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domingo, 16 de mayo de 2010

Cuenticos griegos 7

Contados por Carlos Augusto Cadavid Arango en lengua paisa a la versión infantil de los miembros de Consulforo

Meleagro y el jabalí de Calidón



No puedo vivir sin ti,
Dijo Meleagro a la chica,
Pero no tuvo la dicha
Por culpa de un jabalí



–¡Pero qué es esa acosadera, esperen a ver si acabo de llegar! ¿Qué? ¡Ah, la cacería de Atalanta!… Está bien, Manuelita… a Atalanta no la iban a cazar…
–Bueno, ¿recuerdan que ella estuvo en la cacería de un jabalí?, ¿sí? ¿y que la cacería estaba dirigida por Meleagro? Pues les voy a contar la historia de ese señor.
–Meleagro era hijo de Eneo, rey de Calidón, y de Altea, hermana de Leda. Cuando el pelaíto cumplió siete días, las Moiras fueron a hacerle una visita a Altea, y le dijeron que iba a ser un muchachote lindo y fuerte, y que la vida del muchachito estaría ligada a ese tronco que ardía en la chimenea. Ellas que se van, y Altea que pega el brinco, agarra el tronco, lo apaga y lo esconde como secuestrao por las FARC. Pasó el tiempo, el muchacho creció fuerte y bien plantao, y se casó con una muchacha llamada Cleopatra. Hasta dicen que se hizo invulnerable, mejor dicho, que más hueco le hacía un gorgojo a un riel, pues.
–Todo iba muy bien en Calidón, hasta que hubo una cosecha que fue la mejor en muchos años, por lo que Eneo decretó unas fiestas pa agradeceles a todos los dioses. Cuando Eneo dio su discurso de gracias, y leyó la lista de los dioses, olvidó mencionar a Artemisa, ¡y ai fue cuando se fregó la vaina!: la vieja se puso furiosa, y para castigarlos mandó un jabalí enorme, que acabó con las cosechas, la tierra la dejó hecha una porquería, atacaba los ganados y a la gente… en fin, que eso era un desastre que ni el verraco de Guaca. Entonces Eneo mandó unos mensajeros, heraldos que llamaban, que fueran por todas partes diciendo que al que matara la bestia le darían la piel como muestra de su machera, … está bien, mijito, de su valentía pues. Así consiguió que los principales héroes de la Hélade, de Grecia, fueran a la cacería. Además de Meleagro, allá estaban, por ejemplo, Cástor y Pólux, hijos de Zeus y de Leda; Jasón; Anceo; Ificles, el hermano gemelo de Heracles; el veloz Idas; Linceo; Néstor; Anfiarao; Acasto, el gran lanzador de jabalina; Plexipo y Toxeo, tíos de Meleagro; Teseo, el vencedor del Minotauro, Piritoo, amigo de Teseo; Peleo, esposo de Tetis, diosa del mar, y otros igual de famosos, hasta dos centauros había, pero también se presentó una muchacha alta, fuerte y hermosa, armada de arco y flechas. Era Atalanta, la hija de Esqueneo de Arcadia, que deslumbró a todos por su belleza. Cuando Meleagro la vio… ¡pa qué les cuento!... se puso como si Eros le hubiera mandao todas sus flechas juntas…
–¿Cómo, Javito? No, Heracles no estuvo, a él le dieron un jabalí pa él solito, el jabalí de Erimanto. Sigo pues. Todos ellos se acomodaron en la casa de Egeo durante nueve días, ahí de gorrones y aprovechaos, durmiendo en cama franca, y cuando iban a salir, Anceo y algunos otros dijeron que ellos no iban a salir de cacería con una mujer, pero Meleagro les dijo que se dejaran de pendejadas, que si eran tan buenos no se dejarían fregar de la muchacha, y cuando sonaron los cuernos de caza… bueno, sí… los cuernos también los usaban como trompetas…, salieron todos. Dicen algunos que el asunto ese de los dos centauros que les conté ocurrió en esta cacería…
–Al fin salieron y empezaron a rodear los espacios donde estaba la bestia. De pronto, Linceo lo vio por allá tomando agüita y le avisó a los otros, pero cuando el animal cayó en la cuenta, se fue contra los cazadores y mató a tres de ellos; Néstor se salvó al subirse a un árbol; Teseo lanzó su jabalina… sí, mijito, la lanza…, pero falló; Ificles hizo lo mismo y apenitas le rozó el lomo; ya iba sobre Anceo y Atalanta disparó un flechazo que le dio detrás de la oreja y lo hizo desviar, pero el malagradecido de Anceo le gritó: “¡Mujer tenías que ser, casi me das un flechazo!”. Cuando el jabalí volvió a embestir, Anceo intentó darle un hachazo, pero el animal lo tumbó y lo despedazó. Peleo le lanzó una jabalina pero la jabalina rebotó en un árbol y mató a otro de los cazadores. Anfiarao logró darle un flechazo en el ojo, pero la bestia se revolvió y acorraló a Teseo contra un árbol, entonces Meleagro se acercó al jabalí por el lado por donde no podía verle y le dio un lanzazo en el lomo, que le atravesó el corazón y lo mató. Meleagro le quitó la piel ai mismito, se la dio a Atalanta y le dijo:
–Tomá, vos te la merecés porque fuiste la primera, y ese flechazo lo habría matado pronto.
¡Pa qué dijo eso! Ai mismo los tíos protestaron porque cómo le iban a dar ese trofeo a una mujer, y uno de ellos le dijo:
–Ve, hombre, eso no es justo, si el que lo mató fuiste vos, y en últimas fue Anfiarao el que hizo que vos pudieras matarlo. Eso es que te encaprichaste con la muchacha; pensá en lo qué va a decir Cleopatra tu esposa.
¡Aquí si se armó la gorda, y Botero no estaba por allá! El muchacho dijo que eso era traición y que tenían que disculpase, y el otro tío le dijo que no, que por qué, que su hermano había dicho la verdad. La furia de Meleagro lo dejó ciego, y sin más, con su lanza mató a sus tíos.
–¿Si ven? Toda una tragedia griega, pero vean el resto, pa que se den cuenta de lo que pasa cuando uno no piensa lo que va a hacer. Cuando mamá Altea supo que a sus hermanos Plexipo y Toxeo los había matado su hijo Melegro, también se puso furiosa, y sin pensar en más nada, se fue a buscar el tronco chamuscado que tenía escondido desde hacía años, y ¡zuás!, pa la chimenea, donde se acabó de quemar.



Allá donde estaba, a Meleagro le entró un calor espantosos, sentía que se quemaba de adentro pa fuera, y así murió lentamente, pobrecito. Después le entró ese remordimiento a la mamá. ¡Y la pobre esposa!, pobrecita, cuando le contaron esos cuentos se pegó una desesperada…; lo cierto es que las dos terminaron matándose, y el papá Eneo también murió poco después.
–Atalanta tampoco como que se sintió bien con todo eso y se fue para Gortis, donde tuvo unos sueños que un adivino interpretó y le dijo: Vea, mijita, eso quiere decir que si se casa, la van a convertir en un animal… y ella se rió y se fue pa Arcadia.
–Qué cosas tiene la vida, ¿no?