qué dijo?

–No, pues nada; como ese lote no es de la Parroquia.

Y el Padre no dijo nada porque se trataba del bondadoso padre Álvarez, todo dulzura y mansedumbre, pero ¡ay si hubiera sido en tiempos del padre Lalinde! Todavía estarían buscando los bultos de cemento en los profundos infiernos.

Incrédulo me dirigí al sitio acompañado de mi hermano Jota. Y sí, allí estaban esas cepas desafiantes para iniciar la construcción de unos muros y de una casa que por donde se la mirara heriría la hermosura de la iglesia. Algún día podríamos elegir entre estar atentos a la Misa o enterarnos de la vida familiar de aquella vivienda; la torre nos proporcionaría varios palcos para seguir de cerca, cual telenovela en vivo, el drama familiar de los ocupantes.

Absorto estaba en esos pensamientos cuando escuché a mi lado una voz que hoy no está con nosotros y que preguntaba mi parecer con tono de que el suyo no era nada agradable. Era la voz de mi amigo Antonio Roldán Betancur. En aquellos días andábamos por los 22 años y lejos estábamos de adivinar la exitosa y corta carrera que el destino le depararía a mi amigo. Él y yo éramos los amos del micrófono en la parroquia, pues desde hacía cuatro años nos turnábamos para leer la Epístola y no había bazar que no animáramos desde las famosas casetas de las dedicatorias. La idea nos vino a ambos al mismo tiempo. Nos miramos y nos comprendimos: teníamos que reunir la gente y para ello usaríamos el micrófono de la iglesia. No, no le pediríamos permiso al padre Álvarez, pues no nos lo daría.

Iban a ser las ocho de la noche y don José Betancur, el sacristán, no había terminado de cerrar la iglesia por cuanto faltaba el toque de ánimas que se hacía a dicha hora. El destino nos hizo subir por la rampa y allí encontramos a Fabio Zapata, el hijo de don Rafael, que esperaba a que fueran las ocho para hacer el llamado a la plegaria por las ánimas, pues acostumbraba reemplazar a don José en esa labor.

–Fabio –le dijimos–, arranque a repicar durante estos diez minutos que faltan para la ocho; a las ocho dé el toque de ánimas, como de costumbre, y luego repique cinco minutos más.

Fabio no nos preguntó por qué le pedíamos eso. Inteligentemente comprendió que ante tan inusitado toque la gente saldría a ver de qué se trataba, y así fue.

Llegamos hasta la sacristía y mientras yo le explicaba a don José que nosotros cerraríamos el templo, Antonio prendió el amplificador y comenzó con las arengas. Nuestras consignas fueron inofensivas, pedíamos a nuestros cohabitantes que reflexionaran y se opusieran a esa construcción porque ese espacio lo necesitábamos para un parque infantil en el que jugarían nuestros hijos (todavía no los teníamos).

Cómo se apropiaría la Parroquia de ese terreno no era nuestro problema, eso era cuestión de adultos y nosotros apenas estábamos aprendiendo a serlo. Para eso estaba don Enrique Toro, mayordomo parroquial. Desde la Sacristía no veíamos lo que en la calle sucedía, pero por lo que pasó después, nos enteramos de que tanto las campanas, como nuestras voces habían logrado el objetivo: la gente se reunió, deliberó y obró.

Seguíamos con nuestras consignas cuando entró el padre Álvarez por la nave central de la iglesia entre trotando y corriendo hasta llegar a la sacristía.

–Escobarito –me dijo–, no sigan con eso que afuera está la Policía preguntando quiénes son los que hablan por micrófono, no demoran en subir. Váyanse por la puerta de debajo de la sacristía, ésta es la llave.

Antonio y yo no comprendimos, al principio, por qué la Policía se habría de disgustar porque nosotros llamáramos a la feligresía para que opinara sobre una construcción; no sabíamos que la feligresía ya estaba opinando y en ¡qué forma!

Obedecimos y salimos por la puerta de abajo la que da frente al negocio que era de Juan de Dios y nos dirigimos adonde estaba la gente. Quedamos asombrados al ver desde antes de llegar a la casa de los Culembias un resplandor de una llamarada inmensa: la caseta estaba en llamas; el cemento fue esparcido para que las bolsas ardieran; al celador le permitieron sacar las herramientas y sus pertenencias. Antonio y yo nos confundimos con la gente que miraba el espectáculo, mientras nos reprochábamos esa acción que estaba muy lejos de nuestra inofensiva intención.

Una cosa aprendimos esa noche: la masa es un animal irracional.

Lo que siguió después fue cosa de adultos: el Padre y don Enrique arreglaron con la propietaria del lote en términos no desventajosos para nadie. Hoy hay un parque infantil en el que jugaron mis hijos mientras fueron niños.

Junio de 1998

*-*-*-*

*Este artículo salió en el número 2 del periódico El Taller de junio y julio de 1998 y se refiere a un hecho ocurrido entre 1968 y 1969, el autor y protagonista no recuerda la fecha exacta.

El periódico El Taller es un periódico barrial de propiedad de mi hermano Jorge Mario Escobar Gaviria “Jota”, por esa razón los nombres aparecen en forma coloquial, sin apellidos algunos y con los apodos otras veces, como en el caso de los Culembias. Donde quedaba la Tienda de Nico queda ahora el Supermercado El Cerro. En 1998 no habían comenzado los estúpidos realities y yo menciono uno como telenovela en vivo.

Como este artículo lo reescribo para que sea leído aun por personas ajenas al departamento de Antioquia, hago notar que una vez que hubo terminado la carrera de Medicina, mi amigo Antonio Roldán Betancur realizó una maratónica y exitosa carrera de hombre público que empezó con la Alcaldía de Apartadó, continuó con la Presidencia del Atlético Nacional, siguió como director del Índer, diputado de la Asamblea de Antioquia y terminó como gobernador del Departamento de Antioquia cuando fue muerto en un lamentable accidente el 4 de julio de 1989.

En el 2003 el parque fue reformado, organizado y embellecido como una obra de la Alcaldía de Luis Pérez Gutiérrez. Me encontraba en la sacristía el día anterior a la reinauguración. El padre David Kapkin, el párroco actual, se me acercó y me dijo:

–Por vos tenemos parque.

–Por mí y por Antonio, padre.

Fue un reconocimiento en privado de algo que nadie menciona en público.




Junio de 2005.

La columna de Angelita

Mundo Moderno
Pánico porcino y sus consecuencias gastronómicas

Entiendo que en momentos como éste, con la noticia de la influenza porcina y que van a cerrar a México y todo, la gente se preocupe un poco. Es normal que una crisis genere consternación, pero aprovecho el momento para pedirles que no exageren. Lávense las manos, vacúnense, tomen vitamina C, anden con tapaboca y jabón antibacterial, pero, por favor, algo de mesura ante propuestas como la de PETA.

Para quienes no lo saben, PETA es una organización que lucha por los derechos de los animales. Hasta ahí, todo bien. Pero anunció que quieren poner una piara al frente del Capitolio en Estados Unidos con el fin de replicar las condiciones que dieron lugar a la influenza porcina y así convencer a la gente de que se pase al vegetarianismo. Eso ya me parece que es ir demasiado lejos.

La noticia me la dio un familiar de mi esposo que es vegetariano. Lo irónico es que es un vegetariano gordo. Es gordo y calvo. Yo sé que la calvicie no está asociada al vegetarianismo, pero yo creería que eso lo impulsaría a querer ser más divertido. Pero no, este hombre —que se ve un poco ridículo pesando 150 kilos y comiendo apio— es apasionado defensor del vegetarianismo y ha usado el “abrazo de Porky” como argumento para buscar seguidores con frases como “Nunca han oído de la influenza habichuela”. No le importa que la gripa no se contagie por comer carne de cerdo porque además no está sugiriendo la dieta judía de hacerle el quite al jamón sino que dice que hay que sacar de tajito la carne del plato.

La verdad es que algunos vegetarianos pueden ser bastante agresivos. Yo los entiendo. Si yo viviera a punta de arvejas y de soya todo el día, yo también estaría de un genio terrible. Pero últimamente han cogido impulso con todo este movimiento vegano-zen-mininalista-oriental-yoga de gente multipluritrascendental. Les confieso que tanta calma me irrita. No es tanto su actitud de superioridad ni la sutileza con la que equiparan el consumo de cárnicos con la barbarie, la intolerancia y la ignorancia. Tampoco es que traten de convencerlo a uno como si fuera una pirámide. Se sienten superiores y confunden una opción personal con una opción moral. Y ahí es donde me pierden porque realmente no creo que comer zanahorias en vez de chicharrones haga que una persona sea, per se, mejor que otra.

Los carnívoros somos mucho más tolerantes. Y más felices. Y más divertidos. Y, honestamente, más fáciles de alimentar. Traté de decirle todas estas cosas al señor, pero él insistió en rajar de nosotros. Entonces le dije que al menos la carne tiene la posibilidad de huir.
Ya hacia el final, cuando me empezó a hablar de la cantidad de hormonas que le ponen a la carne y las vacunas y los químicos, le dije que había cambiado de opinión. Concluí que la única salida saludable que nos queda a los carnívoros es comernos a los vegetarianos.

domingo, 10 de mayo de 2009

Los vídeos de AT 4

Día de la madre

Otra vez a las 6:11 p. m. me pide AT espacio para otros vídeos.

Vídeo n.° 6: Con Mi Madre y el Aire

Vídeo n.° 7: Las manos de mi madre

Vídeo n.° 8: Madre

Vídeo n.° 9: La mamma

Vídeo n.° 10: La mamá

Vídeo n.° 11: Poema a la madre Paco Stanley